El turismo tiembla

25 de febrero de 2022

Tras dejar atrás los peor de la sexta ola, el sector encaraba la Semana Santa como el inicio de su recuperación y la guerra hace que las dudas vuelvan a apoderarse del sector. De momento, lo que es seguro es que el turismo ruso previsiblemente desaparecerá.

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En términos de volumen, Rusia nunca ha sido uno de los principales destinos emisores, pero sí destaca por el alto nivel de gasto que genera. En 2019, el último año sin pandemia, llegaron algo más de 1,3 millones de viajeros procedentes de ese país, lo que representa el 1,3% del total. Si bien la cifra dista con diferencia de otros mercados como Alemania Reino Unido o Francia, su presencia era más que notoria en cuanto a impacto económico en determinadas zonas de la costa española. Como muestra de botón, los rusos gastaron de una media diaria de 175 euros al día en su viaje durante 2019, frente a los 136 euros de británicos o los 138 euros de los alemanes. La cifra incluso se llegó a disparar en 2020, cuando se situó en los 198 euros, según recoge el INE.

En 2021 pisaron suelo español más de 133.000 personas procedentes de ese país (14,1%), cifra distorsionada por el hecho de que las autoridades españolas solo dejan entrar a todos aquellos visitantes que hayan recibido la pauta completa de una vacuna reconocida por la Agencia Europea del Medicamento (EMA) o la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por el momento, Sputnik no cuenta con el plácet de Bruselas, lo que condujo a agencias de viajes rusas a organizar viajes a Croacia en busca de una inyección que les abriera las puertas del Europa occidental.
“Si el conflicto es de corta duración, el impacto sobre los movimientos turísticos hacia España no tendrían por qué verse afectados”, señala a este medio el presidente de Exceltur, Zoreda, quien advierte de que si, por el contrario, el enfrentamiento armado se prolonga y se genera “una grave sensación de inestabilidad entre Rusia y la UE” podría generar un “efecto disuasorio” sobre la movilidad y los viajes intraeuropeos que repercutiría directamente en una caída de ingresos y de la demanda turística. Todo un jarro de agua fría para un sector castigados por los sobresaltos de los últimos 24 meses.

En este sentido, el foco está puesto en Cataluña, región que concentra alrededor 60% de la demanda, seguida de la Comunidad Valenciana, que acapara el 14% de los visitantes con pasaporte ruso, influidos por la relevante colonia de residentes que antes de la llegada del coronavirus ya contaba con potencial para crecer en el mercado de invierno y contribuir a la desestacionalización.

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