FMI: nuevo recorte del crecimiento español

26 de julio de 2022

El Fondo Monetario Internacional ha recortado en 0,8 y 1,3 puntos porcentuales las proyecciones de avance para el PIB español en 2022 y 2023. En consecuencia, el producto interior bruto crecería un 4% este año y un 2% el ejercicio próximo, frente a los respectivos 4,8% y 3,3% que el fondo preveía hace tan solo tres meses.

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Las nuevas previsiones del FMI son algo más pesimistas que las nuevas proyecciones del Gobierno, recogidas en la actualización del cuadro macroeconómico para 2022 y 2023 presentado también este martes. El Ejecutivo, en concreto, confía en un avance del PIB del 4,3% durante este ejercicio y en otro del 2,7% en 2023, tres y siete décimas más, respectivamente. El panorama que dibuja el fondo, común para todo el mundo, vislumbra más inflación y una desaceleración del crecimiento en todas las economías tras una etapa de mayor gasto público a causa de la crisis sanitaria. Por eso, como receta genérica para todos los países, el FMI recuerda que la balanza tendrá que compensarse "con impuestos más altos o con un gasto público más bajo".

La revisión que lleva a cabo el organismo que dirige Georgieva es común al resto de grandes economías. El crecimiento del PIB en los países avanzados perderá fuelle en forma de ocho décimas y un punto porcentual menos, de nuevo en 2022 y 2023. Dentro de este grupo destacan los recortes el año próximo en Estados Unidos y Alemania, que crecerán 1,3 y 1,1 puntos porcentuales menos de lo esperado, con avances del 1% y el 0,8%. La Eurozona, por su parte, crecerá un 2,6% y un 1,2% en el mismo periodo, 0,2 y 1,1 puntos menos. Tal y como explica el FMI, la recuperación iniciada en 2021, y que poco a poco parecía coger ritmo, ha ido ensombreciéndose a medida que los riesgos que amenazaban las perspectivas comenzaban a materializarse. "Varios shocks han afectado a una economía mundial ya debilitada por la pandemia", señala el fondo. A un lado, "una inflación superior a la esperada en todo el mundo, especialmente en los Estados Unidos y las principales economías europeas, ha provocado condiciones financieras más estrictas". Al otro, se ha producido una desaceleración peor de lo anticipado en China, que refleja los brotes y bloqueos ocasionados por el Covid-19. Sin olvidar, recuerda el FMI, los efectos secundarios negativos de la guerra en Ucrania.

Por todo ello, prevé el fondo, la inflación seguirá en cotas "obstinadamente altas", sin recuperar los niveles previos a la pandemia hasta que termine el año 2024. En concreto, se prevén avances del índice de precios al consumo (IPC) mundial del 8,3% en 2022 y del 5,7% en 2023, un total de 0,9 puntos porcentuales más de lo previsto en abril en cada uno de los dos ejercicios analizados. En las economías avanzadas, la inflación alcanzaría el 6,6% y el 3,3%, mientras que en los mercados emergentes ascendería al 9,5% y al 7,3%. Los riesgos, sin embargo, podrían conducir a una situación peor de la esperada. El fondo reconoce que hay que contar con la posibilidad de que se produzca una "parada repentina" de las importaciones europeas de gas desde Rusia, con las implicaciones obvias que ello supondría para la economía comunitaria. En paralelo, unas condiciones financieras mundiales más estrictas "podrían generar sobreendeudamiento en las economías de mercados emergentes y en desarrollo".

En esta situación, el fondo deja claro cuáles deberían ser las prioridades de los Gobiernos, organismos y bancos centrales. "Con el aumento de los precios, que sigue reduciendo los niveles de vida en todo el mundo, controlar la inflación debería ser la primera prioridad para los responsables de la formulación de políticas", apunta. "Una política monetaria más estricta inevitablemente tendrá costes económicos reales, pero la demora solo los exacerbará". En este punto, un apoyo fiscal específico puede ayudar a amortiguar el impacto en los más vulnerables, pero con los presupuestos gubernamentales estirados por la pandemia y la necesidad de una postura de política macroeconómica general desinflacionaria, "dichas políticas deberán compensarse con impuestos más altos o un gasto público más bajo".

CAIXABANK: La economía española ralentiza su marcha

La economía mantiene el buen tono gracias al turismo y a la resiliencia del mercado laboral, pero los PMI apuntan a una ralentización de la industria y los servicios, comenta el departamento de Estudios de CaixaBank en su último boletín mensual

La economía española mantiene un buen ritmo de avance pese al contexto adverso, impulsada por el consumo de los hogares y el turismo, lo que se está plasmando en un buen desempeño del mercado laboral. De todas formas, el shock en inflación está siendo más intenso y persistente, tanto por los mayores precios de la energía y materias primas como por los efectos indirectos al resto de la cesta de bienes. Esta persistencia de la inflación en cotas elevadas está llevando a los bancos centrales a un mayor endurecimiento de las condiciones financieras de lo que preveíamos. En este contexto, en el que además se mantienen numerosas fuentes de incertidumbre en la esfera geopolítica, las perspectivas a medio plazo se han visto ensombrecidas. Así, revisamos a la baja la previsión de crecimiento del PIB para 2023, y al alza las de inflación tanto en 2022 como en 2023. En cuanto al PIB, los dos factores subrayados –mayor persistencia de la inflación y endurecimiento de las condiciones financieras– han llevado a una revisión a la baja del crecimiento en 2023 de 1,4 p. p. hasta el 2,4%, de forma que el PIB recuperaría los niveles prepandemia en la segunda mitad de 2023.

