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Anticlericalismo en España en el siglo XX

A- La Semana Trágica.  Barcelona Julio de 1909:

Uno de los eventos más relevantes de la Restauración en su periodo del siglo XX, en el periodo que se extiende entre 1902 y 1931 -coincidente con el reinado de Alfonso XIII-  fue la Semana Trágica.

Actualizado 19 abril 2017  
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Gonzalo Fernández de Navarrete G.V.
  

La prensa de 1909 denominó inicialmente en sus páginas de forma aséptica  los sucesos de Barcelona” a lo acontecido en Barcelona y otras poblaciones de Cataluña entre los días 26 de  Julio y 1 de Agosto de 1909. Esos mismos hechos fueron denominados también “Semana Trágica”, “Semana Roja” o “Semana Gloriosa”, aunque la primera denominación ha sido, de hecho, la de uso más generalizado” en palabras de Xavier Cuadrat.

 

Esta denominación de “Semana Trágica” aparece en el diario ABC a partir del día 5 de Agosto de 1909,  que incluía ese antetítulo de “Semana Trágica” junto a las fotos de “los Sucesos de Barcelona”.   La Vanguardia, además de utilizar la denominación de “Sucesos de Barcelona”,  la calificaba de “Semana de Pasión” el 1 de Agosto,  primer día que se publicaba el diario tras la revuelta,  en referencia a la inicial protesta antimilitarista que se transformó en violencia anticlerical ejercida por los revolucionarios. Costó la vida a varios religiosos, y la quema de iglesias y conventos en Barcelona y provincia.

 

Durante el conocido como “gobierno largo de Antonio Maura”, la inicial movilización de tropas tras los ataques del día 9 de Julio de 1909 a los obreros que construían un ferrocarril desde Melilla a las minas de Beni-Bu-Ifrur, cerca de Nador, en el Rif. En uno de los proyectos de explotación de la “Compañía Española” participaban varios capitalistas y políticos españoles : “presidente el señor Villanueva, y de que son propietarios el conde de Güell, Macpherson, el marqués de Comillas, Clemente Fernández, el conde Romanones y el duque de Tóvar”,  aunque había otros proyectos extranjeros más avanzados franceses: la “Compañía Norte africana” y franco –alemanes: la “Union Marocaine des Mines”,  según explicaría con gran detalle tras los sucesos Ramiro de Maeztu desde Londres en La Vanguardia.

 

Joan Connelly menciona como en 1907 Pablo Iglesias estuvo en  el congreso de la II Internacional, donde se enfrentaron la visión de reformar desde dentro de la legislación y la visión revolucionaria de  G. Hervé de responder “a toda amenaza de guerra, de cualquier lado que ella venga, con la huelga general armada y la insurrección”.  Eran antimilitaristas por tanto los socialistas,  –que querían coordinar una huelga conjunta en toda España en fecha posterior-, como los radicales, y los anarquistas, que son los que realmente convocaron la huelga de 26 de julio. Solidaridad Obrera del Progreso sindicato anarquista la convocó clandestinamente, y luego los republicanos radicales de Lerroux se sumaron a la protesta, que derivó en un intento de revolución social y luego en motín anticlerical. La secuencia resumida de los hechos y balance de la violencia anticlerical en los inmuebles fue  el siguiente, según Sueiro Seoane:

 

“El día 26 de Julio comenzó una huelga general contra la política del gobierno en Marruecos, que enseguida se convirtió en Barcelona en una auténtica sublevación urbana. Las noticias sobre nuevas y numerosas bajas en Marruecos (en la batalla del Gurugú y en la emboscada del Barranco del Lobo, donde murieron más de 150 soldados españoles) excitaron aún más los ánimos.

Los insurgentes, armados con fusiles y pistolas gracias al pillaje de las armerías. No se dedicaron a asaltar cuarteles, ni a ocupar o destruir fábricas, sino casi exclusivamente a incendiar conventos, iglesias y escuelas religiosas (ardieron en Barcelona 21 de las 58 iglesias y 30 de los 75 conventos), a hacer hogueras y piras de objetos de culto, a profanar tumbas, y hasta a exhumar monjas y sacerdotes y realizar danzas macabras”.

