Las familias españolas hablan poco sobre ingresos e impuestos en casa

29 de septiembre de 2022

La educación financiera es un pilar fundamental del buen funcionamiento del sistema financiero y clave para el bienestar personal en tanto que contribuye a gestionar de manera adecuada los recursos económicos de individuos y hogares.

Compartir en:

Sin embargo, las sociedades avanzadas presentan carencias importantes y desigualdades sociales significativas en esta materia. Así ocurre también en España, como muestra el último número de Panorama Social publicación editada por Funcas y presentada ante el Día de la Educación Financiera el lunes 3 de octubre. El número aporta, desde diferentes perspectivas, un balance de la educación financiera en España y traza algunas perspectivas para su desarrollo y mejora. Si en la transmisión de conocimientos financieros la escuela puede desempeñar un papel fundamental, la familia es la institución crucial en el aprendizaje de valores y hábitos asociados a la educación financiera. Así lo reconocen las madres y los padres con hijos de 11 a 22 años encuestados por Funcas: el 97% atribuye a la familia –por tanto, a sí mismos– la responsabilidad principal en la educación financiera de sus hijos. Sin embargo, como subrayan Elisa Chuliá (UNED y Funcas), Luis Garrido (UNED) y María Miyar (UNED y Funcas), este reconocimiento no se corresponde con algunas prácticas que tienen lugar en el hogar.

Así, por ejemplo, el 45% de madres y padres afirma no conversar apenas o nunca con sus hijos sobre los ingresos que entran al mes en casa y un 47% declara no hablar con ellos sobre los impuestos que se pagan. En cambio, los encuestados que dicen hablar a menudo sobre esos temas con sus hijos no llegan a una quinta parte (17-18%). Por lo demás, las familias hacen un uso relativamente escaso de las pagas (semanales o mensuales) a los hijos, prescindiendo así de uno de los instrumentos más importantes de educación financiera de niños y jóvenes. La proporción de madres y padres que dan paga a sus hijos es pequeña en educación primaria (14%) y secundaria (29%) y solo se acerca a la mitad cuando los hijos cursan bachillerato (48%), alcanzando un máximo que apenas supera las tres quintas partes (61%) cuando los hijos son universitarios.

José M. Domínguez (Universidad de Málaga) afirma que aun cuando el nivel insuficiente de cultura financiera es un problema de alcance global, España se sitúa por debajo de la media de los países de la OCDE. Basándose en los resultados de la primera oleada de la Encuesta de Competencias Financieras, realizada por el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, muestra que en torno a la mitad de las personas de 18 a 79 años no responden correctamente a alguna de las preguntas con las que se suele medir la cultura financiera (valor adquisitivo del dinero en presencia de inflación, tipo de interés compuesto y diversificación de activos).

La conciencia de la falta de conocimientos financieros está extendida en la sociedad, toda vez que cerca de la mitad de la población encuestada (46%) califica los suyos como “bajos” o “muy bajos”. Este escaso nivel de conocimientos –algo más alto entre los hombres, las personas de 45 a 64 años, más estudios y rentas del hogar más elevadas– confluye con un peso reducido (en torno al 20%) de los activos financieros sobre los activos totales de los hogares, y con un predominio notorio (alrededor del 40%) del efectivo y los depósitos en el conjunto de los activos financieros.

Si las familias deben adquirir mayor protagonismo en la educación financiera de sus hijos, también tienen margen de mejora en la planificación financiera de la vejez. Como sostiene María Jesús Mancebón (Universidad de Zaragoza), en un contexto demográfico y socioeconómico caracterizado por un previsible aumento del número de personas mayores con ingresos bajos y necesidades de gasto elevadas, resulta fundamental concienciar a los individuos de la necesidad de gestionar sus recursos económicos de forma inteligente durante la etapa laboral activa. A partir de la ya citada Encuesta de Competencias Financieras, la autora ofrece un diagnóstico de la educación financiera con la que cuenta la población mayor de 30 años no jubilada en España. Sus resultados ponen de relieve que casi cuatro de cada diez personas de esa población (38%) consideran que no están planificando su vejez o que lo están haciendo “mal” o “muy mal”, mientras que solo una cuarta parte (24%) opina que lo está haciendo “bien” o “muy bien”.

Por su parte, Inés Andújar (Banco de España) centra su investigación en la población mayor, un grupo con capacidades y necesidades muy heterogéneas, pero también muy vulnerable a fraudes y exclusión financiera. La autora analiza las características específicas de la población mayor de 64 años, que aconsejan una oferta de educación financiera ajustada no solo en contenidos, sino también en herramientas y soportes, tratando siempre de facilitar el acceso a la información y los servicios financieros.

Enfocando la atención sobre la oferta de educación financiera, Gloria Caballero (CNMV) repasa las principales líneas de actuación del Plan de Educación Financiera lanzado por el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores en 2008, cuya última renovación incluye el periodo 2022-2025. La autora constata que el Plan, junto con las iniciativas desplegadas por una red de colaboradores públicos y privados, han contribuido a aumentar significativamente la oferta de educación financiera, si bien queda pendiente una evaluación de su eficacia para mejorarla.

Sobre este punto insiste también Juan A. Vázquez (Universidad de Oviedo), que, en su balance de los proyectos de educación financiera desarrollados durante los últimos años, constata algunas debilidades, como la falta de coordinación y evaluación de las diversas iniciativas, y defiende la conveniencia de nuevos enfoques, soportes y contenidos para elaborar una mejor oferta educativa en economía y finanzas. Según argumenta, el crecimiento de las iniciativas y los proyectos de educación financiera en estos años parece haber respondido a estímulos de oferta más que de demanda, por lo que sería deseable avanzar hacia una racionalización de la oferta basada en un mejor conocimiento de la demanda y en su estímulo, así como también en la evaluación de la efectividad de los programas.

 

 

Compartir en:

Crónica económica te recomienda