Revisión al alza de la inflación

Para el año 2022, esperamos subidas más elevadas en los precios de alimentos, bienes industriales y servicios, empujados por los efectos indirectos de la inflación energética, el auge de la demanda turística y un impacto de los cuellos de botella más persistente. Así, prevemos una inflación del 8,0% para el conjunto del año (+1,2 p. p. respecto al escenario anterior). Esta previsión se ha realizado incorporando el dato de inflación adelantado de junio, del 10,2%, que ha supuesto una sorpresa al alza significativa con respecto a nuestras previsiones anteriores, impulsada por el repunte del precio de los alimentos y de los carburantes. De cara a 2023, la revisión es sustancial y prevemos una inflación media en el año del 2,6% (1,1% anteriormente) debido a una dinámica inflacionista de alimentos y componentes núcleo (servicios y bienes industriales) más persistente.

El fin de las restricciones está llevando en volandas al sector turístico. En particular, cabe destacar que, en mayo, el gasto turístico internacional fue de 8.000 millones de euros, tan solo un 1,4% por debajo de mayo de 2019, lo que mejora lo visto el pasado mes de abril (–2,2%) en el que la temporada de Semana Santa ya fue muy positiva. Este dato apunta a una temporada turística dorada en verano, habida cuenta de que 2019 fue un año excepcionalmente bueno para este sector. Por lo que se refiere al mercado laboral, los datos de junio volvieron a ser muy positivos: la afiliación a la Seguridad Social creció en 76.948 trabajadores en términos desestacionalizados (33.336 en mayo). En el conjunto del 2T, el crecimiento intertrimestral de los afiliados desestacionalizados que no están en situación de ERTE fue del 1%. Asimismo, nuestro indicador de tarjetas apunta a una recuperación del consumo, tras el retroceso del 2,0% intertrimestral en el 1T. La nota discordante la pusieron los índices PMI de junio. El de servicios retrocedió 2,5 puntos, y se situó en 54,0 puntos. El sector manufacturero se volvió a ver afectado por el aumento de los precios de los insumos y por los cuellos de botella en las cadenas de suministro globales y el PMI de manufacturas descendió hasta los 52,6 puntos, 1,2 puntos menos que en mayo. Si bien se trata de un registro superior al nivel indicativo de crecimiento (50 puntos), denota una moderación en el ritmo de expansión del sector debido a una ralentización del crecimiento de la producción y a una caída en los nuevos pedidos.

Mercado inmobiliario: elevado crecimiento de los precios en 2022, pero enfriamiento a la vista

La pujante demanda en combinación con el aumento del coste de materiales y la escasez de oferta ha llevado a una subida significativa de los precios de la vivienda en el 1T (8,5% interanual según el INE y 6,7% según el MITMA). Estos resultados, por encima de lo previsto, nos llevan a aumentar el crecimiento previsto del precio de la vivienda basado en tasaciones hasta el 6,0% en 2022 (3,5% anteriormente). No obstante, en los próximos trimestres, algunos de los factores que han estimulado la demanda irán perdiendo impulso (menor crecimiento de la renta disponible real de los hogares y el aumento de los tipos de interés), por lo que la demanda y los precios tenderán a moderarse. Así, en 2023 hemos revisado a la baja el crecimiento previsto del 3,2% inter­­anual al 2,2%.

El nuevo plan de choque de Sanchez tendrá impacto en el déficit

El Gobierno ha anunciado un nuevo plan para mitigar el impacto de la elevada inflación sobre las familias. Este plan está dotado con 9.100 millones de euros y combina la prolongación hasta diciembre de las medidas que se tomaron en abril y que expiraban en junio –principalmente, bonificación de 20 céntimos por litro de combustible para todos los usuarios (coste fiscal de 4.000 millones), las rebajas fiscales sobre la electricidad (minoración de ingresos de 3.600 millones)– y un conjunto de nuevas medidas destinadas a las familias más vulnerables (cheque de 200 euros a rentas bajas, descuentos en transporte público desde septiembre y aumento temporal del 15% de las pensiones no contributivas). El impacto en déficit de estas medidas será del 0,5% del PIB. Con todo, el espectacular tirón de la recaudación tributaria (crecimiento interanual en términos homogéneos entre enero y mayo del 16,2%) y la resiliencia del mercado laboral actúan de contrapeso, de forma que mantenemos la previsión de déficit público en el 5,5% para 2022.

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