La relacion Picasso/González en la Mapfre

24 de septiembre de 2022

La exposición Julio González, Pablo Picasso y la desmaterialización de la escultura tiene como objetivo realizar una revisión de la colaboración entre estos dos artistas durante el período 1928-1932, cuando Picasso requiere la ayuda técnica de su amigo Julio González para realizar el proyecto de un monumento funerario a Guillaume Apollinaire.

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Tradicionalmente, este trabajo conjunto ha sido considerado como el momento en el que se produce la «invención» de la escultura en hierro y, por lo tanto, la introducción de la abstracción en el territorio escultórico. La presente muestra plantea por vez primera cómo este hecho, uno de los hitos fundamentales en el arte internacional del siglo XX, no fue algo aislado y puntual,
sino consecuencia de un proceso que «respondía a un impulso de transparencia y desmaterialización que agitaba, de diferentes maneras, la creación artística de finales de los años veinte y comienzos de los treinta», en palabras de Tomàs Llorens, comisario de la muestra en el origen de este proyecto.
- La exposición aborda uno de los grandes hitos del arte del siglo XX: la colaboración artística entre Julio González y Pablo Picasso
- El trabajo conjunto de ambos artistas se estudia como parte del contexto que da lugar a un nuevo tipo escultura. En ella los tradicionales conceptos de masa unitaria y volumen dejan paso a una voluntad de transparencia y una tendencia hacia la desmaterialización. La nueva escultura incorpora nuevos materiales y técnicas como el hierro y la soldadura y se constituye a través de planos, líneas y vacíos.
- El modernismo catalán se presenta como el origen de la amistad entre ambos artistas y como el entorno en que se sentaron las bases de sus respectivas trayectorias artísticas
- La exposición incluye algunas de las obras claves de la escultura moderna como la primera versión de Femme au jardin de Picasso realizada con la colaboración de González.
- La muestra refleja la trayectoria independiente de Julio González con respecto a Picasso. La desmaterialización de los volúmenes y la integración de espacios vacíos, delimitados por líneas constituyen una de las más importantes aportaciones de González a la escultura del siglo XX.

 

¿Cómo dar forma a la nada?, se preguntó Picasso cuando le encargaron realizar un monumento que conmemorara a su amigo Guillaume Apollinaire tras su fallecimiento en 1918. Esta cuestión, a la que el artista no daría respuesta hasta casi diez años más tarde, fue inspirada por un pasaje de Le Poète assassiné [El poeta asesinado], una novela más o menos autobiográfica del escritor en la que el protagonista anunciaba su propia muerte. Cuando el poeta Croniamantal —que no es otro que Apollinaire— muere, «El pájaro de Benin» —que encarna a Picasso— anuncia que va a erigirle una estatua. «¿Una estatua de qué? —pregunta Tristouse, la novia del difunto—. ¿De mármol? ¿de bronce?»
«No —contesta El pájaro de Benin—, tengo que esculpirle una profunda estatua de nada, como la poesía, como la gloria...»
Picasso, que conocía a González desde finales del siglo XIX, sabía que el artesano y artista había estado investigando sobre la escultura metálica como evolución natural de su oficio como orfebre, y, sin duda, fue este hecho el que hizo que, cuando hubo de contestar a la pregunta formulada al comienzo de este epígrafe, llamara a su viejo amigo para que le ayudara. Lo primero que pensó Picasso fue en hacer una jaula, pues —como refiere Tomàs Llorens en uno de sus escritos sobre este episodio— «las jaulas dan forma al aire. Lo encierran sin encerrarlo, porque no hay nada más libre que el aire en una jaula».

La historiografía del arte ha considerado esta colaboración entre ambos artistas como el momento en el que se produce la invención de la escultura abstracta en hierro. De forma paralela, en los años cincuenta, David Smith, uno de los grandes escultores
abstractos, señaló a González como el gran pionero de la escultura en hierro. La exposición plantea la tendencia hacia la desmaterialización de la escultura y el nacimiento de la escultura en hierro como un largo proceso que se inició con la práctica escultórica cubista y que afectó en mayor o menor medida a distintos artistas en el París de los años veinte y treinta; es decir, como un desarrollo fruto del trabajo de creadores que colaboran entre sí, que se inspiran unos en otros y que buscan asimismo su propia línea creativa.

Las trayectorias artísticas de Picasso y González fueron bastante diferentes, aunque culturalmente próximas. Amigos desde muy jóvenes, ambos vivieron en la Barcelona modernista de principios de siglo XX, trabajaron en París durante las tres primeras décadas
y mantuvieron un vínculo que solo rompería la muerte de González en 1942. Su colaboración artística se estudia en esta exposición teniendo en cuenta esa formación e inquietudes comunes, así como el impacto que dejó en sus respectivos trabajos individuales. En el caso de González, este trabajo conjunto dio lugar a una serie de
esculturas desmaterializadas, a una línea creativa que «le permite potenciar la fantasía y la imaginación como claves de su poética personal» —en palabras de Tomàs Llorens—; en el
de Picasso, a aprender las posibilidades del trabajo de forja y de la soldadura en hierro, así como a llevar a cabo alguna de las esculturas más relevantes del pasado siglo, como Mujer
en el jardín.
Julio González, Pablo Picasso y la desmaterialización de la escultura La exposición, que se inscribe dentro de la celebración de Picasso 1973-2023 y que se ha realizado en colaboración con el Musée National Picasso-Paris y la González Administration, presenta más de ciento setenta obras entre pinturas, esculturas y dibujos.
Para su realización ha sido fundamental la colaboración, junto a determinadas colecciones particulares, de importantes instituciones entre las que destacan, además de las dos entidades antes mencionadas, el Centre Pompidou (París), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), el Museu Picasso (Barcelona), el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid), el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el IVAM (Valencia), la Tate, la Staatsgalerie
Stuttgart (Stuttgart), el Hirshhorn Museum and Sculpture Garden (Washington D. C.) o el Philadelphia Museum of Art.
Hay además una circunstancia excepcional que convierte esta exposición en un sentido homenaje: Julio González, Pablo Picasso y la desmaterialización de la escultura es el último gran proyecto de Tomàs Llorens, uno de los más lúcidos y emblemáticos historiadores del arte de nuestro país, fallecido el 10 de junio de 2021. Comisariada junto a su hijo Boye, esta muestra culmina una línea de investigación a la que el historiador dedicó una parte central de su trabajo a lo largo de su trayectoria.
El discurso expositivo, que nos permite rastrear el trabajo conjunto de estos dos grandes artistas del siglo XX y su transcendencia para la escultura moderna, se articula en ocho secciones y comienza con un capítulo que es también un homenaje.

 

 

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