La recuperación lastrada por el menor consumo y la escasa inversión

20 de diciembre de 2021

La economía española ha continuado ganando dinamismo en la segunda mitad de 2021, si bien la recuperación está siendo menos intensa de lo esperado. Algunos de los factores que están lastrando la recuperación son el menor vigor del consumo de las familias y de la inversión empresarial, la peor evolución de la demanda exterior neta y la lenta recuperación de los flujos turísticos.

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Todo ello en un contexto de aumento de los costes, no solo los laborales sino también de las materias primas, y notables cuellos de botella en la producción.
En este escenario, cabe destacar la situación del sector empresarial, que está haciendo un gran esfuerzo en contratación e inversión, al tiempo que sus costes se ven notablemente incrementados, reduciéndose de forma significativa los márgenes empresariales. En la parte final del año se observa una pérdida de dinamismo de la actividad, de forma que, en el cuarto trimestre, el PIB podría registrar un avance trimestral algo más moderado que el tercer trimestre, con lo que el crecimiento anual del PIB en 2021 no llegaría a alcanzar ni el 5%.
Con la llegada del otoño hemos asistido a un aumento de la incidencia acumulada de corona- virus, que viene a sumarse a otros factores que estaban ralentizando la actividad. Los cuellos de botella en las cadenas de suministro global se estarían reflejando en la actividad indus- trial. Además, las dificultades de entrega en la cadena logística o la baja demanda en los mer- cados principales están siendo también fuertes condicionantes en 2021. La falta de equipo y/o materias primas es, en la actualidad, la principal variable limitadora de la producción.
Uno de los principales factores de preocupación en el momento actual, y que no debe ser subestimado, es el incremento de la inflación que se está produciendo. En España, la infla- ción ha sufrido una notable aceleración a lo largo de 2021, situándose, en noviembre, en el 5,5%. El encarecimiento de los productos energéticos es el principal elemento inflacionista. También han desempeñado un papel importante los efectos base debidos a la acusada moderación en algunos componentes durante 2020. Las empresas afirman estar experimentan- do una presión creciente sobre los precios de sus consumos intermedios que, de momento, habrían trasladado solo muy parcialmente a sus precios de venta.
Uno de los efectos más preocupantes que podría derivarse del aumento de la inflación podría ser su traslación a los salarios. Sin embargo, hasta el momento los incrementos salariales están siendo moderados, gracias a que en los últimos años se ha reducido el porcentaje de convenios que incluyen cláusulas de salvaguarda. En el contexto actual, los factores que están elevando la inflación se prevén transitorios y las expectativas a medio plazo se man- tienen por debajo del objetivo del 2%, por lo que no se esperan subidas de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo, al menos hasta bien entrado 2023.
La evolución del mercado laboral a lo largo de 2021 ha sido muy favorable, de forma que la mejora del empleo en los últimos meses está siendo, incluso, más intensa que la recuperación de la actividad económica. En este sentido, hay que destacar que parece que el marco laboral actual está funcionando, contribuyendo a que la creación de empleo sea intensa frente a la recuperación de la actividad. Por lo tanto, todos aquellos cambios que se implementen sobre dicho marco deben realizarse con cautela para no perjudicar la mejora del mercado laboral. No obstante, este comportamiento más positivo del mercado laboral en comparación con la actividad también ha dado lugar a que se estén produciendo notables caídas de la productividad por trabajador, lo que, a la larga, puede perjudicar a la economía española.

Además, hay que realizar algunas matizaciones con respecto a la notable mejoría del merca- do laboral. En primer lugar, todavía permanecen en ERTE un número significativo de trabajadores, más de 100.000 personas a principios de diciembre. En segundo lugar, hay que des- tacar que la recuperación del empleo está siendo desigual por sectores. En tercer lugar, la creación de empleo no se está trasladando por completo a las cifras de paro, y la tasa de paro todavía es más elevada que la del mismo periodo de 2019. Y, en cuarto lugar, el empleo, en términos de personas, se está recuperando más intensamente que las horas trabajadas, que todavía están por debajo de los niveles previos a la crisis. Estos factores, junto con una recuperación económica menos intensa de lo esperado, obligan a mantener una nota de cautela sobre la evolución futura del mercado de trabajo, en un entorno de incertidumbres de diversa índole.
La economía española va a continuar su proceso de recuperación en 2022, pero su dinamismo se ha moderado sustancialmente en la recta final de 2021, condicionando el escenario previsto para el próximo año. En el IEE estimamos un crecimiento del PIB del 4,6% para 2021 y del 5,2% para 2022. Los factores que van a impulsar el crecimiento en 2022 son de diferente naturaleza, entre los que destacan los fondos europeos y su impacto positivo en la inversión empresarial; el tono expansivo de las políticas fiscal y monetaria; el ahorro embalsado de los hogares; y la recuperación del turismo.

