Para la fiesta nacional, vermut español

12 de octubre de 2019

A veces las ideas más divertidas, los planes que mejor salen son los imprevistos y eso es un poco lo que puede pasar si para celebrar la fiesta nacional uno cambia el ritmo habitual y decide hacer algo distinto, poco frecuente o que hace tiempo que se nos ha olvidado que un vermú puede ser, por ejemplo, el aperitivo perfecto para ese día y luego repetir unas cuantas veces a lo largo del año.

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Como cada año, la fiesta nacional se celebrará este 12 de octubre con el habitual desfile militar, igual de tradicional, con los paracaidistas y sus banderas, los aviones pasando por encima de la Castellana y los distintos batallones motorizados atronando el paseo madrileño, para que después las compañías de a pie levanten los aplausos de todos los congregados para festejar el día.
Pues bien, después de esa celebración, habrá que hacer algo distinto y nuevo. ¿Qué mejor que un vermú en compañía de familia y amigos?
Para dar alguna que otra pista “La hora del vermut” sugiere que el festejo se haga, que menos en un día tan señalado, que con vermuts españoles. Hay mucho y abundantes así que Natalia, la responsable del local nos ofreció tres alternativas.
La primera, el Vermut Artesano Cruz Conde un vermut de raza elaborado a partir de “oloroso” aromatizado mediante una compleja maceración de hierbas durante un periodo de 9 meses, destacando por encima del resto la hierba “genciana”.  A diferencia de otros, presenta un color yodo caoba con aromas a almendras, avellanas y frutos deshidratadas. Podemos decir que se trata de un vermut intenso, aromático y sugerente por los vinos y especias que lo componen, algo  así como nuestro país. En boca adquiere un sabor suave y aterciopelado con sensaciones de bálsamo y un largo post-gusto, ideal para tomar a cualquier hora.   Como buen vermut que es, es indispensable tomarlo junto con un acompañante que potencie y suavice sus matices. En este caso le van genial aceitunas.

Otra opción, sería el vermut Artesano de  Manuel Aragón, Es esta una bodega de marcado carácter familiar, ya que ha ido pasando de generación en generación y lleva comercializando sus vinos desde 1815. Con esta historia acuestas son muchas las historias que en Chiclana se cuentan de ella , pero la mas curiosa es la procedencia del nombre de la bodega y es que, hace años, en Chiclana había un sanatorio de tuberculosis que se encontraba justo enfrente de las instalaciones y que guardaba cierta similitud con la bodega. Cuando este centro se pasó a Puerto Real, la bodega se quedó con el nombre de ‘Sanatorio’ y así la conocen por esas tierras gaditanas.  La elaboración de sus vinos comienza en los viñedos de los pagos más tradicionales de la zona y, desde la bodega, están convencidos de que cada decisión que toman en los viñedos y en la elaboración del vino es importante para la calidad de los caldos que allí producen. Así, se pueden encontrar vinos más tradicionales como el fino, el oloroso y el moscatel pero también vinos blancos y tintos entre otros, ya que la demanda es muy diversa. Y como no, su vermú.
Elaborado a partir de una selección de Oloroso y Pedro Ximénez con una maceración de plantas como el ajenjo, genciana y corteza de naranja, junto con especias y plantas aromáticas. Color caoba oscuro, con matices cobrizos. En nariz es fragante, destacan las notas a especias (canela, tomillo, corteza de naranja, vainilla, fruta madura). En boca es dulzón, voluminoso, de acidez equilibrada, paso muy agradable.

 
Finalmente, Natalia nos dio a probar otro vermut nacional, pero de origen totalmente distinto. Se trata del catalán Barbarosso. El vermut Barbarosso se ha elaborado a partir de uvas autóctonas de la localidad de Alella, una de las denominaciones más pequeñas y más antiguas de España. La costa del Maresme, donde se encuentra Alella, es una tierra que ha estado produciendo y disfrutando de vermut desde el siglo XIX, y ahora se reinventa con nuevas fórmulas gracias a las mentes inquietas del enólogo Xavier Garcia y emprendedor Albert Cabanas, ambos enamorados de la garnacha tinta desde hace mucho tiempo.
Su objetivo, conseguir un vermut de máxima calidad y que recordara mucho al vino. Por esa razón escogieron un vino de Garnacha de gran nivel y producido en Alella; con su paladar voluminoso y redondo y su fruta directa y agradable. Para macerarlo se escogen  las mejores hierbas del Mediterráneo, evitando las especias más dulces y reforzando aquellas que aportaran mayor frescor. Esta maceración, además, se hace de forma directa y no en fase alcohólica. Finalmente, se endulza con mosto, intentado reducir al máximo la sensación dulce para, de este modo, respetar la complejidad y el sabor del vino base utilizado.
Cuando se mira en la copa es de color rojo rubí con reflejos púrpura, aspecto brillante. Nariz vinosa pero delicada con presencia de aromas de bosque mediterráneo (tomillo, romero, hinojo), ajenjo y notas afrutadas (naranja y limón). El alcohol en nariz se muestra suave, sin puntas. El paladar muestra un impecable equilibrio, redondo y con volumen. Aparecen de nuevo las hierbas mediterráneas, el recuerdo cítrico y el final amargo que le aportan las artemisas. Buen equilibrio entre la acidez y el dulce, integrados con la astringencia y el amargor. Largo, equilibrado, vinoso y elegante. Por su mínimo dulzor, su sabor vinoso y su alcohol de gran integración, es un vermut novedoso y diferente.
Ahora es cuestión de lanzarse y celebrar lo que haga falta, pero con un aperitivo a base de vermút nacional.
La hora del Vermut
C/ Fernán González 48

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