Por el camino equivocado.

29 de diciembre de 2021

El pasado 22 de diciembre, nuestro Presidente Sánchez, declaró en el Senado su intención de publicar un Real Decreto para obligar a cubrir los costes de producción de los ganaderos productores de leche, es necesario afirmó que, “los precios de la leche deben cubrir por Decreto, los costes de producción”. Todos los contratos de compraventa de leche entre ganaderos e industrias lácteas deberán llevar una cláusula de obligado cumplimiento que sirva para cubrir los costes de producción.

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Según la UPA, Organización Profesional directamente relacionada con el actual gobierno social-comunista, para nosotros “una barbaridad conceptual”, es una reivindicación histórica de los ganaderos y una cuestión de justicia y de lógica. Para la UPA, las declaraciones del presidente del Gobierno son positivas, pero insisten, en términos de su lucha ideológica, ya pasó el tiempo de las palabras, hay que actuar ya para salvar a un sector que está muriendo poco a poco.

Para nosotros esta barbaridad conceptual en el mundo económico agrario es, de ser real y no una nueva charranada del “Pinocho Sánchez” que nos mal-gobierna, el comienzo de un camino hacia la nada, hacia sistemas económicos comunistas que creíamos ya desaparecidos, al menos en nuestro mundo occidental.

Cierto es que el mundo lechero pasa por una situación grave, pero su solución nunca pasará por imposiciones como la que al parecer se pretende. ¿Es que nadie piensa nunca en nada?
Es la misma UPA la que ya, antes de que se tome medida alguna, ha expresado uno de los múltiples problemas que tiene este tipo de soluciones, ¿cómo lograr el pago de un precio justo a los ganaderos, que cubra sus costes y les permita obtener una mínima rentabilidad?

Pero el tema viene de largo… …, desde nuestra entrada en la UE y a pesar del éxito que se nos vendió con los resultados de aquellas negociaciones, llevadas a término por los socialistas de entonces, con Felipe a la cabeza, al mundo lechero le faltaron cerca de 2 millones de t que desde entonces, como ocurrió con las escasas cuotas pesqueras que se nos concedió, se vienen cubriendo por nuestros socios comunitarios, fundamentalmente franceses y alemanes que vieron en nuestro mundo lechero su propia panacea.

Y desde entonces todos los gobiernos han intentado la “charranada” que hoy preconiza nuestro Pinocho Sánchez. Y quizás lo más triste de todo es que todas las Organizaciones Profesionales, incluidos los asajas y las Cooperativas, que ya nos dirán ustedes como venden este tema, están inmersos en esta barbaridad

Ya en la época PP de Arias Cañete e Isabel García Tejerina decíamos:

“Nos lo temíamos desde su toma de posesión, allá por el mes de enero del 2012. Este Ministro que nos gobierna..., andaba dando vueltas a la cadena alimentaria...y se nos moría de ganas tratando de engarzar algunos eslabones que le permitieran salir airoso de su empecinamiento.
Por fin ,el pasado viernes 8 de febrero, el Consejo de Ministros, de acuerdo con su propuesta y sin, según nos dicen, oposición del Ministerio de Economía,- una vez más se confirma que, en el actual Consejo de Ministros, nadie piensa en nada-, en medio de una euforia absolutamente generalizada en el Sector, Organizaciones Profesionales y Cooperativas, aprobó dos Proyectos de Ley, uno sobre “ medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria” y el otro “de fomento de la integración de cooperativas y de otras entidades de carácter agroalimentario”.


Su aparente obsesión para reequilibrar las relaciones entre los distintos elementos de la cadena alimentaria y su convencimiento de que, el productor agrario, primer elemento de la cadena se encuentra siempre en posiciones de inferioridad en relación con el resto de los eslabones, le ha llevado al convencimiento de que, el productor agrario está siempre a merced de los demás, depende de todos y sufre en su totalidad todas las volatilidades de los precios alimentarios, sin posibilidad alguna de evitar sus consecuencia. Por ello, desde el inicio de su mandato, una de sus principales obsesiones se ha centrado, tremendo y disparatado error, en resolver los problemas de la Agricultura y ganaderías españolas, por la vía de la garantía de los precios en origen, determinando como punto de partida, lo que él y sus ideólogos califican de precios “justos para el productor”.
Insistimos en que la aceptación del Proyecto de Ley en el mundo agrario, al menos en sus dirigentes más representativos, ha sido absolutamente generalizada, cosa que de entrada nos parece una nueva y clamorosa sinrazón.
Con el Proyecto de Ley que se refiere “al mejoramiento de la cadena alimentaria”, todos esperan fundamentalmente, aunque el Proyecto no lo diga de forma expresa, garantizar, empezando por la leche, precios en origen de los productos agrarios por encima de los costes de producción, precios fijados por Comités “ad hoc.
Ya no sabemos cómo decir lo que pensamos sobre la posible fijación de precios, sobre los precios máximos y mínimos, sobre los disparatadamente llamados “precios justos” y sobre las tremendas consecuencias de sus fijaciones.