Tras el verano, las nuevas fuentes de incertidumbre, cuyos riesgos asociados han cobrado un protagonismo creciente en la recta final de 2021, han sesgado a la baja el escenario previsto para este año y para 2022. El primero de estos riesgos es la propia evolución de la pandemia. En Europa se está produciendo un repunte muy significativo de los casos y ello podría afectar al turismo internacional, a nuestras exportaciones y también al suministro de componentes y otros productos.
Desde el punto de vista económico, uno de los principales riesgos es la inflación. Las repercusiones de una alta inflación son múltiples, entre las que sobresalen las siguientes: pérdida de poder adquisitivo de la renta familiar; aumento del gasto público, tipos de interés reales negativos, lo que perjudica al ahorrador; y merma de la competitividad de la economía española vía precios. Al aumento de precios hay que añadir las restricciones a la producción que, según el Banco de España, podrían provocar una reducción de la tasa de crecimiento del PIB de entre dos y tres décimas en 2021, y de entre cinco y nueve décimas en 2022.
Además del retraso de la puesta en marcha de los fondos europeos, hay que destacar la in- certidumbre asociada a la velocidad de ejecución de estos proyectos y al efecto multiplicador sobre la actividad.
Otro riesgo que se debe considerar es la situación de nuestras finanzas públicas, con un des- equilibrio fiscal que supera el -8% del PIB en 2021 y una deuda pública que se está consolidando en el entorno del 121% del PIB. Estos niveles de deuda pública elevan nuestra vulnerabilidad financiera y pueden suponer un serio obstáculo para consolidar la recuperación económica.
Hay que señalar que la recuperación de la economía española continúa con buenas perspectivas para los años 2021 y 2022, aunque con más riesgos e incertidumbres de los que se con- templaban hace unos meses. Tras la posible evolución de la pandemia, la inflación y las limitaciones a la producción son los principales riesgos económicos para que el crecimiento sea menos vigoroso, sobre todo si estos efectos se prolongan en el tiempo, a los que se debe añadir la incertidumbre regulatoria que afecta de lleno al ámbito empresarial y la propia evolución de la pandemia, que no da tregua. No obstante, el impulso de los fondos europeos a la inversión, del ahorro embalsado al consumo de los hogares y la recuperación del turismo mantendrán crecimientos dinámicos.
La recuperación económica que se ha producido tras la pandemia de la covid-19 está teniendo un factor común inesperado en la evolución de las distintas economías a nivel internacional, este es, la inflación. Esta reciente caracterización del comportamiento de los precios en las economías avanzadas y emergentes, más allá del efecto base de 2020, tiene su explicación tanto por un choque de oferta, como, en menor medida, por presiones de la demanda.

La reactivación de la oferta de bienes intermedios y de capital tras la crisis, así como el restablecimiento de los intercambios comerciales internacionales a través de distintos medios de transporte, se está realizando de forma gradual y heterogénea a través de toda la cadena global de valor. Este hecho, junto con otros de tipo geopolítico, está ocasionando una elevación del precio de las materias primas, especialmente las energéticas y las de aquellos bienes necesarios para la producción de otro tipo de bienes y servicios más cercano al con- sumo final de las empresas y de las familias. A este choque proveniente de la oferta, se le une el procedente de una demanda que se recupera, en términos generales, a un ritmo mayor que el de la producción y que encuentra en el embalse del ahorro acumulado durante la pandemia, en el mantenimiento de unas condiciones laxas de financiación y una política fiscal expansiva los estímulos necesarios para sustentar dicho crecimiento.
Este mayor aumento de los precios que el experimentado en otras fases recientes de recuperación de la actividad, fundamentalmente, en las economías avanzadas, más allá de estar siendo considerado por los principales bancos centrales, así como por distintas instituciones internacionales como transitorio, requiere de un análisis y supervisión constante por parte de estas autoridades económicas de cara a poder constatar el grado de afectación de estos condicionantes sobre la estabilidad en precios del conjunto de la economía.

La consecución de un marco de estabilidad en precios en el sistema económico permite alcanzar el necesario contexto de estabilidad macroeconómica y una mayor eficiencia de las políticas de oferta como factores determinantes del crecimiento potencial de la economía, así como una mejor efectividad de las políticas de demanda para graduar y compensar los efectos adversos que se puedan generar por las oscilaciones del ciclo económico. En este contexto, la estabilidad de los precios es una condición necesaria, aunque no suficiente, para alcanzar mejores condiciones de vida, ya que, entre otros motivos, contribuye a mejorar la transparencia de los precios relativos, reduce la prima de riesgo que se aplica a los tipos de interés por la inflación favoreciendo los procesos de inversión, minimiza las distorsiones que producen los sistemas fiscales y previene las redistribuciones arbitrarias de riqueza.
Hasta el momento, las perspectivas sobre la evolución de los precios en las principales economías avanzadas muestran, en su escenario central, la consecución de las mayores tasas de variación del índice general de precios de consumo a finales de 2021, seguida de una progresiva desaceleración de esta variación de precios a lo largo del siguiente ejercicio, situándose la inflación general en torno a los niveles del 2% a mediados de 2022.
Más allá de la persistencia de los factores mencionados con anterioridad, la incertidumbre sobre la consolidación de un proceso inflacionista se sustenta, dada la naturaleza del proceso de recuperación económica que está operando tras la pandemia, por el efecto que esta reciente evolución de la inflación tenga sobre las expectativas sobre los precios a largo plazo de los agentes, esto es, que estos incorporen, endógenamente, en sus decisiones una desviación continua de la inflación con respecto el objetivo marcado, de tal forma que se traslade una mayor presión adicional sobre los precios.
Este es uno de los principales riesgos que podría materializarse sobre la economía española en el corto plazo y poner en compromiso la consolidación de la recuperación de la actividad y del empleo, por lo que es preciso que las autoridades económicas contemplen las actuaciones más adecuadas para contener esta potencial inflacionista y, en todo caso, mantener una política nítida de comunicación que permita a los agentes ganar credibilidad sobre el compromiso con la estabilidad en precios en el medio y largo plazo y, de esta forma, reforzar el anclaje de sus expectativas sobre la inflación.

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