El coste de la “emisión cero” saldrá muy caro

25 de enero de 2022

Según el informe Cero Emisiones Netas: lo que costaría, lo que podría aportar elaborado por McKinsey & Company, el gasto de capital en activos físicos ascendería a unos 275 billones de dólares hasta 2050 (9,2 billones de dólares al año) o una subida de 3,5 billones de dólares sobre el gasto actual anual, a medida que se reduzcan las actividades de altas emisiones y aumenten las de bajas emisiones.

Compartir en:

El informe señala que “es posible que sea necesaria una amplia reasignación de mano de obra, con unos 200 millones de puestos de trabajo directos e indirectos nuevos y 185 millones perdidos para esa fecha por la transición a cero emisiones. El gasto se concentraría en la fase inicial: en activos físicos pasaría del 6,8% del PIB actual al 8,8% entre 2026 y 2030, para ir cayendo después.
Los sectores más expuestos, según el estudio, serían aquellos con productos u operaciones de altas emisiones (energía, industria, agricultura y movilidad, entre otros), que representan hoy el 20% del PIB mundial. Otro 10% corresponde a sectores cuyas cadenas de suministro tienen altas emisiones, como la construcción. Los hogares de bajos ingresos pueden ser los más afectados por el mayor coste de la electricidad a corto plazo y por el coste de adquirir productos de bajas emisiones, como nuevas calefacciones o coches eléctricos.
La transición será desigual por regiones: aquellas economías basadas en los servicios, entre ellas España, y con un PIB per cápita alto, tienen una exposición global baja a los ajustes de la transición. Por el contrario, los países con menor PIB per cápita muestran una mayor exposición a la transición. Esto se debe a que una parte relativamente mayor de sus puestos de trabajo, su PIB y su stock de capital se encuentran en sectores más expuestos, como la industria manufacturera, la agricultura y la energía basada en combustibles fósiles. Entre los países más expuestos se encuentran Bangladesh, India, Kenia y Nigeria.

A pesar de la magnitud de los cambios necesarios, los costes y trastornos derivados del aumento de los riesgos físicos o de una transición desordenada serían probablemente mucho mayores. La transición conlleva riesgos, como la escasez de energía y el aumento de los precios si no se gestiona bien, subraya Mckinsey. Si se retrasa o se hace de forma abrupta, la transición aumentaría el riesgo de bloqueo de recursos y despidos de trabajadores. Sin embargo, los resultados serían mucho peores si no se tomara ninguna medida. “Una transición ordenada ofrece oportunidades de crecimiento y beneficios a largo plazo más allá de la descarbonización (..) Y reportaría beneficios, entre ellos el potencial de una disminución a largo plazo de los costes energéticos, la mejora de la salud y la conservación del patrimonio natural”. Las acciones de empresas y gobiernos individuales, junto con el apoyo coordinado a los sectores, países y comunidades más vulnerables, podrían facilitar los ajustes económicos y sociales que serán necesarios”, señala Eceiza, socio de McKinsey.
En estos momentos, el 65% del gasto en energía y suelo se destina a productos de altas emisiones. En el futuro, el 70% irá a productos de bajas emisiones e infraestructuras de apoyo. La transición dependerá. en definitiva, “del compromiso de las empresas, los gobiernos, las instituciones y los individuos”.

 

Compartir en:

Crónica económica te recomienda