Los rusos ya están notando la guerra y las sanciones

03 de abril de 2022

Sin insulina, antidepresivos y estantes vacíos.. Los rusos pagan cara la invasión Faltan 80 especialidades para tratar el VIH, el cáncer o la hipertensión, pero también analgésicos y pañales. El acaparamiento, la escalada precios y la especulación ponen en riesgo las economías domésticas.

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Las sanciones impuestas por Europa y Estados Unidos al régimen de Vladimir Putin tras las invasión de Ucrania están pasando una dura factura a la economía rusa, pero sobre todo están teniendo un efecto devastador en el bolsillo de los ciudadanos y las pequeñas empresas. Los tipos de interés se han más que han duplicado, pasando del 9,5% al 20%; mientras el rublo ha caído en picado y es despreciado por Occidente, lo que complica al límite la compra de bienes extranjeros; y el coste deuda se ha disparado, lo que hace inviable cualquier crédito. El Kremlin está intentando frenar esta situación y ha puesto en marcha medidas para evitar el desabastecimiento, el acaparamiento, la especulación y que los precios sigan subiendo y ha frenado las exportaciones de productos básicos. Sin embargo, solo tendrán cierto efecto si el conflicto no se prolonga.

Rusia, que ambiciona numerosos territorios fuera de su frontera, está acostumbrada a las sanciones internacionales y tras la ocupación de Crimea en 2014 y la guerra del Dombás una parte de sus ciudadanos optó por tomar medidas para autoabastacerse, pero la iniciativa no frena el alza de precios ni tampoco que un número importante de productos, tanto básicos como prescindibles durante un tiempo, sean inaccesibles para el ciudadano medio. Faltan medicinas, alimentos y productos de primera necesidad en un contexto en el que cerca de 100.000 rusos, con diferentes cualificaciones, han perdido de forma directa el empleo por el éxodo de las empresas extranjeras, pero cientos de miles que lo han perdido o lo perderán de forma indirecta por el vínculo con estas empresas o por el cierre de sus negocios.

El Gobierno Putin busca a la desesperada medicamentos para tratar el cáncer, el asma, las artritis reumatoides, la diabetes o el VIH, pero también facilitar a los ciudadanos analgésicos, antidepresivos y antisicóticos, insulina o anticonceptivos orales. Es la conclusión de una encuesta independiente realizada por DSM Group para el diario económico 'Vedomosti', una publicación que hasta 2020 era reconocida por su objetividad pero que el pasado año fue comprada por dos empresarios cercanos al Kremlin. Diazepam, Nurofen infantil, Ibuprofeno, Paracetamol, CoAprovel -para la presión arterial- o Fareston -antitumoral- han desaparecido de los estantes de las farmacias, los médicos ya no tienen acceso a ellos y de los dos últimos ni siquiera hay sustitutos.

Las compras de medicinas se han duplicado y la desfasada industria farmacéutica rusa podría quedarse sin componentes importados Los sanitarios rusos echan en falta hasta 80 especialidades básicas, según la macroencuesta, un desabastecimiento que Putin tratará de paliar, en una mínima parte, comprando en el 'mercado negro'. Mientras, diversos diarios y agencias independientes se hacen eco de la situación a través de testimonios y estudios independientes, citan la falta de insulina como especialmente preocupante, pero en buena medida debido al acaparamiento. Solo en los 15 días después de la invasión las compras de fármacos se duplicaron con respecto a las realizadas en todo el mes de enero. Nuevamente, la situación podría realmente agravarse si no hay una salida pactada al conflicto, puesto que la desfasada industria farmacéutica rusa podría quedarse sin materias primas y componentes importados.

La producción de medicamentos del 'gigante' ruso es muy limitada en comparación con otros sectores y el país es prácticamente dependiente de las importaciones de medicamentos europeas y estadounidenses, que realizan grandes inversiones en investigaciones y desarrollos de productos. Las sanciones occidentales por la invasión de Ucrania han hecho que la alemana Bayer o la estadounidense Eli Lily hayan decidido limitar al máximo las exportaciones y dejar de operar en Rusia. Otras, como la danesa Novo Nordisk o la suiza Novartis, seguirán facilitando algunos de sus medicamentos imprescindibles, aunque han paralizado las inversiones y la investigación en el país. Mientras, la británica GSK seguirá suministrando medicamentos y vacunas en Rusia, pero no hará ensayos clínicos. Todas aseguran que no deberían faltar fármacos esenciales.

La falta de medicamentos es especialmente grave en un país con 144 millones de habitantes y en el que el 13% de la población es pobre, y su escasez ha hecho que suban los precios de los disponibles y con un rublo totalmente devaluado. El Ministerio de Salud ruso ha elaborado una lista de 39 medicamentos contra el cáncer que escasearán, pero su posible sustitución será con fármacos locales que se utilizaban hace más de dos décadas y ni siquiera son similares. También los mercados y supermercados -muchas empresas se han marchado- han dejado de recibir algunos productos, desde azúcar, a pañales, compresas, productos de limpieza o trigo sarraceno, aunque Rusia es capaz de casi autoabastecerse de otros habitualmente demandados por los ciudadanos.
También han dejado de llegar algunos productos que Rusia no es capaz de producir, como el aceite de oliva, procedente de Italia, España y Grecia; café, alimentos elaborados y frutas. El Gobierno de Putin insiste en que faltarán productos no básicos, pero los precios ya se han disparado por la especulación, y el Kremlin tratará de frenar el desabastecimiento con la prohibición de exportar azúcar blanco y sin refinar, de trigo, centeno, cebada y maíz a los países 'amigos' de la Federación Rusa. Mientras, el desplome del rublo y la subida de la inflación, así como a la retirada del mercado ruso de las empresas extranjeras, ha aumentado entre un 20% y 30% el precio de electrodomésticos, electrónica y automóviles. Por su parte, los más de 12 millones de extranjeros que hay en Rusia no pueden sacar de los cajeros sus divisas y se ven obligados a solicitar rublos, en un contexto insostenible que ha obligado algunos a marcharse.

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