PMI EU

El sector manufacturero de la eurozona, en recesión

03 de octubre de 2022

El índice PMI del sector manufacturero de la zona euro, elaborado por S&P Global, cayó a 48,4 en septiembre, de 49,6 registrado en agosto, indicando un nuevo empeoramiento de las condiciones operativas de los productores. De hecho, el índice cayó hasta su nivel más bajo desde junio de 2020.

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Los niveles de producción industrial en la zona euro cayeron por cuarto mes consecutivo. El declive fue sólido en general y de una fuerza similar a la observada en agosto. Según las empresas encuestadas, la caída de la producción fue debido a una disminución de la demanda, aunque otras comentaron sobre el impacto adverso que está teniendo la continua escasez de suministros. En algunos casos, la producción de las fábricas se vio restringida ya que algunas empresas optaron por reducir el uso energético debido a los altos precios.
La desaceleración de los nuevos pedidos de fabricación continuó en septiembre y cobró ímpetu con respecto al mes anterior. En general, la disminución de la demanda fue la más pronunciada desde mayo de 2020 y reflejó un debilitamiento generalizado del deseo de compra de los clientes. Según informaron las empresas encuestadas, los altos precios disuadieron a los clientes de realizar compras, aunque otras empresas comentaron sobre el impacto adverso que está teniendo la incertidumbre económica.

Dado que el ritmo de contracción de los nuevos pedidos superó el de la producción, los fabricantes de la zona euro pudieron poner al día sus cargas de trabajo en septiembre. De hecho, el nivel de pedidos pendientes de realización cayó al ritmo más rápido en más de dos años. No obstante, el crecimiento del empleo continuó, pero disminuyó hasta su nivel más débil desde febrero de 2021.
Como muestra adicional de preocupación, los fabricantes de la zona euro redujeron sus compras de insumos por tercer mes consecutivo y al ritmo más rápido desde junio de 2020. Dicha reducción fue en respuesta a unas menores necesidades de producción y como parte de los esfuerzos para evitar un exceso de stocks en los almacenes. De hecho, los stocks de materias primas aumentaron una vez más en septiembre a pesar de la caída sostenida en la actividad de compra.

Según las firmas encuestadas, este hecho reflejó una mayor disponibilidad de materias primas, aunque otras mencionaron el aumento de stocks no intencionado debido a las bajas ventas. Mientras tanto, los retrasos en las entregas de los proveedores fueron los menos generalizados en casi dos años en septiembre, ya que la mejora en la disponibilidad de materias primas y la caída de la demanda ayudaron a aliviar las presiones de los proveedores. No obstante, las tasas de inflación de los precios pagados y de los precios cobrados se aceleraron en septiembre, (la primera vez que esto ha ocurrido desde el pasado mes de abril). Según los encuestados, el aumento drástico de los precios de la energía fue un factor clave responsable de la intensificación de las presiones de los costes. A su vez, las fábricas repercutieron el incremento de sus gastos a los clientes a través de aumentos más fuertes de sus tarifas cobradas.
Por último, el nivel de confianza empresarial volvió a caer en territorio negativo en septiembre. De hecho, los fabricantes de la zona euro registraron su nivel más pesimista desde mayo de 2020. Los encuestados atribuyeron su evaluación pesimista para los próximos doce meses al aumento de los costes de la energía, la actual guerra en Ucrania y el temor a una recesión.

De los países de la zona euro estudiados, Irlanda fue el único cuyo índice PMI manufacturero se situó en territorio de expansión en septiembre. Francia y Alemania, las dos economías más grandes de la zona euro, registraron los peores declives de las condiciones operativas del sector manufacturero al final del tercer trimestre, y sus respectivos índices PMI se situaron en sus niveles más bajos desde la primera ola de la pandemia de la COVID-19 en el primer semestre de 2020.

