UNA RECUPERACIÓN INCOMPLETA EN UN CONTEXTO INCIERTO

18 de mayo de 2022

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• La recuperación de la actividad, que comenzó en el verano de 2020, tras la fase más aguda de la pandemia, prosiguió en 2021 y al inicio de 2022.
• Sin embargo, ha sido una recuperación incompleta y rodeada de incertidumbre. En particular, la actividad económica se ha visto obstaculizada por las sucesivas olas de la pandemia, la aparición de alteraciones en las cadenas de suministro globales, el fuerte repunte de la inflación y, ya en 2022, el inicio de la guerra en Ucrania.
• La reactivación económica ha sido, además, heterogénea por áreas geográficas y ramas de actividad. La estructura productiva —en términos del peso de los sectores más expuestos a la interacción social y a las cadenas globales de suministro—, el acceso diferencial a las vacunas y la distinta capacidad de apoyo de las políticas económicas explican gran parte de las notables diferencias entre economías en el grado de recuperación de los niveles de PIB previos a la crisis.
• En Estados Unidos se superó, en la primera mitad de 2021, el nivel de actividad previo a la pandemia. Sin embargo, en el conjunto del área del euro, esto no ocurrió hasta el final del año. En las economías emergentes, la reactivación económica se ha visto lastrada, en general, por el retraso relativo en el proceso de vacunación.
• La evolución del comercio internacional de bienes, que ya había sobrepasado los niveles prepandemia a finales de 2020, ha mostrado cierta diversidad por regiones. Su ritmo de expansión fue relativamente modesto en las principales economías avanzadas, en cuya estructura productiva tienen más peso las industrias más afectadas por las alteraciones en las cadenas de producción globales. En Europa, la evolución del comercio estuvo marcada, además, por la salida del Reino Unido del mercado único.
• Desde comienzos de 2021, el aumento en los precios de las materias primas y las alteraciones en las cadenas de aprovisionamiento están conduciendo a un repunte de la inflación, que es generalizado por áreas geográficas y que ha sorprendido por su elevada intensidad y persistencia. La guerra en Ucrania ha agravado estas tensiones inflacionistas, cuyas causas se analizan en el capítulo 3 de este Informe.
• Las expectativas de una retirada de estímulos monetarios más rápida de lo anticipado ante el repunte inflacionista y el aumento de la aversión al riesgo tras el estallido del conflicto bélico en Ucrania han endurecido las condiciones financieras globales desde principios de 2022, en particular en los mercados emergentes.
Luces y sombras de la recuperación en España
• El PIB de la economía española creció un 5,1 % en el conjunto de 2021. El avance del producto continuó en el primer trimestre de 2022, si bien a una tasa intertrimestral del 0,3 %, sensiblemente inferior a la registrada en el último trimestre del año pasado (del 2,2 %).
• Con todo, en el primer trimestre de este año, el nivel de actividad de la economía española se situó 3,4 pp por debajo del observado antes del comienzo de la pandemia, mientras que, en el conjunto del área del euro, el PIB rebasó en 0,4 pp su nivel precrisis.
• Desde el punto de vista de los componentes de la demanda, el rezago de España en la recuperación es atribuible a las exportaciones de servicios, el consumo privado y la inversión en vivienda.
• Desde la perspectiva de las ramas de actividad, la brecha que existe con el resto del área del euro refleja, fundamentalmente, la especialización de la economía española en los sectores más afectados por la pandemia (en particular, en los relacionados con la actividad turística). Estas ramas han registrado, además, un comportamiento más desfavorable en España que en el conjunto del área del euro.
• En cualquier caso, en el transcurso de 2021 se produjo un intenso proceso de rotación sectorial de la actividad en la economía española. En particular, en las ramas de hostelería y ocio la actividad fue cobrando un mayor dinamismo conforme la vacunación iba permitiendo levantar las medidas de contención frente a la pandemia.
• A la vez, las dificultades para el abastecimiento de algunos insumos y su encarecimiento moderaron, en la segunda mitad del año, la recuperación de la industria y la construcción.
• Por componentes de la demanda, el consumo de los hogares experimentó una recuperación significativa, aunque insuficiente para retornar a los niveles previos a la pandemia, en un contexto en el que la tasa de ahorro disminuyó, pero siguió siendo relativamente alta.
• El avance de la inversión productiva privada, relativamente elevado, se vio moderado por varios factores, que incluyen la persistencia de las incertidumbres ligadas a la pandemia, los cuellos de botella o el aumento de los costes energéticos.
• La demanda externa contribuyó positivamente al avance del PIB. Las exportaciones turísticas se recuperaron de forma gradual, pero intensa, según se iban relajando las restricciones a la movilidad internacional. Por el contrario, el dinamismo de los flujos del comercio de bienes se vio limitado por los cuellos de botella.
• Las cuentas públicas siguieron mostrando un desequilibrio elevado en 2021, aunque la reducción del déficit fue significativa. En particular, pudo observarse una moderación del crecimiento del gasto público, debido a la reducción de los desembolsos relacionados con la pandemia. Por su parte, los ingresos públicos manifestaron un mayor dinamismo del que sugiere la evolución de las variables macroeconómicas que aproximan sus bases de recaudación.
• El proceso de recuperación del empleo fue muy intenso a lo largo de 2021, aunque con diferencias notables por ramas. Al inicio de 2022 ha mostrado alguna señal incipiente de menor vigor.
• Como en otras áreas geográficas, los precios de consumo se han acelerado de forma significativa desde el comienzo del año pasado. La mayor parte del aumento de la inflación es atribuible al encarecimiento de la energía, pero, más recientemente, también se ha incrementado el ritmo de crecimiento de los precios del resto de los componentes.
• En todo caso, la traslación de la subida del coste de los inputs productivos a los precios no energéticos ha sido, por el momento, parcial.
• La guerra en Ucrania ha dado lugar a un encarecimiento adicional de la energía y ha reforzado algunas de las distorsiones de las cadenas globales de valor. Ello confiere una mayor persistencia al fenómeno inflacionista, con el consiguiente riesgo de que pueda darse el fenómeno de retroalimentación entre precios y salarios conocido como «efectos de segunda vuelta».
• Por su parte, las condiciones financieras, que se habían mantenido holgadas a lo largo de 2021, han comenzado a endurecerse en los primeros meses de este año.

