China tiembla con Evergrande

21 de septiembre de 2021

Cuando las acciones y bonos de una compañía caen más de un 80%, no hay que ser ningún experto para saber que esa empresa tiene problemas serios. Es lo que ha ocurrido con Evergrande, el segundo mayor promotor inmobiliario del gigante asiático, que está cerca de quebrar al no poder atender a los próximos vencimientos de deuda. La repercusión a nivel global se debe a la magnitud y al riesgo sistémico que representa.

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Desde hace más de una década se está alertando a los mercados de la formación de una burbuja inmobiliaria en China. Gran parte de la población canaliza sus ahorros a través de la inversión en activos inmobiliarios, mientras que el éxodo rural mantiene estable la demanda de viviendas en núcleos urbanos. El problema de muchas compañías es que han sobredimensionado las perspectivas de crecimiento y la pandemia les ha dejado en una situación muy comprometida.

Evergrande acumula una deuda superior a los 300.000 millones de dólares, y desde principios de año ha informado de su falta de liquidez. La contratación hace escasas semanas de dos compañías especializadas en reestructuraciones de deuda hizo saltar todas las alarmas. Esta semana no ha cumplido con el pago de intereses a dos de sus mayores acreedores bancarios, y en lo que resta de año debe atender a más de 90.000 millones para continuar con su actividad.

Los mercados esperan la intervención de un gobierno central, pero el silencio oficial sobre la situación de la empresa está desconcertando a los inversores. Los más pesimistas están comparando esta caída con la de Lehman Brothers, pero aquí la gran diferencia la encontramos en lo localizada que está la deuda. La mayor parte de la inversión pertenece a acreedores chinos, por lo que una eventual quiebra no arrastraría a otros territorios.

China es el mayor perjudicado de esta crisis, ya que el peso del sector inmobiliario sobre el PIB es del 25%. Solo en el mes de agosto, las ventas de viviendas cayeron más de un 20% ante temor de los inversores. Un enfriamiento de la actividad tendría repercusiones directas en el crecimiento y en el empleo, ya que la construcción es uno de los sectores que más empleo genera, solo en Evergrande trabajan más de cuatro millones de personas.

La banca es otra de las grandes preocupaciones, ya que es la soporta la mayor parte de la deuda de esta compañía, y del resto de las empresas del sector. Las principales entidades chinas también están sufriendo el rechazo de los inversores en un momento en el que el Banco Central está endureciendo la política monetaria.

Lo más curioso del caso es que Evergrande presentó unos beneficios durante el primer semestre del año de más de 1.500 millones de dólares, el problema se originó en el desfase que había en la valoración de sus activos. Aunque parece difícil que este caso pueda interrumpir el actual proceso de recuperación económica a nivel global, es otra muestra más de la fragilidad de la confianza de los inversores y de lo rápido e imprevisible con la que puede empezar una nueva crisis.

 

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