En S&P Global Market Intelligence destacan que, "excluyendo los confinamientos iniciales por la pandemia, los fabricantes de la zona euro no han experimentado un colapso de la demanda y la producción a esta escala desde el punto álgido de la crisis financiera mundial a principios de 2009".
"La desaceleración está siendo impulsada principalmente por el aumento vertiginoso del coste de vida, que está reduciendo el poder adquisitivo y afectando la demanda, pero los altos precios de la energía también están limitando cada vez más la producción de los fabricantes que hacen uso intensivo de energía", añaden.Y dan un aviso: "Parece que lo peor está aún por llegar, ya que los nuevos pedidos han disminuido a un ritmo significativamente más pronunciado que la caída de la producción. Parece que se prevén más recortes pronunciados de la producción en los próximos meses, a menos que la demanda se reactive".

Además, "la combinación del aumento de los costes y la caída de la demanda también ha hecho que las expectativas de las empresas para los próximos doce meses vuelvan a bajar drásticamente en septiembre, lo que a su vez ha llevado a una reducción de la compra de insumos y un menor crecimiento del empleo a medida que las empresas se preparan para un invierno duro. La crisis energética ha contrarrestado la disminución de las presiones inflacionistas debido a menores retrasos en el suministro en los últimos meses. La inflación de los precios pagados ha vuelto a acelerarse después de cuatro meses de atenuación de presiones de los precios, lo que ejerce una mayor presión alcista en la inflación de los precios al consumidor", dicen.

"Tememos que este sea el comienzo de una recesión más prolongada", apuntan en Pantheon Macroeconomics. Por su parte, en Oxford Economics comentan que "el factor principal detrás de la impresión negativa fue el reciente recrudecimiento de la crisis energética, que está provocando una fuerte caída de la demanda interna como muestra el deterioro de los nuevos pedidos. Las presiones inflacionarias se reactivaron después de unos meses de modesto enfriamiento. En general, la impresión de hoy respalda nuestras expectativas de un invierno difícil para el sector manufacturero, con una recesión industrial que podría empeorar en los próximos meses y presiones adicionales sobre los costos de los insumos".

El PMI español continuó en contracción en septiembre

Ante el contexto de inflación y una demanda "indecisa", según recoge el índice de gerentes de compra (PMI, por sus siglas en inglés), elaborado por S&P Global, la actividad de las fábricas españolas se mantuvo en territorio de contracción en el mes de septiembre.

En concreto, el índice se ha situado en los 49 puntos en el noveno mes del año, lo que supone un descenso de nueve décimas respecto al dato de 49,9 enteros de agosto. Cualquier dato por debajo de los 50 puntos supone contracción de la actividad, mientras que si se sitúa por encima equivale a expansión. S&P Global ha indicado que las fábricas tuvieron un mes «difícil» en septiembre debido a que la producción y los nuevos pedidos descendieron por la demanda y la inflación. Además, se registraron descensos en el nivel de empleo y la confianza a futuro descendió.
«El declive de los nuevos pedidos recibidos fue especialmente llamativo, y dado que las empresas también experimentaron un aumento simultáneo de los stocks de productos terminados, las perspectivas de producción a corto plazo son claramente moderadas», ha indicado el director económico de S&P Global Market Intelligence, Smith.

La producción de las fábricas registró en septiembre su mayor descenso desde junio de 2020 ante una caída de las ventas que estuvo «entre las más grandes desde los confinamientos iniciales por la pandemia en la primavera de 2020». La disminución de la producción y los nuevos pedidos llevaron a las empresas a reducir su actividad de compras en septiembre. La actividad de compras cayó por cuarto mes consecutivo y las empresas prefirieron, en la medida de lo posible, utilizar los stocks existentes para la producción. En este sentido, las fábricas también optaron por reducir sus plantillas.

La confianza de los gerentes de compras a futuro se volvió negativa por primera vez desde mayo de 2020 debido a la incertidumbre económica, la elevada inflación y el menor consumo.

 

 

 

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