La economía de la eurozona se ralentiza

01 de agosto de 2022

Crédito y Caución prevé que el PIB de la zona euro crezca un 2,9% en 2022 y un 2,5% en 2023. Por mercados, las previsiones se han revisado a la baja en 0,4 puntos porcentuales en Alemania, España y Francia y al alza en 0,3 en Italia. La eurozona se enfrenta a una fuerte divergencia entre un sector industrial débil, plagado de cuellos de botella en la oferta, mayores costes de los insumos y un debilitamiento del sentimiento, y un sólido sector de servicios.

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El descenso de la demanda en Europa del Este pesa sobre las exportaciones de la zona del euro. De acuerdo con el último informe difundido por la aseguradora de crédito, el gasto en servicios repuntará en los próximos meses a medida que se normalice la actividad turística y hostelera. Sin embargo, en el sector manufacturero se acumulan los problemas. Los nuevos pedidos están empezando a caer y los plazos de entrega siguen siendo elevados, ya que los cierres en China están afectando al transporte de los principales insumos de producción. Las empresas también informan de una menor demanda de bienes, lo que refleja la reorientación del gasto hacia los servicios. Esta recuperación a dos velocidades implica que las economías industriales como Alemania tendrán previsiblemente un rendimiento inferior al de las economías más orientadas a los servicios. El comercio no contribuirá al crecimiento de la zona euro en los dos próximos años, ya que se prevé que su contribución sea nula en 2022 y 2023.

Crédito y Caución prevé que la inflación, en máximos históricos de los últimos dos años, disminuya ligeramente en el segundo semestre de 2022 hasta el 6,5%. De cara a 2023, se prevé que la inflación se sitúe en el 1,5%, en un contexto de caída de precios de la energía y los alimentos. Esta previsión pasa porque la guerra en Ucrania termine en 2022, y no haya restricciones al petróleo o al gas. En un escenario a la baja, con una guerra prolongada y el fin del suministro de gas ruso, la tasa de inflación se acercaría al 5,8% en 2023.
Dado que las presiones inflacionistas dan pocas señales de disminuir, el BCE se inclina por una política monetaria más restrictiva. El informe de Crédito y Caución prevé subidas de tipos en septiembre y probablemente en diciembre. Para contener la inflación, es probable que se necesiten más subidas de tipos en 2023. El BCE se esfuerza por contener tanto la inflación como los temores del mercado de bonos sobre las economías más débiles de la eurozona. Por ello ha anunciado que los bonos que venzan seguirán invirtiéndose en su totalidad, manteniendo el tamaño del balance del BCE sin cambios.

La rápida recuperación y la evolución de los ingresos impulsaron una importante reducción de los déficits públicos en 2021. El déficit público global de la eurozona se redujo del 7,2% en 2020 al 5,2% en 2021. Se prevé que el déficit siga disminuyendo en los próximos años y que la deuda pública de la eurozona, que aumentó hasta el 96% en 2021, disminuya en 2022 y 2023. La expansión económica contribuye positivamente al presupuesto económico a través de mayores ingresos. Se espera que esta evolución positiva anule los costes adicionales de las medidas destinadas a mitigar el impacto de los precios de la energía y la crisis humanitaria de Ucrania.

Europa, también se contrae

El índice PMI del sector manufacturero de la zona euro, elaborado por S&P Global, cayó por debajo del nivel de ausencia de cambios de 50 en julio, situándose en 49,8, frente a 52,1 registrado en junio, indicando la primera contracción de las condiciones generales del sector manufacturero en poco más de dos años. Con la excepción de los stocks de compras, cada uno de los subcomponentes del índice PMI tuvo una influencia direccional negativa en el resultado general.

La desaceleración se fortaleció en medio de una reducción de los nuevos pedidos que, aparte de las observadas durante las restricciones de la pandemia, fue la más fuerte desde la crisis de la deuda soberana de la zona euro en 2012, cuando la intensa inflación redujo la demanda. Esta caída más fuerte a nivel agregado de la zona euro reflejó un deterioro de las condiciones del sector manufacturero en las economías más grandes de la zona de la moneda única.