Recordemos al respecto, por ejemplo, lo que ya afirmábamos en Julio de 2010, hace ya... casi dos años, en relación con la paparruchada de los “precios justos”.
”Precios justos” es una expresión utilizada por todos, desde el Jefe del Estado en sus alocuciones navideñas, uno de los pocos momentos a lo largo del año en que se dirige a todos los ciudadanos, pasando por el jefe de gobierno y por Mariano, jefe de la oposición y teórico candidato a la presidencia de gobierno, cada vez que se habla del sector agrario, por los representantes agrarios, políticos o sindicales y terminando por todos los agricultores y ganaderos cuando se trata de reivindicar una mejor situación para el sector agrario, todos, todos hablan, sin saber lo que dicen, de lograr unos “precios justos” para los productos agrarios.
Los “precios justos” todo lo curan, son como el “bálsamo de Fierabrás”, ante las extremas dificultades por las que, en numerosas ocasiones, atraviesan los productores agrarios siempre se recurre a la pócima maravillosa de los “precios justos”, receta absolutamente inaplicable porque nadie puede cocinar. Los precios de los productos agrarios siempre se establecen, en un mercado libre, entre aquel precio que permite y satisface el deseo o necesidad de todo comprador a comprar, precio que designaríamos como mínimo y aquel otro precio que permitiría vender todo el producto a plena satisfacción de todos los productores, precio máximo. Entre ambos precios, el que consigue la plena satisfacción de los vendedores, máximo, y el que consigue la plena satisfacción de los compradores, mínimo, se sitúa siempre el precio de mercado.


Y ahora pensemos, ¿por qué tildar de” justo” el precio de satisfacción de los vendedores y no hacer lo propio con el precio que se corresponde con los deseos de los compradores? ¿Es lícito pensar que todo debe girar en torno a la producción? No se entiende por qué es injusto y rechazable por todos los agrarios el precio que se establece libremente entre el productor y el comprador. ¿Es normal obligar a comprar una mercancía si existe otra más barata o que un comprador no tenga la facultad de comprar al precio que desee? El agricultor y ganadero olvida casi siempre o no quiere entrar a considerar nada nuevo, actúa como siempre y tradicionalmente, es economía popular, el comprador ha abusado de él.
Cuando el precio de un producto, agrario o no, cae, no se trata de ninguna injusticia ni nadie puede, salvo con el empleo de la fuerza, de la imposición gubernamental impedir su caída. El mantenimiento artificial del precio de un producto agrario mediante su almacenamiento subvencionado, su retirada y destrucción, la compra en intervención o cualquiera otra forma que se utilice por los poderes públicos supone siempre un coste muy elevado para todos los contribuyentes estén o no implicados en el problema y por lo tanto, ahora sí, se comete injusticia. El precio de un producto en un mercado libre cae siempre porque, o bien el producto no tiene demanda o bien, como ocurre en la mayoría de los casos, se produce en exceso. El mercado corrige la falta de demanda o el exceso de oferta con la bajada del precio de compra, al igual que cualquier exceso de demanda o insuficiencia de la oferta, el propio mercado la resuelve con la subida del precio. La justicia del mercado se manifiesta en el primer caso con el aviso al productor para que combine de forma diferente sus bienes de capital y produzca algo distinto o produzca menos y en el segundo caso, caso de subida de precios, premiando al productor por su originalidad o su anticipación a los deseos del consumidor...”

