Los ciudadanos no son tan torpes como creen las instituciones

18 de enero de 2022

Bitcoin y el mundo crypto han marcado un cambio de estrategia colectivo que consiste en la descentralización, la transparencia, creando un sistema que no necesita intermediarios para funcionar. El cambio de mentalidad del pueblo crypto consiste en responsabilizarse en primera persona y no considerarse incapaces que sin “papá” o “mamá” no pueden tomar responsabilidades. El papá o la mamá en este caso son las instituciones, es el Estado y sobre todo los bancos.

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Creemos continuamente que sin estos intermediarios estamos perdidos. A pesar de que, en el campo financiero por ejemplo, la reciente historia del crack del 2008 y el desenlace siguiente no han demostrado una particular protección de cara a los ciudadanos. Tampoco la manipulación monetaria gubernamental, que tiene entre las consecuencias principales la inflación, la pérdida de poder adquisitivo, ha demostrado una particular atención hacia las necesidades y la condición de los ciudadanos. Otra evidencia de esta poca protección es la extrema polarización de la riqueza en nuestra sociedad, donde el 1% tiene como el 99%.

La impresión es que el extremo control, la supuesta protección, no revela un progreso del bienestar de la mayoría.
Cuando vives dentro de la CryptoJungla tienes advertencias continuas sobre los riesgos de perder tus fondos si apuestas por proyectos frágiles, si inviertes con apalancamiento, por ejemplo, o si no mantienes las medidas de seguridad adecuadas para la custodia de tus fondos. En la CryptoJungla todo el mundo tiene muy claro que hay que seguir una disciplina y es necesario saber en todo momento lo que se está haciendo.

Pero fuera de la CryptoJungla las noticias que calan en la sociedad están sobre todo ligadas a la especulación, a grandes riquezas logradas en poco tiempo. Un cuento falaz, peligroso y sin detalles.
Lo que propone la CNMV ya existe y es normal en la CryptoJungla. Es lo que se advierte como un mantra cotidianamente, tanto en las plataformas, como en las redes sociales. Es un tam tam constante el “Antes de invertir estudia, sé consciente de todo lo que estás haciendo en cada click”.

Lo que sorprende es, en cualquier caso, la actitud de las instituciones y de los medios de comunicación. Parecen estar tratando a los ciudadanos como estúpidos. Como si fueran incapaces de entender. Esto es evidentemente falso porque el pueblo crypto representa transversalmente toda la sociedad y en los últimos 13 años ha demostrado una disciplina y una capacidad de gestión del riesgo al nivel de su crecimiento exponencial, que le llevó a ser en 2021 la economía más grande del mundo, sin necesidad de ninguna autoridad que censurara o protegiera.

La única necesidad real es informar correctamente a los ciudadanos sobre el sentido real de esta revolución, no solo sobre la especulación, porque este nuevo mundo en construcción permite tener una alternativa de inversión, pero también una alternativa eficiente para la organización de nuestra sociedad, basada en la transparencia, multiplicación del valor y redistribución.

Las instituciones por ahora aparecen como censoras, no como facilitadoras. El motivo es claro, no han entendido a fondo esta revolución. Se quedan, por desconocimiento, en la superficie. Lo que es una ocasión colectiva, se ve como una hipotética amenaza.

En abril 2021 en Madrid aparecían los carteles de una startup española Bit2Me sobre bitcoin. Después de años de crisis donde el gobierno empujaba a la población para ser emprendedora, Bit2Me representa un caso de éxito y con sus carteles ha marcado una época. La reacción de la CNMV ha sido inmediata: prohibir. En los mismos días en Nueva York en las gigantescas e icónicas pantallas de Times Square aparecía en caracteres cubitales “In Satoshi We Trust”, que anunciaba la entrada del bitcoin en el Nasdaq de la mano de la plataforma de intercambio Coinbase, financiada desde sus orígenes por el banco español BBVA entre otros. BBVA ganó una plusvalía de 250 millones de dólares por la entrada en bolsa de Coinbase.

El paradigma es claro. Según las autoridades (y los medios de comunicación de masa) la protección consiste en la retórica “El ciudadano no entiende y no puede aprovecharse de esta oportunidad por incapacidad”.
Sería mucho más eficaz proponer e informar sobre el mundo crypto por lo que es, o sea una oportunidad que ciudadanos de todo el mundo, bancos, instituciones, empresas pequeñas y empresas cotizadas están aprovechando.
No beneficia a nadie seguir con la censura, ni pensar que el mundo crypto es un lugar solo para especular. Esto simplemente no es verdad. Sería mucho más inteligente a nivel social utilizar esta “rueda”, este sistema más eficiente para aplicarlo y encontrar así una alternativa más eficaz a los problemas del sistema actual.

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