Alemania, Francia, Italia y España registraron lecturas por debajo del nivel de ausencia de cambios de 50 de sus respectivos índices PMI manufactureros en julio. Grecia también registró una contracción, la primera en poco más de un año y medio. Países Bajos fue el país con el mejor resultado al comienzo del tercer trimestre, aunque su crecimiento se desplomó hasta su mínima de 20 meses, mientras que solo Austria registró una lectura del índice PMI más alta que en junio, aunque su ritmo de expansión fue modesto.
La producción manufacturera de la zona euro cayó por segundo mes consecutivo en julio. El ritmo de declive se aceleró y fue el más pronunciado desde las primeras fases de la pandemia en mayo de 2020. Según las empresas encuestadas, la escasez de suministros siguió obstaculizando las operaciones de las fábricas, aunque otras observaron un aumento en los absentismos del personal debido a la COVID-19. Con la excepción de Países Bajos, todos los países de la zona euro estudiados registraron una caída de los niveles de producción en julio.

Otro lastre importante para la producción fue la demanda, ya que los nuevos pedidos cayeron fuertemente. De hecho, excluyendo las caídas observadas durante la pandemia, los volúmenes de la cartera de nuevos pedidos del sector manufacturero disminuyeron al ritmo más fuerte desde la crisis de la deuda soberana de la zona euro en 2012. Las empresas encuestadas destacaron con frecuencia el impacto destructivo que la inflación está teniendo en los volúmenes de nuevos pedidos recibidos. Según algunas de las empresas encuestadas, los niveles suficientes de existencias en los almacenes de los clientes debido a los esfuerzos de acopio anteriores también influyeron en las condiciones de la demanda. Los nuevos pedidos de exportación cayeron de manera similar, y a un ritmo más fuerte, en julio.

Mientras tanto, los últimos datos de la encuesta revelaron una mayor acumulación de stocks al comienzo del tercer trimestre, y tanto los niveles de stocks de insumos como de productos semielaborados aumentaron a un ritmo más rápido. De hecho, los stocks de productos terminados aumentaron en julio al ritmo más rápido en veinticinco años de recopilación de datos. No obstante, se observó que estos aumentos no fueron completamente intencionales, ya que las empresas encuestadas mencionaron cancelaciones de pedidos por parte de los clientes y plazos más largos para la entrega de los productos.

En consecuencia, la actividad de compras se redujo y señaló la primera disminución en la compra de insumos en casi dos años. También hubo algunos signos tentativos adicionales de que las presiones en las cadenas de suministro se aliviaron ligeramente a medida que los plazos de entrega se prolongaron al ritmo menos acentuado desde octubre de 2020. No obstante, el desempeño de los proveedores continuó empeorando considerablemente en general. La disminución de la presión en las líneas de producción también fue subrayada por los datos de los trabajos por completar, que señalaron la reducción más rápida de los pedidos pendientes de realización desde junio de 2020. El nivel de empleo siguió aumentando, aunque a la tasa más lenta en casi un año y medio.

Por su parte, los fabricantes de la zona euro se mostraron pesimistas en su evaluación de las perspectivas de crecimiento para los próximos doce meses, ya que el Índice de Producción Futura cayó por debajo del nivel de ausencia de cambios de 50.0. Las empresas mencionaron la alta inflación, la guerra en Ucrania, los futuros suministros de energía y los temores de recesión como algunas de las razones que generaron dicha perspectiva negativa.

No obstante, hubo cierta atenuación de las presiones de los precios en julio, ya que las tasas de inflación de los precios pagados y de los precios cobrados se redujeron hasta sus mínimas en diecisiete y quince meses respectivamente. A pesar de ello, las perspectivas de producción para los próximos doce meses cayeron en territorio pesimista por primera vez desde mayo de 2020 debido a las preocupaciones en torno a las cadenas de suministro, la guerra en Ucrania y la economía. En S&P Global Market Intelligence destacan que "los nuevos pedidos están cayendo a un ritmo que, excluyendo los meses de confinamiento por la pandemia, es el más pronunciado desde la crisis de la deuda de 2012, y es probable que la situación empeore". "La producción está cayendo a ritmos especialmente preocupantes en Alemania, Italia y Francia, pero ahora también está en declive en todos los demás países encuestados, excepto en los Países Bajos, e incluso en este país el ritmo de crecimiento se ha ralentizado considerablemente", añaden.

