Alice Neel: las personas primero

19 de septiembre de 2021

El Museo Guggenheim Bilbao presenta la exposición Alice Neel: las personas primero, la primera retrospectiva dedicada en España a la artista estadounidense Alice Neel (Pensilvania, 1900–Nueva York, 1984), gracias al patrocinio de Iberdrola. La exposición abarca toda la trayectoria artística de Neel a través de casi un centenar de pinturas, dibujos y acuarelas, incluyendo sus retratos más impactantes, celebrados hoy en día por su perspicacia psicológica.

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El recorrido comienza por algunas de sus primeras obras, como son Chica francesa (French Girl, 1920’s), realizada probablemente durante su estancia en la Escuela de Diseño para Mujeres de Filadelfia y el retrato de Carlos Enríquez (1926), una obra de pincelada suelta que fue exhibida en 1927 en La Habana.
Tras su estancia en la vibrante Cuba de los años 1920, donde sus obras fueron presentadas en público por primera vez, en 1927 Alice Neel llega a Nueva York, la ciudad que se convertirá en su hogar definitivo. Allí comienza a retratar la diversidad y la lucha de sus gentes, también los parques y edificios de la ciudad, y a dar testimonio constante de la vida que la rodea. En las décadas de 1930 y 1940 Alice Neel trabaja para la Works Progress Administration -WPA- del programa New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt. El arte es historia para Neel, su obra sirve como registro de la vida política de Nueva York y de sus acontecimientos, como sucede en la obra Los nazis asesinan a los judíos (Nazis Murder Jews,1933), donderetrata el desfile del Primero de Mayo de 1936, que atrajo a una multitud de manifestantes -en esta pintura aparecen liderados por algunos de los artistas correligionarios de Neel-, con el fin de llamar la atención sobre el incipiente y brutal antisemitismo del régimen nazi.
A partir de 1938 y hasta 1962, Alice Neel y su familia viven en el Spanish Harlem y la artista captura con su pincel el alma de sus vecinos, una población étnicamente diversa y desfavorecida que hasta entonces rara vez había sido sujeto artístico, como es el caso de Georgie Arce No. 2 (1955). La artista conoce a Arcedesde que era un niño y le pinta muchas veces a lo largo de los años. En esta obra presenta a un Arce adolescente que se sienta con confianza y no resulta amenazante, a pesar de sostener un cuchillo girado en dirección a Neel y, por extensión, al espectador.

Neel invoca a menudo La Comedia Humana de Honoré de Balzac, una obra de referencia para los grandes nombres del marxismo, que examina las causas y efectos de la acción humana en la sociedad  francesa del siglo XIX. Desde su ideario personal y con un punto de vista firmemente arraigado en el Nueva York del siglo XX, Alice Neel documenta en su obra escenas de pérdida y sufrimiento, pero 
también de fuerza y resistencia, y lo hace con una franqueza implacable y una aguda empatía. Su atención a las vulnerabilidades físicas y psicológicas de los personajes impregna de un sentimiento inconfundible los cuadros de esta sección, reforzado por una paleta a menudo restringida. Su Gota de Leche o Clínica de revisión pediátrica (Well Baby Clinic, 1928-1929), una de las obras más expresionistas de la artista, refleja el hospital en el que Neel dio a luz a su hija Isabetta en 1928, un centro para mujeres pobres que la artista califica de “muy lúgubre”. En esta pintura se representa a sí misma con su hija en un momento de paz y serenidad en medio de la miseria humana que la rodea, visibilizando, la lucha emocional y física de las mujeres, especialmente de las mujeres pobres como ella misma. 

