Porqué Rusia pierde la guerra

22 de mayo de 2022

Después de casi tres meses resulta evidente el fracaso de la “operación militar especial” que Rusia emprendió contra Ucrania el 24 de febrero.

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Muchas de las causas de ese fracaso resultan, a estas alturas, bien conocidas: la resistencia de los ucranianos; un plan deficiente del Estado Mayor ruso; pésimos informes de Inteligencia; insuficiente instrucción de gran parte de las tropas rusas; falta de motivación a pesar de la propaganda del Kremlin; una cadena logística sin la capacidad necesaria; equipos obsoletos, sobre todo en comunicaciones; una debilidad creciente motivada por las sanciones económicas…

Apenas si se ha destacado, sin embargo, el que probablemente es el factor clave: el tamaño insuficiente de Rusia para hacer frente a Ucrania y, sobre todo, a sus aliados. Cualquier estudioso de la historia militar lo sabe. El Ejército de la Confederación, en la Guerra de Secesión norteamericana, era más eficiente y motivado, entre 1861 y 1863, que el de sus rivales del Norte, pero la superioridad de estos últimos en población y producto económico -sobre todo industrial- les condujo a ganar la guerra de manera abrumadora en 1865. El equilibrio de la Primera Guerra Mundial se rompió cuando en 1917 llegó a Europa Occidental el poderío militar y económico de los Estados Unidos. El bando nacional ganó la Guerra Civil española porque tuvo mejores aliados -Italia y Alemania- que los republicanos -la URSS-, y además porque a partir de la primavera de 1937 el general Franco planteó la guerra en términos económicos: paralizó el frente de Madrid para hacerse con el rico botín industrial de Vizcaya, Santander y Asturias, lo que dio un vuelco a la superioridad inicial del Frente Popular.

La situación actual de Rusia tiene cierto paralelismo con la de la Alemania de Hitler entre 1942 y 1945. Los alemanes eran mejores combatientes que británicos, soviéticos y norteamericanos. Sólo eran superados por los finlandeses. Sus doctrinas operativas eran claramente mejores y sus sistemas de armas, muchas veces, de una superioridad abrumadora, hasta el punto de suponer un salto tecnológico. Los aliados carecían de un fusil de asalto como el StuG 44, de una ametralladora como la MG-42, de carros de combate como el Panther y el Tiger II, de submarinos como los tipos XIX y XXI, de aviones de combate como el reactor Me 262, o de misiles como el Fritz X, el Hs 293 y el A-4 (“V-2”).
Todo ello, sin embargo, quedaba superado por el hecho de que Alemania tenía, con Austria, 51 millones de habitantes, mientras que Gran Bretaña, Canadá, la URSS y los Estados Unidos sumaban 380 millones. El Producto Interior Bruto de Alemania y Austria, según el estudio efectuado por Angus Maddison para la OCDE, era en 1944 de 302.000 millones de dólares de 1990, mientras que el de los cuatro países aliados ascendía a algo más de 2,5 billones.
En la actualidad Rusia supera ampliamente tanto la población como la economía de Ucrania: 142,5 millones de habitantes frente a 43,5, y 3,9 billones de dólares por algo más de 500.000. Esta superioridad rusa, sin embargo, queda en gran medida neutralizada por el apoyo de la OTAN a Ucrania. Los términos de comparación no sólo se invierten, sino que Ucrania y sus aliados superan en más de diez veces veces la población y en más de veinte la economía de Rusia. Sólo los Estados Unidos tienen 337 millones de habitantes y un PIB de 20 billones de dólares.

Los gastos de Defensa son también muy superiores. Según el Balance Militar de 2022, editado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, el gasto en defensa de los Estados Unidos asciende a 722.000 millones de dólares, por 207.300 de China, 71.600 del Reino Unido y sólo 62.200 de Rusia, poco más que los 59.300 de Francia y los 56.100 de Alemania.
La OTAN, además, tiene sistemas de armas, doctrinas operativas y equipos electrónicos muy superiores a los rusos. Como en la Segunda Guerra Mundial, así mismo, los aliados se benefician de la mutua cooperación y una mayor capacidad de iniciativa y flexibilidad. No conocemos los secretos de la Inteligencia, pero sin duda la más importante de todas -la interceptación de comunicaciones y la vigilancia por satélite- añade una sustancial ventaja a los aliados de Ucrania.

Rusia ni siquiera dispone de la mejor calidad de combatientes y de sistemas de armas que caracterizó a la Alemania de Hitler. El Ejército ruso se ha retirado de importantes enclaves, recuperados por ucranianos que muestran una heroica capacidad de resistencia, motivados por la defensa de sus conciudadanos. Sus carros de combate T-80 y T-90, tanto en cantidad como en calidad, no superan a los Abrams norteamericanos, los Leopard II alemanes, los Challenger británicos o los Lecrerc franceses. Carecen de aviones de combate como los nuevos F-35 norteamericanos y sus misiles, tanto los anticarro como los antiaéreos, son claramente inferiores a los occidentales.

Los peor para el Kremlin es que, según indica la experiencia, la desigualdad en favor de Ucrania y sus aliados se acentuará con el paso del tiempo. La OTAN va a reforzarse con Finlandia y Suecia, y al presidente Putin no se le ha ocurrido mejor cosa que amagar con una guerra nuclear. Es un farol inútil y que en realidad muestra su convicción de que está perdiendo la guerra.

 

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