EL BDE MEJORA PREVISIÓNES  

El  PIB crecerá un 6,2% en 2021 y un 5,8% en 2022

14 de junio de 2021

El Banco de España ha revisado al alza sus previsiones económicas. Prevé que, en un escenario central, nuestro país crecerá un 6,2% en 2021 y un 5,8% en 2022. El nivel del Producto Interior Bruto (PIB) previo a la crisis sanitaria provocada por la pandemia del Covid-19 se alcanzaría hacia finales del próximo año. Ya para 2023, el crecimiento de la economía sería del 1,8%, según el informe trimestral de la economía española publicado este lunes.

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La menor incidencia de la pandemia, con el trasfondo del avance de la vacunación, y la ejecución de los proyectos bajo el paraguas de los fondos europeos del programa 'Next Generation EU' (NGEU) darían lugar, bajo este escenario central, a crecimientos elevados de la actividad en el segundo semestre de este año, lo que también tendría un impacto positivo elevado sobre el avance del PIB en el promedio de 2022, señala el organismo. En concreto, según ha explicado el director general de Economía y Estadística del Banco de España, Óscar Arce, el impacto en el PIB de los fondos europeos será de un punto porcentual 2021, de 2,4 puntos porcentuales en 2022, y de 1,8 en 2023.

Añade que, como viene ocurriendo desde el comienzo de la pandemia, el elevado grado de incertidumbre existente ha motivado la realización de escenarios alternativos. Estos escenarios difieren del central en las hipótesis formuladas acerca de los desarrollos de la pandemia, del ritmo de reducción de la tasa de ahorro y de la huella dejada por la pandemia sobre el tejido productivo de la economía. Bajo los escenarios favorable y adverso, el PIB crecería, respectivamente, un 6,8% y un 4,6% en 2021. Según la información coyuntural disponible, el Banco de España estima un notable repunte de la actividad en el segundo trimestre. El gasto de los hogares se estaría viendo impulsado por la mejora de la confianza, con el trasfondo de la reducción significativa de la intensidad de las medidas necesarias para la contención de la pandemia, especialmente, a raíz de que decayera el estado de alarma, el pasado 9 de mayo, y de los progresos en la campaña de vacunación. Por su parte, la mejora de los mercados exteriores, como consecuencia de la recuperación de la demanda procedente del conjunto de las economías avanzadas y de China, se está traduciendo en un comportamiento expansivo de las exportaciones de bienes.

De cara al verano, la intensidad y el calendario preciso del repunte de la actividad siguen dependiendo, de modo crucial, de la evolución de la pandemia, del progreso en la campaña de vacunación y de la subsiguiente relajación de las medidas de contención. En particular, la recuperación del turismo, actividad crucial en el caso de la economía española, depende del levantamiento de las restricciones que todavía subsisten a la circulación de personas entre España y alguno de los principales países de origen de los flujos turísticos, actualmente en entredicho en el corto plazo, debido a la expansión de variantes más contagiosas del virus.

Por su parte, la tasa de paro se situará en el 15,6% este año, por debajo del 17% estimado previamente, mientras que bajaría al 14,7% en 2022 y al 13,7% en 2023. "Esta recuperación del empleo permitiría reducir el desempleo, hasta situarse por debajo de los niveles pre-pandemia desde finales de 2022", ha señalado el organismo. En cuanto al déficit público, quedará este año en el 8,2% del PIB y se estabilizará en torno al 4,9% en 2022 y al 4,3% en 2023. La deuda superará el 120% del PIB este año (120,1%), mientras que bajará al 117,9% en 2022, volviendo a subir ligeramente al 118% en 2023.

