Muere Javier Marías

11 de septiembre de 2022

El escritor y académico, figura indiscutible de las letras y candidato al Nobel, ha fallecido a primera hora de la tarde en Madrid por complicaciones en una neumonía que le ha tenido ingresado y en coma desde hace más de un mes

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«Nadie conoce el orden de la muerte», escribió en una ocasión Javier Marías. Hablaba del ingeniero y escritor Juan Benet, de su temprana marcha; de los premios que nunca le concedieron. Javier Marías había reconocido en numerosas ocasiones la importancia personal y literaria que Benet tuvo en su vida, de tal manera que la muerte de éste, un 5 de enero del 93, agudizó la orfandad del escritor iniciada tal vez prematuramente con la de su madre, Dolores Franco o Lolita, como todos la llamaban, una lejana madrugada navideña de 24 de diciembre del 77, dos meses después del suicidio en París del médico y escritor Aliocha Call, con el que había mantenido «una breve pero estrecha amistad».Por entonces, y mientras la muerte ordenaba la vida en oleadas de ausencias, el joven Marías que apenas hacía unos años que había finalizado sus estudios de Filosofía y Letras, deja la ciudad de Barcelona donde trabaja y regresa a su Madrid natal para vivir junto a su padre viudo. Don Julián Marías, filósofo, académico y escritor, será otra de las figuras clave en la vida de Javier. Afortunadamente no lo abandonará tan deprisa, pues ambos compartirán hogar y libros hasta la muerte del padre a la edad de 91 años, un navideño 15 de diciembre, el mes que para Javier Marías ya siempre sería de lejana infancia feliz y definitiva orfandad.

Don Julián Marías, «una de las personas que más claro ha tenido el concepto de España, de lo que es este país, de lo que se le debe a España en el mundo y de lo que España podía ofrecer», como dijera de él Don Gregorio Salvador, fue injustamente represaliado por sus ideas políticas en un país que «ha sido bastante cicatero con mi padre», como recordaba Marías sin poder perdonar. Esa herida cicatrizó en un pensamiento argumental que el autor convirtió en la trama (y el envés) de 'Tu rostro mañana', un homenaje al padre, ingente proyecto literario considerado por él mismo como su «mejor novela», «la más compleja y ambiciosa» y «con mayor hálito, impulso y fuerza» en sus páginas. Una novela en tres volúmenes, volcada a 30 idiomas y de la que se llegaron a vender cerca de medio millón de ejemplares en todo el mundo.Con el interrogante de un rostro que ya no tendrá mañana, la desaparición de Javier Marías a los 70 años de edad a finales de este sofocante verano, ha transformado en un desolador diciembre el calendario de millones de lectores.

Tintín, Nabokov, París

Javier Marías nació bajo el signo de la literatura un 20 de septiembre de 1951. Es el pequeño de cinco varones (el mayor, Julianín, falleció con tres años) y el ambiente intelectual determinado por una madre profesora y un padre filósofo conforman su personalidad. Su padre, presionado por la situación política en España, pasa largas temporadas en EE.UU., donde imparte clases en diferentes universidades, como la Wellesley College de Massachusetts. Allí, la familia se aloja en la casa de Jorge Guillén, cuya planta superior ocupa Vladimir Nabokov. Tal vez los llantos del pequeño Javier de apenas un año de edad importunaron en ocasiones el sueño, el ajedrez o la lectura del escritor ruso a quien años después, aquel niño convertido en famoso novelista le rendiría homenaje, tal vez para compensar los disturbios involuntarios, en un hermoso álbum: 'Desde que te vi morir' (1999).

Desde los once años, Javier escribe para, según sus palabras, «seguir leyendo lo que me gusta»
El niño Marías lee a Richmal Crompton, Enid Blyton, Dumas, Salgari, Corbert, Paul Féval, Verne y por supuesto, los tebeos de Tintín. Pero como ha declarado en alguna ocasión su amigo, el novelista y académico Arturo Pérez-Reverte: «Yo quería ser Tintín y Javier quería escribirlo». Desde los once años, Javier escribe para, según sus palabras, «seguir leyendo lo que me gusta». Pasa los veranos con su familia en Soria, en casa de Heliodoro Carpintero y las hermanas de éste, Mercedes y Carmen, y allí termina 'La víspera', una novela escrita a los quince años que nunca publicó. Es cuanto menos singular que muchos años después de aquello, las dos mujeres más cercanas a la madurez de Javier (su amiga y ayudante Mercedes y su compañera sentimental Carmen), cierran el círculo nominal de una biografía planteada con la estructura narrativa de su obra: en extraña espiral.