La exposición incluye una sección con paisajes urbanos, en los que la artista da testimonio de la belleza cotidiana de los edificios y parques de Nueva York. Así, en Central Park (1959) se funden la naturaleza y las construcciones del entorno creando un paisaje artificioso en el que el sol se superpone y, al pie de unas escaleras, dos pequeñas figuras parecen perdidas ante la magnitud de la ciudad.
Otro género que no escapa a la aguda pincelada de Neel es el de la naturaleza muerta, que le proporciona atractivas oportunidades bien para experimentar con la abstracción, o bien para hacer evidente su 
característico humor. Ejemplo de esto último es Acción de Gracias (Thanksgiving, 1965), donde Neel pinta un pavo decapitado en el fregadero, entre el bote de Ajax, las esponjas y los platos del desayuno, afirmando que es su respuesta al arte pop, mientras que en Naturaleza muerta, Rosa de Sharon (Still Life, Rose of Sharon, 1973) se pone de relieve su destreza pictórica a través de efectos, texturas y materiales. 

La opinión de la artista acerca la abstracción evoluciona a lo largo de su carrera. Cuando la representación figurativa pasa de moda en las décadas de 1940 y 1950 y, sobre todo en Nueva York, cobra gran fuerza el Expresionismo Abstracto, Neel se niega a alterar o abandonar su estilo. En este contexto, critica públicamente el arte abstracto, calificándolo de “antihumanista”. Pero la reflexión que hace Neel hacia el final de su carrera, según la cual toda gran pintura tiene “buenas cualidades abstractas”, indica que la experimentación formal y técnica siempre estuvo presente en su práctica. Adicción (Addiction, 1931) es la obra más abstracta de Alice Neel, y tanto sus formas arremolinadas y la figura humana distorsionada que aparece en el cuadro como el propio título sugieren un estado mental alterado, de agitación psíquica y física. Neel pinta Adicción en el año que pasa en hospitales psiquiátricos cerca de Filadelfia, aunque se desconoce si pretende transmitir una imagen de su propio estado mental. En cualquier caso, esta delicada acuarela establece la importancia que la artista da a la forma, el color y el espacio como elementos que comunican significado en sí mismos, independientemente del contenido biográfico o representativo.
El desnudo y la sexualidad son dos temas centrales en la obra de Alice Neel como parte de la experiencia humana. Siendo el desnudo uno de los géneros más ampliamente abordado a lo largo de la historia del arte y habiéndose limitado el papel las mujeres al de mero objeto erótico, supone un reto especial para Alice Neel, que adopta el tema y lo subvierte con aplomo.
Por un lado, sus desnudos masculinos, realizados con ingenio, se enfrentan de forma lúdica a las convenciones del erotismo que a menudo se ven en las representaciones de las mujeres. Por otro lado, la gran atención que dedica Neel a los desnudos de mujeres embarazadas no tiene precedentes, especialmente en una época cuya cultura visual a menudo edulcora o beatifica el tema.

Su línea pintada traza con sensibilidad los contornos de los culos gordos, los penes flácidos, los pechos caídos y la piel tensa, captando de forma convincente las peculiaridades y el poder de la forma humana desnuda, ya sea hombre, mujer, niño, anciano, embarazada o con pareja. En los cuadros de Neel el cuerpo desnudo aparece siempre sin disculpas y en toda su honestidad. Su desnudo de la pintora Ethel Ashton, de 1930, representa de forma despiadada su figura y pone de manifiesto la importancia de retratar la verdad psicológica, mientras que en su retrato de Joe Gould, de 1933, muestra a este excéntrico personaje de la 
escena bohemia de Greenwich Village flanqueado por otras dos vistas parciales de su cuerpo desnudo. 
Devolviendo la mirada al espectador directamente mientras sonríe, Gould, posee inexplicablemente tres hileras de penes. La técnica tosca de Neel es acorde con su tema, y la naturaleza gráfica del cuadro hizo que fuera censurado y no se presentara en público hasta 1973. 
Cierra esta sección del desnudo el autorretrato de la artista en 1980, en el que muestra su cuerpo anciano como crítica a una sociedad que no está acostumbrada a ver cuerpos como el suyo representados en las bellas artes ni en la cultura popular. 
Uno de los mayores logros como artista de Alice Neel es la libertad y franqueza a la hora de abordar el sexo y su propia sexualidad como mujer, a través de delicadas acuarelas, como Alienación (Alienation, 1935). En esta obra, despojada de todo sentimiento romántico, Neel se presenta junto a su amante, 

