Al BCE no le gusta lo que ve en la inflación.

27 de julio de 2019

Mario Draghi ha insistido en ello en varias ocasiones durante esta reunión, refiriéndose a las bajas expectativas y a las cifras concretas. Una gran parte de la economía de la zona euro está en buena forma y el riesgo de recesión es bajo, pero hay cierta debilidad idiosincrática en el sector manufacturero, lo que quiere decir que no es un problema motivado por la demanda.

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 No obstante, debido a la inflación y a los riesgos que rodean al escenario de base, el BCE ha pasado claramente a adoptar un sesgo favorable a la relajación monetaria.
Ahora se insinúa una bajada de tipos de interés en sus directrices a futuro, pero el BCE desea estudiar las próximas proyecciones económicas para tomar una decisión. Esto permitirá a los técnicos del BCE preparar un sistema de tramos para mitigar el impacto sobre los bancos. También habrá un trabajo preparatorio previo a reanudar las adquisiciones de activos. La reacción inicial a la publicación de la decisión sobre política monetaria estuvo en consonancia con una lectura de la misma en términos muy acomodaticios. Si embargo, como algunos esperaban una rebaja temprana de tipos ya en esta misma reunión y como Mario Draghi dijo claramente que no se había debatido tal medida, las cotizaciones y el euro subieron durante la rueda de prensa.
Mario Draghi y el BCE han añadido también dos nuevas e importantes afirmaciones: la declaración introductoria habla ahora de un “compromiso con la simetría” de la inflación en torno a un nivel-objetivo, en el sentido de que el objetivo de inflación no supone un tope sobre la misma. Como es habitual, el BCE ha reclamado reformas estructurales para elevar el crecimiento potencial, pero Mario Draghi ha intensificado significativamente sus peticiones de que en el futuro la política fiscal juegue un papel más importante para apoyar el crecimiento.

 

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