BofA: España, Italia y Portugal evitan el cierre pese a "delta"

03 de agosto de 2021

Las reservas estivales se han debilitado algo en las potencias turísticas de la periferia europea (Italia, España, Portugal) a raíz de la expansión de la variante Delta de coronavirus. 

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Las curvas de contagios empiezan a ceder y, pese a que los riesgos económicos persisten, el hecho de que estas economías estén evitando aplicar cierres drásticos de forma generalizada, unido al avance en el ritmo de vacunación, animan a pensar que el PIB europeo podrá avanzar al 2% en el tercer trimestre del año. Es el dibujo a más corto plazo que hacen desde Bank of America (BofA), cuyos analistas se muestran "cautelosamente optimistas" sobre los efectos de la nueva ola de Covid-19. A falta de hacerse públicos los datos relativos al periodo que va de abril a junio, la economía de los Veintisiete se contrajo un 0,4% en el primer trimestre y el empleo se redujo un 0,3%, confirmando la vuelta a la recesión, según Eurostat. Los datos disponibles hasta julio muestran cómo la confianza de los consumidores podría haber tocado techo y cómo las empresas son más cautelosas a la hora de evaluar el futuro. 

Son también efectos colaterales de la Delta sobre una economía del Viejo Continente que dependía en un 10% de la actividad turística antes de que estallase la pandemia. Ésta daba trabajo a más de 27 millones de personas, según cálculos comunitarios. Ahora, en la entidad estadounidense prevén que las reservas en el Península Ibérica se sitúen en un nivel entre el 50 y el 60% de las que se registraron en 2019. De momento, los contagios siguen descendiendo en los que fueron los focos iniciales de esta nueva variante en Europa (España, Portugal, Grecia, los Países Bajos y Malta) y aumentan, por el contrario, en Alemania, Francia e Italia, aunque a un ritmo algo menor. "En general, las cifras siguen siendo bajas en comparación con lo que vimos en el invierno, pero la presión hospitalaria continúa siendo la principal variable a vigilar", apuntan desde BofA. "Los riesgos económicos derivados de la situación del virus persisten, desde los vientos en contra para la temporada turística en curso hasta el retroceso del comportamiento endógeno de los consumidores", añaden. Sin embargo, esta coyuntura sigue siendo coherente con sus perspectivas, con ese 2% de recuperación de la economía de julio a septiembre que, además, está por debajo de los principales consensos de mercado.

Lo mismo consideran que puede decirse de las reservas turísticas en la periferia, a pesar de su debilitamiento más reciente. La clave está, de nuevo, en esas limitaciones más focalizadas actualmente en las actividades de alto riesgo (todo lo que tiene que ver con vida nocturna, cenas en el interior, festivales), cuyo coste económico esta siendo relativamente bajo. Todo lo anterior implica, desde su punto de vista, que "las pequeñas restricciones y el bajo coste económico parecen estar dando resultado, siempre y cuando la vacunación progrese lo suficiente". 

Baleares estima un pico de ingresos en el hospital la tercera semana de agosto Desde el próximo 6 de agosto, en Italia la entrada a los estadios, museos, teatros, cines, centros de exposiciones, piscinas, gimnasios, así como a los comedores interiores, solo se permitirá a los titulares del 'pase verde', es decir, a quienes cuenten con certificado de vacunación. El gobierno transalpino también está estudiando la posibilidad de ampliar este requisito para acceder a los transportes públicos. La vacunación generalizada ayuda mucho, pero las hospitalizaciones siguen aumentando en los principales focos y el desglose por edades de los casos es clave para la presión hospitalaria. Hasta ahora, esta oleada ha afectado sobre todo a los jóvenes, lo que ha contribuido a limitar las hospitalizaciones y las muertes: la variante Delta ha arrasado entre los menores de 30 años, en su mayoría no vacunados, que también constituyen una cohorte de riesgo relativamente bajo. 
Sin embargo, en Bank of America se muestran preocupados por tres canales clave: las posibles restricciones de la oferta de mano de obra, dado que la alta incidencia puede crear saltos en las bajas por enfermedad, no solo por los contagios, sino también por las cuarentenas; la respuesta endógena de la población a la alta prevalencia del virus y el daño que puede crear en el sentimiento económico; y el aumento de las restricciones a los viajes que podría amenazar la temporada turística.

Su preocupación más inmediata, sin embargo, es la temporada turística, en particular para los países que dependen en gran medida de los visitantes extranjeros (Grecia, Portugal, España y, en menor medida, Italia). En cierto modo, el precio a pagar por maximizar la actividad económica interna a corto plazo será "la restricción de nuevos viajes al extranjero, en particular a los países donde la prevalencia del Delta es alta o que tienen restricciones más débiles para viajar a/desde países con alta prevalencia del Delta", sentencian los analistas de la entidad. 

 

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