desnuda sobre la cama, con los ojos y la boca cerrados, mientras su amante estáde pie frente a ella con unos calcetines de tono rojizo que crean una composición triangular con los barrotes del pie de la cama y el pelo de Alice Neel, del mismo color.
A lo largo de su carrera Neel pone en primer plano la maternidad, pintando imágenes de madres en distintas etapas, tanto antes como después del parto, y estas obras se encuentran entre sus más radicales. 
A diferencia de los clichés fantasiosos que aparecen en la cultura popular y en las bellas artes, las madres de Neel son francas y concretas. Sus pinturas y dibujos reflejan con empatía el reto de tener y criar a los hijos. Neel conoce las presiones físicas y psicológicas que acompañan a la maternidad, especialmente para 
las madres con ambiciones profesionales como ella. Es un tema que trata desde los inicios de su carrera, como es el caso de Madre y niño, La Habana (Mother and Child, Havana, 1926), hasta sus últimos días, como en Carmen y Judy (Carmen and Judy, 1972), donde la vida apenas se agita en la pequeña Judy, que  junto al pecho de su madre, Carmen no llega a amamantarse, mostrando el estado de la niña, que falleció poco después.
Su tratamiento del desnudo de mujeres embarazadas no tiene precedentes en la historia del arte. Parto(Childbirth, 1939) que la artista pinta al poco de abandonar el hospital tras el nacimiento de su hijo Richard, es uno de los primeros cuadros en los que se representa a una mujer dando a luz. Es un retrato de su compañera de maternidad en pleno parto que presenta su propia experiencia agónica.
La artista es constante en su compromiso de pintar “cuadros de personas”, en especial de aquellas que le rodean y forman parte de la Contracultura / Cultura. En palabras de la propia artista “reflejan su época  como ningún otro medio. Cuando los retratos tienen calidad artística reflejan la cultura, el momento y muchas otras cosas […] El arte es una forma de historia […] Es decir, una pintura es [el retrato de una persona] y además es el zeitgeist, el espíritu de la época”. (Hills, Alice Neel, págs. 134, 167)

La exposición presenta docenas de los retratos más impactantes de Neel, celebrados hoy en día por su perspicacia psicológica. Entre sus modelos muchos son desconocidos, pero también pinta a miembros de su familia, artistas, activistas, líderes de los derechos civiles y celebridades que entran en su órbita en diferentes momentos de su vida. Neel se siente atraída por las personas que superan los límites sociales, políticos y culturales, y se centra en las características únicas de sus modelos, cuidando cada elemento de la composición para destacar tanto sus personalidades como sus excentricidades. 
En La muerte de la madre Bloor (Death of Mother Bloor, 1951), Alice Neel, basándose probablemente en una fotografía, retrata en su lecho de muerte a Ella Reeve “Mother” “madre” Bloor (1862-1951), una de la primeras miembros del Partido Comunista dedicadas a los derechos de las mujeres y de la clase  trabajadora. Mientras que en Rita y Hubert (Rita and Hubert, 1954), un brillante estudio del color, el contraste y el dibujo, plasma al escritor de izquierdas Hubert Satterfield junto a su novia Rita. 
Una obra que llama la atención por su aparente condición de inacabada es Recluta negro (James Hunter) [Black Draftee (James Hunter), 1965]. En 1965, año en que el presidente Lyndon B. Johnson decideaumentar significativamente las fuerzas terrestres en Vietnam del Sur, Neel conoce por casualidad a James Hunter y le pide que se pose para un cuadro. El joven acaba de ser reclutado y su salida está prevista para una semana después. Siguiendo su práctica habitual, Neel comienza por delinear el cuerpo directamente en el lienzo para después rellenar las partes de la cabeza y de las manos. Cuando Hunter no regresa para su segunda sesión, Neel declara la obra completa, a pesar de su estado inacabado, la firma en el reverso y  la expondrá nueve años después.

Alice Neel: las personas primero
Museo Guggenheim Bilbao.
Del 17 de septiembre, 2021 a 6 de febrero, 2022

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