La economía española ante las incertidumbres
• Los efectos directos de la guerra en Ucrania sobre el comercio exterior español deberían ser modestos, dado el tamaño también reducido de los flujos comerciales bilaterales con Rusia y Ucrania.
• Sin embargo, previsiblemente, los efectos indirectos serán significativos.
• En concreto, la guerra afectará negativamente a la actividad en España a través de un encarecimiento adicional de las materias primas (con el riesgo añadido de que lleguen a producirse interrupciones en el suministro de algunos de estos insumos), de su incidencia sobre la confianza de hogares y empresas, del daño al comercio mundial y del endurecimiento de las condiciones de financiación.
• En este sentido, cabe esperar que la economía española sufra, como consecuencia de la guerra, un retraso en el proceso de recuperación gradual en el que estaba inmersa.
• En las proyecciones más recientes del Banco de España, del pasado mes de abril, se preveía que, en 2022, el PIB creciera un 4,5 % y la inflación se situara en el 7,5 % en promedio anual.
• La información conocida después de la publicación de estas proyecciones, que incluye un crecimiento del PIB en el primer trimestre menor de lo previsto, apuntaría, en ausencia de cualquier consideración adicional, a una revisión a la baja en la tasa de crecimiento del PIB esperada para el conjunto de este año. Asimismo, por el lado de los precios, los nuevos datos apuntan, en comparación con las proyecciones realizadas en abril, a avances mayores del componente no energético.
• En todo caso, de cara a los próximos trimestres, las perspectivas para la economía española —y para otras economías de nuestro entorno— están sometidas a una extraordinaria incertidumbre, afectadas por aspectos macrofinancieros, geopolíticos y sanitarios de muy diversa índole y severidad.
• En 2021, las políticas económicas siguieron proporcionando un apoyo notable a la actividad, tanto a escala global como en España. Pero la prolongación e intensificación del repunte inflacionista hizo que, en el curso del año pasado, algunas de estas políticas comenzaran a dar sus primeros pasos hacia la normalización.
• Con este trasfondo, en los últimos meses el BCE ha venido avanzando en el proceso de normalización de su política monetaria. Asimismo, ha enfatizado que, en un contexto extraordinariamente incierto, y siempre que las expectativas de inflación a medio plazo en la UEM permanezcan ancladas en torno a su objetivo del 2 %, su respuesta de política monetaria estará sujeta a la evolución de los indicadores económicos, será gradual y mantendrá toda la opcionalidad y flexibilidad que le proporcionan sus distintos instrumentos.
• En el ámbito nacional, los ERTE y los programas de avales crediticios del ICO han sido eficaces, durante la pandemia, para favorecer la reincorporación al empleo y mitigar el impacto de las restricciones a la actividad sobre la liquidez de las empresas. Por su parte, el programa de ayudas directas a pymes habría contribuido a corregir una parte reducida de los problemas de solvencia que, como consecuencia de la crisis sanitaria, surgieron en estas empresas.
• Tras el estallido de la guerra, una vez más, la política fiscal debe tratar de minimizar los efectos económicos y sociales adversos de una perturbación negativa de carácter exógeno. En cualquier caso, es imprescindible que las medidas que se desplieguen en este ámbito para apoyar a los hogares y las empresas estén focalizadas en los colectivos más vulnerables y tengan una naturaleza temporal.
• Más allá de la respuesta de la política fiscal, un pacto de rentas entre los agentes sociales de nuestro país contribuiría a evitar que se desencadene una espiral de incrementos de precios y costes, que solo agravaría los efectos nocivos que se derivan del episodio inflacionista actual y del conflicto bélico en Ucrania. En particular, a través de este pacto, empresas y trabajadores acordarían compartir la inevitable merma de renta de la economía nacional que implica el aumento de los precios de las importaciones de materias primas.

 

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