En cuanto a los riesgos para la evolución de la actividad económica, el Banco de España considera que se encuentran en la actualidad más equilibrados que en ejercicios de proyecciones pasados. El grado de incertidumbre, no obstante, continúa siendo alto. En primer lugar, en el terreno epidemiológico, subsisten los temores acerca de la posibilidad de que la elevada circulación del virus en amplias regiones del mundo pueda dar lugar a la aparición de nuevas variedades que sean resistentes a las vacunas, lo que, en la medida en que comportara un mantenimiento de las restricciones a los viajes, tendría consecuencias adversas sobre los flujos turísticos.
En segundo lugar, un hipotético repunte de las insolvencias empresariales conduciría a una pérdida de empleos y, posiblemente, a un deterioro del capital de las instituciones financieras, lo que podría incidir desfavorablemente sobre su capacidad para la concesión de crédito.

En sentido contrario, el escenario central contempla una reducción relativamente lenta de la tasa de ahorro desde los elevados niveles alcanzados en la crisis, pero cabe la posibilidad de que este proceso se desarrolle de forma más rápida e intensa, e incluso que los hogares gasten una proporción sustancial de las rentas ahorradas desde el inicio de las restricciones.

Como en otras áreas geográficas, en la etapa más reciente ha podido observarse también en España un cierto aumento de las presiones inflacionistas en las etapas iniciales del proceso de formación de precios. El repunte de la inflación de los precios de las materias primas y de los precios industriales no energéticos no se ha filtrado, por el momento, a los precios de consumo de estos bienes. De hecho, la evidencia histórica disponible sugiere que esa transmisión, que en todo caso tarda en torno a un semestre en completarse, tiene un carácter parcial.
En el escenario central, el ritmo de avance del componente subyacente de los precios de consumo seguirá siendo modesto. El elevado grado de holgura presente en la economía o los moderados crecimientos salariales apuntan en esta dirección. En el medio plazo, la recuperación de la actividad provocaría un cierto repunte de la inflación subyacente, medida por el Índice Armonizado de Precios de Consumo (IAPC) excluidos los componentes de energía y de alimentos, hasta el 1,1% en el promedio de 2023. En términos de la inflación general, esa tasa sería del 1,2%. Aparte de los riesgos que se derivan de la posibilidad de que se materialicen las incertidumbres de distinto signo que afectan a la actividad, este escenario central está sometido al riesgo de que las presiones inflacionistas que se están observando en los estadios preliminares de la cadena de formación de precios acaben teniendo una naturaleza más persistente de lo esperado.

En el área del euro, la evolución favorable de la pandemia y las mejoras generalizadas de la confianza hacen presagiar un fortalecimiento de la recuperación de la actividad en el futuro inmediato. Las perspectivas favorables descansan sobre el supuesto de que no surjan nuevos contratiempos en el terreno sanitario y, en particular, de que se cumplan los calendarios de vacunación previstos. En ese contexto, la mejora de la confianza de los agentes privados, el aumento del consumo, apoyado en un descenso gradual de la tasa de ahorro, el repunte de la demanda global y el sostén de las políticas económicas habrían de permitir, según las proyecciones más recientes del Eurosistema, presentadas al Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) del pasado 10 de junio, que el PIB del área crezca un 4,6% y un 4,7% en 2021 y en 2022, respectivamente, lo que en ambos casos supone una revisión al alza de 0,6 puntos porcentuales respecto a las proyecciones de marzo.

Las presiones inflacionistas en el área del euro siguen siendo modestas. El indicador general del IAPC ha repuntado con cierta intensidad en los últimos meses, debido al componente energético, afectado por los efectos base causados por la caída del precio del petróleo en la primavera del pasado año, al inicio de la pandemia. Sin embargo, la inflación subyacente ha permanecido en niveles muy moderados y, aunque se espera un repunte en la segunda mitad del año, este estaría causado por factores transitorios, que previsiblemente revertirían en 2022. Tanto el IAPC general como el indicador subyacente alcanzarían en 2023, de acuerdo con las últimas proyecciones del Eurosistema, una tasa del 1,4% en el promedio anual.

 

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