Señalan que "las ventas inferiores a las esperadas, reflejadas en los ritmos acelerados de declive de los nuevos pedidos y de las exportaciones, conllevaron al mayor aumento de los stocks de productos terminados sin vender jamás registrado por el estudio. En consecuencia, un número cada vez mayor de fabricantes está reduciendo la producción en línea con el entorno de demanda en declive, así como reduciendo tanto sus compras de insumos como la contratación de personal".

Consideran "una ventaja del entorno de demanda debilitado la atenuación de los problemas de suministro, ya que la incidencia de retrasos es ahora la más baja desde finales de 2020. Dicha mejora, a su vez, ha ayudado a reducir considerablemente las presiones de los precios en el sector manufacturero". "La excepción notable es la energía, donde aumenta la preocupación sobre el impacto de las limitaciones del suministro de gas en los próximos meses. La crisis energética se suma a los riesgos de que no solo una demanda más débil y la reducción de existencias hagan que la producción manufacturera disminuya a un ritmo mayor en los próximos meses, sino que la reducción del suministro de energía actuará como un lastre adicional para el sector".

El índice de confianza de los inversores está ya en terreno negativo

Se cierra un "periodo excepcional de elevada confianza y optimismo", explica la gestora internacional JP Morgan Asset Management, que ha especificado que la confianza en las bolsas pareció remontar ligeramente en los meses de abril y mayo, una recuperación "lógica" tras el "enorme" 'shock' que supuso en marzo la invasión de Ucrania.

El índice de confianza del inversor español se situó en el -0,21 en el segundo trimestre del año, el primer resultado negativo después de seis trimestres en niveles récord positivos, según el índice de confianza de la gestora internacional JP Morgan Asset Management. De esta forma, se cierra un «periodo excepcional de elevada confianza y optimismo», señala la firma, que ha especificado que la confianza en las bolsas pareció remontar ligeramente en los meses de abril y mayo, una recuperación «lógica» tras el «enorme» ‘shock’ que supuso en marzo la invasión de Ucrania.
«La tendencia al pesimismo en la renta variable era clara desde el máximo histórico alcanzado por el índice hace justo un año», ha señalado el ejecutivo de ventas para JP Morgan AM para España y Portugal, Francisco Márquez de Prado.

Entre los resultados del segundo trimestre del año, destaca la desaparición del Covid-19 de las respuestas. El número de inversores que se declara pesimista con respecto a la evolución de las Bolsas supone el 38% del total, 14 puntos más que hace seis meses y 20 puntos más que hace un año. En cuanto a la preferencia por las áreas geográficas donde las bolsas experimentarán mejor comportamiento en los próximos meses, se registra una evolución muy similar a la de los últimos trimestres: el 30,7% de los encuestados considera que Europa es el mercado más proclive a subir, seguido del estadounidense, destacado por el 24,2%, y el español, por el 21,3%.
El mercado asiático continúa perdiendo atractivo para los inversores españoles y entre el segundo trimestre de 2020 y este trimestre ha caído 16 puntos.

El contexto económico actual ha provocado un descenso de la intención de inversión directa en Bolsa de 1,6 puntos, en tanto que la caída en fondos de inversión y planes de pensiones ha sido de 1,5 y 1,2 puntos porcentuales, respectivamente, al igual que los activos inmobiliarios, con una caída de 1,2 puntos. Por el contrario, ha aumentado en 2,4 puntos el atractivo de los depósitos y las libretas o cuentas de ahorro remuneradas, así como el número de personas que dice que no invertirán en nada, que pasan a ser casi el 21% del total. Por último, en relación con la previsión de inversión a largo plazo para la jubilación, el estudio resalta el «escaso interés de un amplio número de ahorradores e inversores españoles» por ahorrar o invertir para completar su futura jubilación, con un 45% que dice no ahorrar nada para ello.
Del 55% que sí lo hace, la mayoría se decanta por planes de pensiones privados, en tanto que los fondos de inversión son la segunda opción más elegida, seguida de los planes de pensiones de empresa.

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