“Si lo que se pretende, como así ha sido, es “implantar”, decretar, un modelo mixto de regulación y autorregulación de las relaciones comerciales entre los agentes de la cadena alimentaria, la fórmula nos parece una auténtica marcha atrás. ¿Cómo puede pensarse, desde la libertad, en organizar un mercado desde el Estado?, lo anunciamos desde ya, un sistema así establecido,” durará mientras la subvención disfrazada de “colaboración”, o ¡vaya usted a saber de qué!, no se agote, cuando el grifo estatal se cierre ¡adiós Madrid que te quedas sin gente!.
…establecer la obligación de formalizar por escrito los contratos... ..., prohibir prácticas comerciales... ...implantar nuevos controles administrativos... ...ampliar las facultades sancionadoras de las administraciones... ...impulsar prácticas comerciales desde la Administración ... ..., es decir obligar, prohibir, sancionar, decidir formas de actuar, hacer omnipresente a la Administración en todas las relaciones contractuales es la forma más directa de fracasar en el empeño que parece perseguirse. El deseo de “aumentar la eficacia y competitividad del sector agroalimentario español y la reducción del desequilibrio en las relaciones comerciales entre los diferentes operadores de la cadena de valor, en el marco de una competencia justa que redunde en beneficio del sector y los consumidores”, es una pura entelequia, una cantinela periódicamente reiterada.
… ¿cómo puede ningún Acuerdo que haga subir los precios en origen, que es de lo que se trata desde el Ministerio de Agricultura, beneficiar al consumidor?, ¿estamos todos idiotizados? El sector, ¡vamos! todo productor agrario, con una subida de precios artificialmente sostenida por el Estado, perderá siempre competitividad a plazo medio. Se encarecerá el producto en el mercado y con la falsa señal del precio fijado al margen de las fuerzas del mercado, entrarán más productores en el sistema, se producirá más producto provocándose excedentes con lo que, seguidamente, se generará una nueva bajada de precios y vuelta a empezar. Volverán a quedar fuera del sistema los menos eficientes que tornarán a plantear, una vez más, la “injusticia” de su situación y... ...como siempre ha ocurrido y siempre ocurrirá, con estos modos, “vuelta el burro a la noria”.
No hace falta ser ningún adivino para saber dónde nos va a conducir de nuevo este disparate. Si todos los eslabones de la cadena se ponen de acuerdo...el ciudadano, una vez más, se tendrá que rascar el bolsillo, pagará además, a corto plazo, ayudas al almacenamiento si los precios que se establecen en origen son superiores al que pagaría el mercado, se impedirá la libre competencia porque en un mercado en que todo está asumido nadie compite,...., vamos un camino absolutamente equivocado emprendido por un gobierno que debería haber cambiado radicalmente el rumbo de la política agraria”
Lo ocurrido, en el Senado español la pasada semana, es absolutamente inadmisible y lo peor y más grave es que nadie lo ha denunciado. ¡Qué pena!, porque así ha comenzado todo y en todos los sitios se ha terminado con escaseces, racionamientos y pobreza generalizada.
Nunca olvidemos, por favor, la imposibilidad del “Socialismo” en el desarrollo de cualquier país, prevista ya por Ludwig Von Mises en su artículo, "El Cálculo Económico en la Comunidad Socialista", escrito en 1920.

“La propiedad privada y el comercio permiten crear oportunidades de ganancia en el mercado. Una oportunidad de ganancia se produce porque existe una descoordinación: hay algo que los consumidores desean y no obtienen. El empresario ofrecerá ese producto, gracias a que tiene libertad y medios para lograrlo, y le pondrá un precio que le permita obtener ganancias. Esos precios actúan como señales: otros empresarios se darán cuenta de esas ganancias y competirán por obtenerlas, bajando los precios y beneficiando a todos, cuando en realidad sólo querían beneficiarse a sí mismos.
Pero esto tiene otra consecuencia: los medios de producción también son propiedad privada. Los recursos, la maquinaria, los trabajadores y, en definitiva, lo necesario para la producción, se trasladará hacia aquellos negocios más lucrativos y, por tanto, más necesarios, puesto que pagarán más por ellos. El uso racional de los recursos y el capital es lo que se denomina cálculo económico: la propiedad privada ha generado la información necesaria, a través del sistema de precios, que permite llevar las preferencias de los consumidores a los productores.
Mediante la abolición de la propiedad privada y el comercio libre, desaparece todo incentivo para producir y vender. Sin esos productos a la venta, no existe oferta ni, por tanto, intercambio en el mercado. Sin ese intercambio, no se crean precios en el mercado libre. Sin esos precios, no existe la información que permite conocer los intereses de los consumidores y la forma más eficiente de producir los bienes que consumimos. El socialismo, entendido como propiedad pública de los medios de producción, elimina la posibilidad de generar el conocimiento necesario para que la economía funcione. De hecho, en la URSS los precios oficiales consistían en la aplicación de múltiples fórmulas que tomaban como base los precios de mercado de los malvados países capitalistas. Incluso su incapacidad hubiera sido mayor si el capitalismo no le hubiera prestado una de sus mayores creaciones: el conocimiento que produce el mercado.


Por supuesto, la imposibilidad es, en este caso, relativa. Evidentemente pueden existir sistemas socialistas en tribus y otras organizaciones sociales pequeñas. Pero llevar dicho sistema a una sociedad más amplia llevaría a enormes problemas de coordinación y reducciones prácticas en la capacidad de la misma en la división del trabajo. Dicha sociedad no podría mantener ni el nivel de vida ni la población que existen bajo el mercado. El resultado es la pobreza y la hambruna, mayores cuanto más lejos se lleva el paradigma socialista, como sucedió en la Rusia de Lenin antes de la NEP, en la Camboya de Pol Pot, en la Cuba de Castro, en la Venezuela de Maduro, en la Argentina de los Kisners … … (D. Rodríguez Herrera).

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