Crisis en Ucrania: impacto en la energía y las materias primas

05 de abril de 2022

La entrada de las tropas rusas en Ucrania provocó una oleada de sanciones internacionales contra Rusia. El 7 de marzo, la posibilidad de que se interrumpa el suministro de petróleo y gas ruso provocó una subida histórica de los precios de la energía y otras materias primas.

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Ya en octubre de 2021 informamos de que el continente europeo estaba sufriendo una crisis energética sin precedentes. La causa fue una combinación de factores negativos: la creciente demanda de energía de China, el escaso suministro de gas de Rusia y Qatar a Europa, las condiciones climáticas poco propicias para las energías renovables y las centrales nucleares francesas sometidas a un mantenimiento parcial.Ya en octubre de 2021 informamos de que el continente europeo estaba sufriendo una crisis energética sin precedentes. La causa fue una combinación de factores negativos: la creciente demanda de energía de China, el escaso suministro de gas de Rusia y Qatar a Europa, las condiciones climáticas poco propicias para las energías renovables y las centrales nucleares francesas sometidas a un mantenimiento parcial.
Ahora, las esperanzas de una rápida resolución de esta crisis no sólo se han visto frustradas por el estallido del conflicto ruso-ucraniano, sino que el suministro energético del continente es más que nunca un gran dolor de cabeza.

Los precios de la gasolina se han vuelto estratosféricos

La crisis a la que se enfrenta Europa es ante todo una crisis del gas. El estallido del conflicto en Ucrania ha provocado una repentina toma de conciencia de la fuerte dependencia europea del gas ruso. De hecho, esta dependencia ha aumentado en los últimos años con el abandono de los combustibles fósiles (especialmente el petróleo y el fuel). El gas natural, con su moderado impacto medioambiental, era la solución preferida en este sentido.
El 45% de las importaciones europeas de gas proceden de Rusia, hasta el punto de que un boicot parece ahora improbable. Este escenario provocaría una escasez inevitable y una subida muy pronunciada del precio del gas. Un "escenario extremo", en palabras de Catherine MacGregor, directora general de Engie.
Esta advertencia no es en absoluto trivial, dado que la situación actual es ya un escenario extremo. El gas europeo, que había alcanzado un pico vertiginoso a finales de 2021 de 180 euros/MWh (o 330 dólares/barril en equivalente energético de petróleo), cotizaba brevemente el lunes 7 de marzo a más de 300 euros/MWh (o más de 550 dólares en equivalente energético de petróleo). Un precio entre 10 y 20 veces superior al de los últimos años, y 40 veces superior al precio actual del gas en Estados Unidos. Al otro lado del Atlántico, la situación es muy diferente: a diferencia de Europa, Norteamérica ha hecho la controvertida apuesta de explotar el gas de esquisto a bajo coste para satisfacer sus necesidades. Desde entonces, los precios han bajado: el martes 15 de marzo, el gas europeo volvía a cotizar a 120 euros/MWh.
En Europa, la solución más probable a esta situación a largo plazo es aumentar las importaciones de gas natural licuado (GNL), sobre todo por vía marítima desde Estados Unidos. Sin embargo, las capacidades de entrega siguen siendo muy inferiores a las del gas ruso: aumentarlas requeriría la construcción de terminales adicionales, una operación importante en los próximos tres o cuatro años.

El petróleo vuelve brevemente a sus máximos históricos

La escasa dependencia de Estados Unidos de la energía rusa permitió al país anunciar el 8 de marzo un embargo total de gas y petróleo procedentes de Rusia. Se trata sin duda de una sanción más bien simbólica, ya que Estados Unidos sólo importa el 8% del gas ruso y es un exportador de petróleo. Sin embargo, el país podría obligar a algunos de sus socios a seguir su ejemplo, reduciendo el acceso a la producción rusa en 11,5 millones de barriles/día, es decir, alrededor del 10% del mercado mundial. La previsión de este escenario fue suficiente para desencadenar una subida del precio del petróleo a nivel mundial, no sólo regional.
¿Habría creído alguien, hace sólo dos años, que el oro negro estaría tan cerca de su máximo histórico de 2008, en torno a los 140 dólares/barril? En marzo de 2020, como resultado de la primera contención, los futuros del crudo WTI (referencia estadounidense) se habían desplomado a su nivel más bajo de la historia, llegando a -40 dólares (precio negativo) el 200 de abril de 2020. El 7 de marzo de 2022, los precios del petróleo alcanzaron 139 dólares/barril para el Brent (entrega en mayo de 2022) y 130 dólares para el WTI (entrega en abril de 2022), justo antes de su máximo histórico. Desde el inicio de la crisis en Ucrania, el precio del oro negro también ha fluctuado en función de los anuncios de la OPEP. La reticencia de los países de la alianza a aumentar su tasa de extracción se consideró efectivamente problemática para compensar el riesgo de boicot al petróleo ruso, pero las perspectivas de nuevas discusiones entre los países de la OPEP, o incluso el mantenimiento de las exportaciones de petróleo de Rusia, permitieron que los precios volvieran a niveles más bajos el 15 de marzo, en torno a los 100 dólares/barril.