Vida escrita

Sin haber cumplido los veinte, Javier se escapa a París, donde trabaja en 'Los dominios del lobo' (1971), su primera novela publicada. Por las mañanas escribe, por las tardes va al cine y por las noches canta acompañándose de una guitarra en los Campos Elíseos a cambio de unas monedas para su sustento, «básicamente pan con mostaza», según su propio testimonio. A partir de ahí, la escritura será su forma de vivir y relacionarse con el mundo: idea guiones de cine, completa sus estudios de Filología Inglesa, traduce a los autores clásicos, publica cuentos y relatos y comienza a colaborar con artículos en prensa, alternando todo aquello con la aparición de dos novelas: 'Travesía del horizonte' (1972) y 'El monarca del tiempo' (1978). Inaugura los años 80 con 'El siglo' (1982), su cuarta novela, e inicia una década viajera y universitaria, esta vez en calidad de docente: Oxford, Londres, Boston y Venecia, donde nace 'El hombre sentimental' (1986). Termina estos años fructíferos publicando 'Todas las almas' (1989) que destila ya un territorio personal muy reconocible: una falsa novela autobiográfica le permite construir un relato autobiográfico verdadero, pero sin parecerlo, en un ambiente inquietante y a veces cómico.

La década de los 90 será la de la consolidación del gran novelista: Publica 'Corazón tan blanco' (1992), con la que obtiene un reconocimiento unánime por parte de la crítica nacional e internacional, que lo cataloga como uno de los mejores escritores en lengua española. Escribe, con enorme éxito 'Mañana en la batalla piensa en mí' (1994) y comienza la escritura de la que será una de sus obras de referencia dentro de este singular, complejo, exclusivo territorio Marías: 'Negra espalda del tiempo' (1998).

El Nobel que no fue

Con todo, y a pesar de consolidarse su trayectoria de novelista, Javier Marías nunca abandonó el gusto por la traducción, así como por la escritura de cuentos, relatos y artículos literarios. Muchos de ellos se publicaron en esta década, coincidiendo el final de la misma con un hecho extraordinario: el nombramiento de Xavier I de Redonda y la creación de una de las editoriales más singulares y emblemáticas del mundo (por su prestigioso catálogo de títulos, autores, prologuistas, traductores de relevancia internacional, así como por ser la editorial de un reino inexistente): Reino de Redonda. (No puedo dejar de decir que, en una tarjeta de agradecimiento por un artículo escrito por esta servidora, el rey Xavier I la nombra 'ciudadana honoraria' del Reino de Redonda, que es el máximo galardón que un lector puede obtener en un territorio de libros).

En los primeros años del presente siglo, el novelista acepta la propuesta de ser académico de la Lengua, que siempre rechazó por respeto a su padre. Ingresó con el discurso 'La dificultad de contar' que D. Francisco Rico, jocoso, resumió así: «JM ha empezado su discurso con una confesión de humildad y lo ha acabado con una manifestación de arrogancia».

Javier Marías ocupaba el Sillón R que había dejado vacante Don Lázaro Carreter y que vuelve a quedar tristemente vacío, al igual que su etiqueta del perchero académico, que hoy corre un lugar y engulle un nombre.

Marías nunca abandonó el gusto por la traducción, así como por la escritura de cuentos, relatos y artículos literarios

Con más de treinta premios nacionales e internacionales a sus espaldas, incluido el Premio Nacional de Narrativa que rechazó firmemente, el escritor pasará a la historia de la literatura como el eterno candidato al premio Nobel. Al elegante Vicente Aleixandre, penúltimo Nobel español, le habría encantado contemplar vestido de frac a aquel muchacho un tanto tímido que a veces aparecía en las tertulias de Velintonia cargando con un futuro brillante de libros por recorrer.

Los que vamos quedando en este paisaje cada vez más desolador, luchamos todavía para que Velintonia no se desmorone, para que los versos del Nobel Aleixandre no se olviden y ahora también lucharemos para mantener vivo el reproche al torpe jurado sueco por el error cometido al posponer inexplicablemente el Nobel de Javier Marías, que ya nunca podrá ser.

Sombra y adiós

Las últimas novelas de Javier Marías, las que siguen a su trilogía 'Tu rostro mañana' (2002-2007), son, quizás, las más intensas en cuanto a emociones; como si aquel hombre sentimental treintañero se hubiese apoderado de nuevo de la máquina de escribir Olympia Carrera de Luxe que el novelista de ahora, el Javier Marías septuagenario, volviendo locos a editores, correctores y ayudantes que nunca entendieron la elección vital de romanticismo frente a pragmatismo, se empeñaba en seguir usando para teclear sus textos: 'Los enamoramientos' (2011), 'Berta Isla' (2017) y 'Tomás Nevinson' (2021). Novelas reconocidas, galardonadas, leídas y admiradas que narran 'a la manera Marías' el presentimiento del fin del mundo que él trenzó en las vidas aparentemente cotidianas, simples pero cargadas de sombras, de mujeres silenciosas y hombres ausentes enlazados en sentimientos de culpa, muerte, lealtad y amor y tejidos con la madurez narrativa de casi tres décadas de caminar en los limes de la ficción.

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