EL BdE REVISARA A LA BAJA EL CRECIMIENTO 202L

Hernández de Cos pide consenso para salir de la crisis

18 de mayo de 2022

En sus conclusiones, tras presentar el informe 2021 del banco emisor, el gobernado ha recordado que la economía española se encuentra inmersa en una coyuntura extremadamente incierta, que los retos estructurales que tiene por delante son de una enorme envergadura, y que el hecho de que tales retos estén estrechamente relacionados entre sí exige una estrategia integral de reformas ambiciosas con vocación de permanencia.

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Solo mediante una respuesta decidida de las políticas económicas a los múltiples desafíos de corto, medio y largo plazo que enfrenta la economía española seremos capaces de mantener una senda de crecimiento robusta, sostenida y que ofrezca oportunidades para todos en los próximos años. Esta respuesta debe ser, además, duradera en el tiempo, lo que exige grandes consensos políticos y sociales. Las incertidumbres generadas por la guerra en Ucrania y las que todavía persisten derivadas de la pandemia —dos eventos absolutamente extraordinarios— así lo demandan.


El año 2021 estuvo marcado por la superación de la etapa más aguda de la pandemia de COVID-19, la continuación de la recuperación económica y el fuerte repunte de la inflación a escala global. En un contexto en el que muchas economías, sectores, empresas y hogares aún no habían logrado recuperarse por completo de los efectos adversos de la crisis sanitaria, la invasión rusa de Ucrania a finales de febrero de este año ha supuesto una nueva perturbación negativa. Como consecuencia de ella, las perspectivas de crecimiento en el corto plazo se han revisado a la baja, especialmente en Europa, mientras que las presiones inflacionistas se han intensificado y se prevé que muestren una mayor persistencia que la que se anticipaba al comienzo del ejercicio.

El comportamiento de la actividad en los últimos trimestres
El avance en el proceso de vacunación, que comenzó a finales de 2020, permitió que a lo largo de 2021 se relajaran gradualmente —aunque con algunos altibajos— las medidas de distanciamiento social que la mayor parte de las principales economías mundiales, incluida la española, implementaron durante la fase más aguda de la pandemia. Ello favoreció que se prolongara la senda de reactivación de la actividad iniciada en el verano de 2020.
No obstante, esta recuperación se vio parcialmente obstaculizada por: i) las distintas vicisitudes por las que atravesó la situación sanitaria; ii) el fuerte repunte que experimentaron los precios energéticos, y iii) diversos elementos que limitaron la capacidad de la oferta para responder a una mayor demanda, impulsada no solo por la mejora de la situación epidemiológica, sino también por el apoyo extraordinario de las políticas económicas. Si bien el primero de estos factores constituyó, a medida que avanzaba 2021, un impedimento cada vez menor, los otros dos han venido condicionando de manera creciente el comportamiento económico.
En particular, aunque inicialmente el repunte de los precios se concentró en las materias primas y en los alimentos, y parecía presentar una naturaleza relativamente transitoria, en los últimos trimestres su intensidad ha venido sorprendiendo sistemáticamente al alza, se ha ido extendiendo al resto de los bienes y servicios en la cesta de consumo, y ha dado muestras de una mayor persistencia. En el mismo sentido, los cuellos de botella que, por diversos motivos, se han registrado en las cadenas globales de producción y de transporte a lo largo de los últimos trimestres no se han disipado a la velocidad que se esperaba, e incluso —con el estallido de la guerra en Ucrania y el empeoramiento reciente de la pandemia en China— han llegado a intensificarse en algunos casos.

En el caso de la economía española, la evolución epidemiológica en los primeros meses de 2021 todavía exigió el mantenimiento de medidas de contención de la enfermedad relativamente severas, que condicionaron el devenir de la actividad económica. Sin embargo, el avance en el proceso de vacunación permitió que en el segundo trimestre se iniciara una fase de mayor dinamismo. No obstante, dicho dinamismo se vio progresivamente atemperado por las alteraciones en las cadenas de suministros y por las alzas de los precios de las materias primas energéticas, factores a los que, en el tramo final del año, se unió la aparición de la variante ómicron del virus. Con todo, al cierre de 2021 el nivel de PIB de la economía española aún se encontraba 3,8 puntos porcentuales (pp) por debajo de sus registros prepandemia.
Al inicio de 2022, la superación del último rebrote de la pandemia y algún tímido indicio de alivio en los cuellos de botella parecían estar contribuyendo a atenuar los factores de riesgo que atenazaban la evolución de la actividad económica española. Las expectativas de un mayor dinamismo económico se apoyaban, además, en la ejecución de los fondos europeos y en la posible liberación del ahorro acumulado por los hogares durante la pandemia.

Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania, a finales de febrero, ha supuesto una nueva perturbación negativa que está afectando a la economía española, como a otras economías de nuestro entorno, a través de diversos canales. Entre estos canales, destacan el agravamiento de las presiones inflacionistas sobre las materias primas, el deterioro de la confianza de los agentes económicos y la ralentización del comercio internacional. Todo ello ha resultado en un notable empeoramiento de las perspectivas de crecimiento en el corto plazo y en una intensificación de las presiones inflacionistas. En particular, en el último ejercicio de proyecciones del Banco de España, publicado a principios de abril, se revisó a la baja la tasa de crecimiento del PIB en 2022 (hasta el 4,5%) y al alza la tasa de inflación promedio para el conjunto del año (hasta el 7,5%).
La información conocida después de la publicación de estas proyecciones, que incluye un crecimiento del PIB en el primer trimestre menor de lo previsto, apuntaría, en ausencia de perturbaciones adicionales, a una nueva revisión a la baja en la tasa de crecimiento del PIB esperada para el conjunto de este año. Por el lado de los precios, los nuevos datos apuntan, en comparación con las proyecciones realizadas en abril, a avances mayores del componente no energético y a un crecimiento algo más modesto del componente energético. Además, en los próximos meses el mecanismo ibérico para limitar el precio del gas y rebajar el de la electricidad —que ha sido recientemente aprobado en España y en Portugal, de acuerdo con la Comisión Europea— previsiblemente presionará a la baja los precios de la energía en nuestro país.
Si no se produjeran nuevas perturbaciones o un agravamiento de la guerra en Ucrania, esta eventual revisión de las proyecciones publicadas en abril seguiría siendo coherente con el mantenimiento de una senda de recuperación gradual en la economía española —que podría alcanzar los niveles de PIB previos a la pandemia en el tramo final de 2023— y con unas tasas de inflación que se mantendrían elevadas en los próximos meses, para posteriormente moderarse progresivamente. En todo caso, la incertidumbre sobre estas proyecciones es extraordinariamente alta.

Consolidación fiscal

El Banco de España tiene claro que es necesaria una estrategia de consolidación fiscal que permita al país reducir su déficit y su nivel de endeudamiento. No obstante, la institución es consciente de que el actual escenario, con la invasión rusa de Ucrania, los últimos coletazos de la pandemia y una recuperación que todavía no está consolidada no permiten que se produzca de forma inminente.

Pero "una vez que se hayan superado la pandemia y los efectos económicos adversos del conflicto de Ucrania", el Banco de España aboga por una "revisión integral del sistema tributario español" que incluya una subida de los impuestos que gravan el consumo, es decir, el impuesto sobre el valor añadido (IVA) y los impuestos especiales a hidrocarburos, alcohol, tabaco y electricidad.
En el informe anual de 2021, la institución que preside Pablo Hernández de Cos se apoya en la literatura académica para justificar que "existen ganancias potenciales, en términos tanto de eficiencia como de equidad, provenientes de otorgar un mayor peso relativo a la imposición sobre el consumo frente a la que grava la renta". El supervisor no entra a cuantificar el incremento de los ingresos que deberían garantizar los impuestos vinculados al consumo, pero cifra en un punto porcentual la capacidad de aumento, si se compara a España con el resto de países de la Unión Europea. Además, fuentes del Banco de España subrayan que tanto ellos "como otros expertos y el Libro Blanco de la reforma fiscal ponen de manifiesto que no es necesario ni conveniente hacer política redistributiva del IVA".


En definitiva, el Banco de España aboga por eliminar de forma progresiva los tipos reducido e superreducido del IVA para transitar hacia un tipo único. Esta medida iría en contra, por ejemplo, del cambio en la tributación de los productos de higiene femenina que actualmente están gravados con el tipo reducido (10%) al superreducido (4%). En esta línea, el supervisor respalda el objetivo de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) de evaluar si los beneficios fiscales cumplen su objetivo, con hincapié en los vinculados al consumo, porque "es el principal componente de los beneficios fiscales en nuestro país", defiende el BdE.
Esta no es el único cambio tributario por el que apuesta el Banco en su informe anual. De hecho, en el capítulo 4, presentado hace pocos días, ya instaba a crear nuevos impuestos medioambientales para avanzar en la transición ecológica. "Si al tiempo que aumentas la fiscalidad medioambiental, que te permite una mayor recaudación, reduces los impuestos al trabajo, que son muy distorsionadores, puedes llegar a tener un impacto positivo sobre la actividad", explicó Ángel Gavilán, director general de Economía y Estadística del Banco de España. "Los ambiciosos objetivos medioambientales asumidos por nuestro país apuntan a la necesidad de introducir nuevas medidas impositivas en la energía, los hidrocarburos y el transporte", insiste el documento.La aprobación del tope al precio del gas forzará al Banco de España a revisar también su proyección de inflación media para este año, en el 7,5%, en sus cálculos de abril. No obstante, la evolución de la inflación subyacente, que alcanzó el 4,4% en abril llevará a la institución a cuantificar algo por encima esta tasa en la que detectan "presiones al alza", frente a la presión a la baja del "mecanismo ibérico en la inflación general". El Banco de España ha detectado que entre junio de 2021 y marzo de 2022, el número de rúbricas que se encuentran por encima del 2% en términos de inflación ha pasado del 25% al 55% de ellas, lo que demuestra que la presión de los precios se ha trasladado de la energía a otros segmentos del IPC.

Ante esta situación, el supervisor aboga por la aprobación de un pacto de rentas plurianual que incluya a los pensionistas. No obstante, Gavilán señala que ya se ha producido ese pacto de forma "tácita", y es que el Banco de España detecta que se está produciendo una moderación de los márgenes empresariales. "Las empresas no están trasladando al precio final la totalidad del incremento de los costes", explica. En el mismo sentido, apunta que "los trabajadores están perdiendo poder adquisitivo" porque los aumentos salariales siguen por debajo de la inflación.

 

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