¿Será helador el próximo invierno?

24 de mayo de 2022

La UE se esfuerza en encontrar las mejores soluciones para lograr reducir las importaciones de gas ruso. En España, la pasada semana recibíamos con todos los honores y boatos al emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, con la clara intención de asegurarnos su amistad y, con ella, el suministro de gas en estos tiempos convulsos.

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La visita del emir nos deja buenas noticias para España, ambos países afianzaron lazos económicos, que supondrán para nuestro país 4.720 millones de euros en inversiones en los próximos años. Y lo que es más importante para los consumidores industriales, el aumento del suministro de gas del país árabe hacia el nuestro en una coyuntura internacional marcada por la desenfrenada búsqueda de alternativas al gas ruso y la escalada de precios sin precedentes.

Catar es uno de los países más prósperos del mundo gracias a sus reservas de gas: es el segundo mayor exportador mundial de gas por detrás de Estados Unidos. Para España, hasta ahora, viene siendo el quinto proveedor de gas natural.

Por repasar los datos del último mes, en abril las compañías gasistas españolas importaron de Rusia 3.278 GWh de gas natural licuado (GNL), lo que supone el 8% del total (40.789 GWh) y en el mismo periodo nos llegaron de Catar 1.787 GWh, el 4,4% del total.
En 2021 recibimos GNL desde 14 países diferentes y se descargaron 254 buques metaneros. El gas catarí representó el 6,3% del total que llegó a España.
El acuerdo con Tamim bin Hamad Al Thani, permitirá a España continuar afianzando y reforzando la seguridad de suministro, tal y como recomienda Europa en los planes de RepowerEU, que incluyen, entre otras medidas, las encaminadas a reducir la dependencia del gas ruso. Afortunadamente, no somos altamente dependientes del gas ruso. El pasado año, el gas ruso, que nos llega por barco, supuso 37.027GWh; aproximadamente 40 barcos de los 254 que se descargaron en las plantas de regasificación.

La seguridad de suministro y la diversidad de aprovisionamientos nos la dan las seis plantas de regasificación operativas en España, que son el puerto de entrada de gas proveniente de cualquier país productor del mundo. Pocos países europeos pueden beneficiarse de una diversificación tan favorable, ya que, por el contrario, la mayoría no disponen de infraestructuras que les acerquen a productores alternativos al gas ruso que llega por gasoducto. Por ejemplo, Alemania no cuenta con ninguna regasificadora. Teniendo en cuenta que Rusia suministra a Europa unos 150bcm de gas al año y que la dependencia de los países europeos del norte es muy alta, será muy complejo para Europa encontrar a corto plazo alternativas al gas ruso.

Un mercado mundial de oferta y demanda

Cualquier aumento de la producción de gas de países exportadores tiene que ir acompañada de inversiones en extracción y en trenes de licuefacción para poder licuar el gas que será transportado en buques metaneros. Toda inversión y ampliación de infraestructuras lleva su tiempo y, a cortísimo plazo, será difícil un aumento de la oferta de gas mundial. Además, el GNL tiene que ser descargado en plantas de regasificación para ser transportado por canalización al consumidor. Para ello, Europa ha previsto recibir varias plantas flotantes de GNL a finales de año, mientras acelera la construcción de nuevas plantas de regasificación. También está reforzando sus canalizaciones y reestudia el flujo del gas para vehicularlo desde las plantas de GNL hacia el consumidor, buscando rutas alternativas al gas canalizado ruso y poder, así, paliar posibles congestiones de la red gasista. Como cabe esperar, el mayor consumo de gas se produce en invierno. El diferencial de consumo verano/invierno es más acusado en el norte de Europa debido a un clima más riguroso y un mayor despliegue para calefacción. Por ello, Europa se está preparando ya con vistas al próximo invierno para poder cubrir estos picos de demanda, acelerando el almacenamiento de gas para hacer frente a cualquier imprevisto.

Todas estas medidas de diversificación de la oferta de gas a corto plazo, también vienen acompañadas de recomendaciones para reducir la demanda, aumentar la eficiencia, cambiar de combustibles, biogás, etc. Europa tiene por delante un gran y complejo desafío para poder afrontar con éxito el próximo invierno.

Durante estos últimos meses, los mercados de gas han sufrido altas volatilidades al estar los almacenamientos de Gazprom en Europa a muy baja capacidad, disparando los precios como jamás habíamos visto en unos mercados muy tensionados que, tras la invasión rusa a Ucrania, incorporan un fundamental adicional: el riesgo de corte de suministro total. Este “fundamental” es totalmente impredecible y se desconoce hasta dónde puede llegar Putin y qué estrategias nuevas puede idear para este próximo invierno.

Está claro que Europa se está preparando para tiempos difíciles y de gran incertidumbre, un horizonte que dificulta enormemente al consumidor industrial gestionar y estimar sus costes del gas a futuro. El gran deseo de todos es que el conflicto bélico acabe y se normalicen los mercados. Sin embargo, la gran incertidumbre es si se alargará o se recrudecerá el conflicto, lo que nos haría pasar un invierno realmente helador.

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