Electricidad extremadamente cara en Europa

La subida de los precios del gas y el petróleo también ha provocado un nuevo aumento de los precios de la electricidad en Europa. Esto se debe a que los precios de la electricidad dependen del coste marginal de producción, que a su vez está directamente correlacionado con el precio del carbón y el gas utilizados para producir las unidades de electricidad que complementan las generadas por las energías renovables y la energía nuclear.
Así, la electricidad alemana, de referencia en Europa, alcanzó los 400 euros/MWh en el vencimiento a un mes el 7 de marzo, superando su máximo a finales de 2021. Cabe señalar que los precios de los contratos de futuros a largo plazo también son muy superiores a la media de los últimos años: el vencimiento de 2023 alcanzó los 184 euros el 7 de marzo, muy por encima del nivel de 140 euros/MWh alcanzado el año pasado. Esto refleja el temor a una crisis energética duradera en Europa a una escala sin precedentes.
Si los precios de la electricidad se mantienen en niveles elevados a largo plazo, podrían surgir muchas dudas sobre la viabilidad de ciertos proyectos europeos. Por ejemplo, la normativa sobre circulación de coches eléctricos a la que aspira la Unión Europea podría resultar muy compleja de aplicar.

La caída de los precios del CO2

En contraste con estas tendencias, y diametralmente opuesto a los acontecimientos de 2021, los "precios del CO2", es decir, los precios de los derechos de emisión de carbono para las empresas sujetas al régimen han caído un 30% desde el inicio de la crisis entre Rusia y Ucrania. Esto es contrario a la intuición: dado que Europa no tiene más remedio que recurrir a los combustibles fósiles para compensar la posible escasez (por ejemplo, el nuevo cierre de centrales eléctricas de carbón y el uso de fuel), la demanda de derechos de emisión debería haber aumentado normalmente.
Varias razones explican la caída de los precios:

 La Comisión Europea podría aumentar sus derechos de emisión para hacer frente a la crisis y permitir que el carbón se utilice más barato.

 La Comisión Europea podría optar por dejar de hacer obligatorio el uso de derechos de emisión de carbono para la generación de electricidad a partir del carbón.

 La Comisión Europea podría plantearse una importante revisión del mercado del carbono para encontrar un futuro más estable para este mercado, que se ha vuelto volátil y ha sido objeto de crecientes críticas desde el pasado otoño.
En cualquier caso, estas decisiones supondrían un giro de 180 grados en la estrategia energética europea, que hasta ahora ha tratado de penalizar voluntariamente el uso de combustibles fósiles para favorecer el desarrollo de las energías renovables.

La eficiencia energética europea se debilita

Europa no es autosuficiente en materia de energía y, desgraciadamente, no lo será más desarrollando la producción de energías renovables, que son intermitentes por naturaleza y requieren la presencia paralela de otras fuentes de energía para compensar la ausencia de viento o sol en cualquier momento. Queda ahora por ver qué energías desarrollar en un contexto de retirada de los combustibles fósiles, desvío del gas ruso y debates sobre la energía nuclear.
En Francia, la reciente decisión del Gobierno de "reactivar" la energía nuclear sólo tendrá efectos a muy largo plazo, ya que la validación de los proyectos y su construcción pueden llevar más de diez años en total. En Alemania, donde la dependencia del gas ruso es especialmente elevada, no se observa actualmente ningún cambio en las opciones energéticas a pesar de la urgencia de la situación. A falta de algo mejor, Europa está tomando finalmente la decisión más controvertida de todas, al volver a confiar en los combustibles fósiles contaminantes para satisfacer sus necesidades: desde el pasado otoño, la mayoría de las centrales eléctricas de carbón que siguen funcionando han tenido que ser reactivadas con carácter de urgencia.

Materias primas agrícolas: aumento histórico del precio del trigo

Por último, en un ámbito completamente diferente, el conflicto en Ucrania también está teniendo un grave impacto en los precios de los productos agrícolas. El riesgo de escasez es especialmente alto en el caso del trigo: Rusia era hasta ahora el primer exportador mundial de este cereal, mientras que Ucrania ocupaba el quinto lugar. Juntos, los dos países representan casi un tercio de las exportaciones mundiales de trigo. Problemas similares afectan ahora al suministro de cebada y maíz.
Además, el aumento de los precios de la energía está incrementando los costes de producción de estos alimentos. Esto incluye el coste de la gasolina para los tractores, pero también el de los fertilizantes y productos químicos utilizados en la agricultura, cuya composición a base de metano es a su vez más cara.
La combinación de estos factores ha hecho que los precios del trigo se disparen a niveles sin precedentes. En un año, el precio de una fanega de trigo se duplicó hasta los 1.400 dólares. Para el consumidor final, el aumento de los costes del transporte de mercancías por carretera o por mar se sumará a la propia subida de los precios del trigo.

Conclusión

Por tanto, la situación es preocupante en más de un sentido. La crisis energética del otoño no sólo se ha intensificado, sino que se está extendiendo a otros productos básicos. Aunque Europa dispone de reservas para hacer frente a esta crisis a corto plazo, estas reservas están disminuyendo y el aumento de la inflación parece inevitable. Queda por ver si esta inflación será sostenible: todo dependerá, por supuesto, de la evolución del conflicto ruso-ucraniano, que podría resolverse con relativa rapidez o agravarse con nuevas sanciones. Los poderes públicos deberán seguir absorbiendo parte de esta inflación, a riesgo de mantener elevados déficits presupuestarios, ya incrementados por la crisis de Covid-19.
En cualquier caso, parece inevitable que la crisis actual constituya un punto de inflexión importante para las opciones estratégicas de la Unión Europea. El continente no sólo tratará ahora de desarrollar una mayor autosuficiencia energética, sino que Europa podría plantearse también la revisión de su Política Agrícola Común (PAC) para apoyar la agricultura local. Por tanto, los retos que se avecinan son numerosos y habrá que vigilar la capacidad de los consumidores para hacer frente a la subida de precios.

 

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