El Banco Central Europeo manda un mensaje de paciencia

27 de abril de 2021

La reunión del Banco Central Europeo fue una continuación de lo que oímos desde hace meses. Las expectativas de recuperación económica, que se llevan retrasando trimestre a trimestre desde 2020, sigue siendo el mensaje que se transmite una y otra vez. 

Compartir en:

Al menos ahora, con una clara aceleración en el proceso de vacunación en Europa, hay motivos para estar esperanzados de cara a una recuperación de cara a la segunda parte de este año, tal y como ya se está evidenciando en países como Estados Unidos o China desde hace algún tiempo. 

Respecto a la política monetaria ultra expansiva que está llevando acabo el BCE tampoco se intuye ningún cambio futuro, si bien hay que recordar que el último cambio no fue para reducir dicho estímulo sino para incrementarlo. Christine Lagarde consideró apropiado incrementar significativamente el ritmo de compras de bonos soberanos durante el segundo trimestre de este año dado el ligero repunte del coste de financiación en el mercado de renta fija. Y probablemente, para aquellos que sabemos a que nivel se encuentra ese coste de financiación, el movimiento del BCE nos provoca una gran preocupación.

Para que el lector me entienda mejor, cuando el Banco Central Europeo dice que hay que luchar contra el repunte del coste de financiación porque pone en peligro el proceso de recuperación económica, pues en principio suena razonable. ¡Salvo que Alemania, Francia y España no tienen que pagar por endeudarse, sino que, al tener los bonos con rentabilidades negativas, gracias a las compras exorbitadas del BCE, reciben dinero por endeudarse hasta un plazo de seis años! Incluso Grecia que hace una década protagonizaba uno de los “defaults” más sonados de la historia moderna, al incumplir con el pago de su deuda, hoy se financia hasta a un plazo de cinco años prácticamente a coste cero. Si a esos tipos de interés nominales les restamos la inflación descubrimos que los tipos de interés reales son todavía más bajos. Y entre nosotros, que con ese nivel de tipos de interés se esté hablando de que hay que hacer más para apuntalar la recuperación económica, resulta como mínimo algo sobre lo que reflexionar profundamente.

Para complicar un poco más las cosas, las presiones inflacionistas han comenzado a resurgir de forma clara. En un primer momento hemos visto como la materia prima agrícola e industrial ha subido más de un veinticinco por ciento su precio, y en algunos casos hasta un ciento por cien en tan solo unos pocos meses. Hablo de productos de primera necesidad como el maíz, el trigo, la soja, o productos como la madera, el plástico, el cobre, el aluminio, etc. Este sobrecoste ha comenzado a filtrarse en la cadena de producción, es decir, en los datos de coste de fabricación o PPI. Y por eso el último dato ya está por encima de las cotas de 2017 y 2018, incluso antes de que haya llegado la ansiada recuperación económica. Ante este fuerte incremento del coste de producción, las empresas tienen dos opciones, o bien optan por comerse ese sobrecoste y obtener menos margen de beneficio, o como es natural, repercuten la subida del coste de fabricación de bienes y servicios al consumidor final, es decir, a los ciudadanos. 
Ahora añadamos el ingrediente final, que no es otro que la represión forzosa del consumidor durante casi un año, provocado por la prohibición de viajar, de poder salir como antes a disfrutar de hoteles, restaurante, conciertos, exposiciones, tiendas…y que probablemente haya creado un deseo latente de satisfacer nuestros hábitos de consumo tan pronto como se pueda, junto al factor de que aquellos que no han perdido su trabajo se van a encontrar con un incremento significativo de su tasa de ahorro porque no han podido gastar como antes su dinero. 
Todo ello nos lleva a una más que probable realidad inflacionista, al menos en el corto/medio plazo. De modo que, aunque el BCE transmite tranquilidad y confianza en sus ruedas de prensa, la realidad es que deberían estar preocupados, porque es probable que la inflación se acerque al nivel del dos por ciento, lo que implicaría la necesidad de comenzar a normalizar el nivel de tipos de interés, cuando todavía no se ha consolidado una recuperación económica en Europa. Y viendo la dependencia que tienen nuestras economías de un coste de financiación tan bajo como el actual, me pregunto cuánto durará la tan ansiada recuperación económica si la inflación nos obliga a subir un poco los tipos de interés. 


 

Compartir en:

Crónica económica te recomienda