 

Connelly Ullman centra aún más el foco del anticlericalismo durante la “Semana Trágica”. Las actividades económicas clericales que hacían “competencia “ a los talleres privados, y provocaban una bajada de salarios pudieron incidir en los edificios objeto de ataques, que se centraron también en los centros de enseñanza de los religiosos:

 

“la destrucción de instituciones de enseñanza fue el objeto principal de los incendiarios  de la “Semana Trágica.[…] Molestaba al obrero el hecho de que el clero obtuviese un beneficio económico con sus escuelas, pero , aún más se consideraba la existencia de colegios religiosos como un obstáculo para el desarrollo de un sistema escolar neutral y gratuito. [….]

Portavoces obreros, como el socialista catalán José Comaposada, afirmaron que los valores inculcados en las escuelas católicas eran contrarios a la causa de  los derechos obreros.

Los obreros saben –escribió Comaposada- que cada convento es un centro de la perpetua conspiración contra todo principio de democracia, contra toda idea de libertad y toda aspiración de progreso.”

 

Y se extendieron a los edificios de beneficencia esos ataques a la Iglesia. Según Connelly:

“También quemaron los obreros gran número de instituciones de beneficencia, dispensadoras de los únicos servicios sociales que habían recibido. Además de rencores particulares, de resentimientos por un trato duro o humillante, existía el deseo de los radicales  de transformar asilos y hospitales en instituciones civiles […]

Entre subvencionar a las órdenes religiosas o ampliar el personal a cargo del estado en instituciones públicas, los radicales siempre preferían con mucho la segunda alternativa, para así afilar su arma más poderosa: el patronazgo.”

 

En los días posteriores se dieron datos de 75 muertos entre los “paisanos”, 3 entre los religiosos y 3 entre fuerzas del Orden en un primer momento- , para luego llegar a un balance mayor:según Sueiro,  los disturbios se cobraron más de un centenar de muertos y hubo cerca de dos mil detenidos . Según Alberto Talero, entre los que participaron en la revuelta fueron un total de 104 muertos, 6 de ellos mujeres.

 

Cuadrat cuantifica en 990 personas finalmente encarceladas tras las detenciones,  Cinco personas fueron ejecutadas, cincuenta y nueve condenadas y cadena perpetua y ciento setenta y cinco sufrieron destierro”. Entre los ejecutados estuvo Francisco Ferrer y Guardia, fundador de la Escuela Moderna. Sus repercusiones acabarían haciendo caer al gobierno conservador de Antonio Maura 7 días después de la ejecución, el 20 de octubre de 1909.

 

Aquellos que “solo” habían participado en los saqueos –los que no habían participado en “la construcción de barricadas o disparado contra fuerza pública o atacado a los servicios públicos” -   y en la quema de conventos, fueron juzgados por “delitos comunes” y “tribunales civiles” aunque muchos fueron juzgados por tribunales militares.

 

Según Cuadrat

“La huelga general se convirtió en una revuelta popular. Benet ha escrito que la falta de dirección de la revuelta la convirtió en un movimiento caótico e incoherente. De la protesta antibélica se pasó al incendio generalizado de iglesias, conventos y escuelas religiosas, ante la impasibilidad del ejército.

El anticlericalismo se convirtió en el sustituto del antimilitarismo.”

 

Coincide Sueiro en lo principal  con la opinión de Cuadrat:

“Lo que parece claro, sin embargo es que el levantamiento popular de 1909 fue una explosión de cólera espontánea, sin coordinación con el resto del país, y que no había sido organizado, ni planificado, ni dirigido por ninguna élite revolucionaria”.

 

Por una parte la Guerra de Marruecos marcó el primer tercio del siglo XX español. Por otra parte el anticlericalismo fue uno de los grandes problemas del siglo XX en España. Aunque habían existido brotes de  anticlericalismo muy violento en muchas partes de España durante las desamortizaciones del siglo XIX, con especial violencia en 1835, sería durante el primer tercio del siglo XX  cuando se manifestaría cada vez con mayor virulencia un anticlericalismo que tendría efectos devastadores sobre la sociedad española.

 

En Mayo de 1931 -20 días después de la proclamación de la Segunda República- se quemarían centenares de Iglesias y Conventos en Madrid, Málaga y otras localidades. Luego ya durante la Guerra Civil de 1936-1939 la violencia anticlerical sería uno de los motores de del denominado “bando republicano” con ejecución sistemática de monjas y religiosos, y destrucción irreparable del patrimonio eclesiástico.

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