Naturgy completa la voladura de las torres de la central térmica de La Robla

06 de mayo de 2022

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Las torres tenían una altura de aproximadamente 100 metros y su diámetro en la base era de 73 metros. En conjunto, su forma hiperboloide representaba un volumen de unos 220.000 m3 y un peso de más de 9.000 toneladas cada una.
Para su derribo se ha utilizado la técnica de la fulminación, por la cual se han desplomado sobre su vertical con un ligero vuelco, pero sin efecto de basculamiento, con el fin de agrupar hacia ese lado todos los escombros. Tras los correspondientes cálculos de estabilidad, se han practicado trabajos de debilitamiento y, en el momento del disparo, las cargas explosivas han fragmentado los pilares de apoyo haciendo que las construcciones perdieran su equilibrio y colapsasen por su propio peso. El tiempo que ha transcurrido desde el momento del disparo hasta que la estructura se ha encontrado en el suelo ha sido de unos 5 segundos.
En total se han utilizado 182 kg de dinamita y 378 m de cordón detonante, y la ráfaga del disparo ha tenido una duración de 4.200 milisegundos. La tecnología utilizada (detonadores electrónicos) ha permitido controlar la continuidad de la cadena pirotécnica hasta el momento del disparo.
La demolición mediante esta técnica es una de las más eficientes para el desmantelamiento de centrales, ya que minimiza los riesgos para los trabajadores, favorece la economía circular y contribuye a reducir el impacto ambiental. Es el mismo que se utilizó también para la demolición, el año pasado, de la torre de refrigeración de la central de Anllares. Una vez realizada la voladura, los residuos de hormigón y de la estructura metálica son recogidos a nivel del suelo. Se estima que se recuperarán 106 toneladas de hierro y 18.000 toneladas de hormigón, que serán reciclados.
Para minimizar el polvo que podía provocar el colapso de las torres, se ha dispuesto un sistema de cortinas de agua que han surgido desde unas trincheras construidas en el suelo e impulsadas por cordón detonante y cuya ráfaga, inmediatamente después del disparo de la torre, ha tenido una duración de unos 10 segundos.

En cumplimiento de las medidas de seguridad aplicables a esta voladura, se han realizado los pertinentes avisos a las autoridades competentes, como al Ayuntamiento de La Robla. Igualmente, se ha comprobado la ausencia de nidos de aves, así como de otras especies que pudieran verse afectadas. Dada la situación de la central y la ubicación de las torres de refrigeración en el recinto, no han existido riesgos para otras construcciones. La principal medida de seguridad ha sido la evacuación de las personas de la zona delimitada por un perímetro de seguridad de 200 metros alrededor de las torres.
La función de las torres era enfriar el agua de refrigeración necesaria para la operación de la central, que llegaba con unos 45-50ºC a su parte inferior. Se distribuía mediante una red de canales y tuberías, cayendo a través de un “relleno” constituido por láminas verticales, con un pequeño espacio de separación entre ellas. De este modo se conseguía una gran superficie de contacto con el aire que entraba por la parte inferior de la torre, provocando el enfriamiento del agua por la evaporación de una pequeña cantidad, en torno al 1-2%, lo que provocaba también la característica “nube” de vapor que salía por la parte superior de la torre. El agua fría se recogía en una balsa situada bajo la torre con una temperatura cercana a la ambiental, siendo desde allí enviada nuevamente a la instalación. La función de la lámina de hormigón era proporcionar el tiro necesario para producir la circulación de aire a través del relleno, a modo de chimenea.
50% del desmantelamiento completado

El proyecto de desmantelamiento de la central térmica fue presentado en junio de 2019 ante el Ministerio de Transición Ecológica y se optó por una demolición selectiva, que permite rentabilizar en lo posible los materiales susceptibles de reciclaje y genera un menor impacto ambiental que el que produce una demolición convencional.
Con una inversión de 12,9 millones de euros, el objetivo es hacer desaparecer las actuales instalaciones y dejar los terrenos adecuados desde el punto de vista ambiental, unas obras que están siendo llevadas a cabo por la empresa vasca Lezama Demoliciones. Esta actividad da empleo a alrededor de 90 personas, que han completado más de 140.000 horas de trabajo.
Hasta la fecha, se ha realizado prácticamente el 50% de los trabajos programados para el desmantelamiento. Entre los equipos ya desguazados se encuentran parte de las turbinas y alternadores que generaban la energía eléctrica y los transformadores que conectaban la central con la red eléctrica de transporte. También han desaparecido las cintas que transportaban el carbón desde el parque de almacenamiento a las tolvas para su consumo en las calderas, así como parte de los conductos de humos que conectaban estas con las chimeneas. Hoy se han demolido las torres de refrigeración y la previsión es que la voladura de la chimenea sea también este mismo año.
En la demolición de la térmica se generarán más de 156.000 toneladas de residuos, de las que cerca de 88.000 (un 56%, hormigón con el que se construyeron las instalaciones) se reutilizarán en el relleno de balsas de decantación, fosos y sótanos que existen en las instalaciones, a fin de conseguir una parcela nivelada, y otras 68.700 se expedirán para su valorización o eliminación por parte de gestores autorizados.
El cierre de las centrales térmicas de carbón en España es un proceso desarrollado desde inicios de los años 2010, cuya finalidad es la clausura de todas las instalaciones termoeléctricas alimentadas con carbón en España. La Robla cesó su actividad en julio de 2020, después de 50 años de funcionamiento. Construida en 1970, la central llegó a emplear a 300 trabajadores en la época de mayor rendimiento.

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