Sostenibilidad y rentabilidad, el binomio inalterable

20 de marzo de 2022

Una gran y creciente parte de nuestra sociedad demanda que ya no todo vale. Las experiencias y acontecimientos vividos en la última década han provocado una reacción social similar a las revoluciones de otras épocas y que tantos avances positivos nos legaron. Debemos mirar por el presente, pero sin comprometer nuestro futuro y el de las generaciones venideras. La sostenibilidad es así una obligación moral.

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Hoy alcanzar ese provechoso fin no sería posible sin una acción de conjunto y coordinada entre la sociedad, las instituciones públicas y las empresas. Un proyecto no exento de dificultades y expuesto al siempre caprichoso destino de las influencias y sus influenciados, pero la historia está de nuestra parte. Sólo debemos asegurarnos de que aprovechamos todas y cada una de las oportunidades que se nos presentan.

Sería injusto que uno de sus principales protagonistas, las empresas, no pudieran también disponer de dichas oportunidades. Una suerte de impulso necesario que no ponga en riesgo las necesidades legítimas de todos los miembros que la componen y, en particular, la de sus accionistas. Apostar por la sostenibilidad de los negocios no es tarea fácil. Implica, en no pocas ocasiones, tomar decisiones con cierto grado de incertidumbre respecto a su retorno económico. Por esta razón, es fundamental trabajar para que sostenibilidad y rentabilidad sean un binomio inalterable. Dos palabras aparentemente disonantes entre sí, pero que este año adquieren el grado de simbiosis necesario para dejar atrás excusas propias de un pasado un tanto injusto.

La Comisión Europea y los estados miembros saben de la importancia de incentivar desde las instituciones públicas al tejido productivo y a los mercados de capitales para lograr una Unión Europea más sostenible. En 2022 entraron en vigor una serie de iniciativas para abordar este tema y favorecer que los flujos de capitales se dirijan a las empresas que apuesten por la sostenibilidad de sus negocios. Los Fondos Next Generation son un claro ejemplo de ello, ya que para poder acceder a cualesquiera de las convocatorias que se deriven habrá que garantizar que no se causa un perjuicio significativo al medioambiente. Otra iniciativa destacable es el conocido cómo Reglamento de Taxonomía Verde, que establece los criterios técnicos por los que una empresa se puede considerar medioambientalmente sostenible. Su objetivo es facilitar que los diferentes actores en los mercados puedan disponer de una herramienta que les permita apostar por empresas medioambientalmente sostenibles.
Las instituciones financieras también están incrementando sus esfuerzos para estimular que las empresas viren hacia la sostenibilidad. Los conocidos como préstamos sostenibles están adquiriendo un protagonismo cada vez mayor y que se espera no deje de crecer. Estas tipologías de préstamos corporativos vinculan el tipo de interés al desempeño en materia de sostenibilidad de una empresa. Si bien hasta ahora estos incentivos se situaban en los entornos a 5 puntos básicos, en 2022 se están empezando a ver operaciones que se sitúan entre los 40 y los 80 puntos básicos de rebaja sobre el tipo de interés asociado a un préstamo corporativo común. Un ahorro bastante considerable y que demuestra la gran apuesta de este sector por la sostenibilidad.

Se presenta así el 2022 como el año bisagra en el que la sostenibilidad pasó a ser una cuestión de vital importancia, no solo para la sociedad, sino también para la rentabilidad de los negocios. No hay pues excusas para ponerse manos a la obra y comenzar a valorar la multitud de iniciativas que se pueden llevar a cabo en las empresas para contar con negocios más responsables sin perder un ápice de rentabilidad. Pensemos en un futuro mejor y apostemos por él.

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