La banca, ante un cambio monetario, tecnológico y relacional

14 de febrero de 2022

La pandemia ha sido un catalizador de transformaciones en el mundo financiero. Este afronta desafíos estratégicos que aún están a medio camino y habrán de completarse en los próximos años, como se advierte en el último volumen de Papeles de Economía Española, publicación editada por Funcas.

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El número, que se presentará este martes en un acto en Funcas con la presencia de Goirigolzarri, presidente de CaixaBank, analiza los principales cambios que la banca y, en sentido más amplio, el sistema financiero, han sufrido con la pandemia y el nuevo horizonte que se abre a medida que los peores efectos y restricciones derivados de esta quedan atrás.
Carbó y Rodríguez profundizan en cómo avanza el sector bancario español en los cambios estructurales, de negocio, de solvencia y tecnológicos que exige el nuevo entorno de mercado. Los autores concluyen que las entidades financieras españolas están pudiendo responder con garantías a las exigencias de solvencia, liquidez y activos susceptibles de conversión en capital que requiere la normativa de recursos propios europea y que debe cerrarse hacia finales de 2022. Los procesos de integración pueden también estar favoreciendo este reforzamiento.

En cuanto al desafío de la rentabilidad, un reto considerable, esta va a depender de factores exógenos, como la evolución de los tipos de interés y en qué medida puede normalizarse una generación de márgenes compatible con la actividad esencial de la intermediación financiera, y de las opciones relacionadas con cómo se incorpora el negocio basado en servicios de plataforma. Este modelo basado en plataformas digitales de servicios implica la convivencia en un ecosistema digital de proveedores financieros, tecnológicos y de comunicaciones. En este contexto, los bancos seguirán contando con ventajas en la gestión de información financiera y en su desarrollo dentro de un estricto marco normativo y de privacidad que les dota de un carácter diferencial.

Para mitigar los efectos económicos del Covid sobre la actividad empresarial y el empleo, ha sido esencial el papel del Instituto Oficial de Crédito (ICO) durante la pandemia y la pospandemia. García de Quevedo y Noriega señalan que 2020 supuso un punto de inflexión en la actividad del ICO, por la asunción de nuevas responsabilidades derivadas de la gestión de las Líneas de Avales por cuenta del Estado. El programa de avales ha constituido un modelo exitoso de colaboración público-privada entre el ICO, el sector financiero, las empresas y autónomos, con más de un millón de operaciones avaladas y 130.000 millones de euros de financiación movilizados. En paralelo, se han desplegado nuevos instrumentos de financiación a través del MARF y del sector de capital riesgo dirigidos a empresas y autónomos de todos los tamaños y sectores de actividad.
Pero el ICO no solo ha servido durante la pandemia. Como resaltan los autores, se espera que, trabajando junto al sector público, el sector financiero y empresarial, contribuya durante los próximos años a consolidar el proceso de recuperación, transformación y fortalecimiento de la economía española, impulsando la sostenibilidad, el crecimiento empresarial y la doble transición ecológica y digital.

En el sistema financiero europeo destaca la existencia de un marco supervisor y regulador mucho más desarrollado que en la crisis financiera, lo que ha facilitado la puesta en marcha de medidas de forma coordinada, en especial en el ámbito supervisor y de política monetaria. González-Páramo analiza las claves del debate sobre el actual papel de la política monetaria. Según el autor, la pandemia ha marcado un antes y un después en el entorno y el desarrollo de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), que afronta una serie de retos. El más relevante es el de resistir a las presiones que van surgiendo según se cumplen las condiciones para cambiar la orientación de la política monetaria.

Las políticas desplegadas han sido extraordinarias, por lo que ahora toca pensar en la normalización en un contexto complejo, marcado por un volumen sin precedentes de deuda pública en el balance del Eurosistema y riesgos al alza para la estabilidad de precios. El autor habla de la detención o la reversión de cuatro grandes tendencias que durante décadas han ayudado a mantener la inflación en niveles reducidos y que ahora anticipan un futuro menos pacífico en el frente de la estabilidad de precios: el retroceso de la integración comercial internacional, la demografía, la «transición verde» y la erosión en el respaldo técnico y político a la independencia de los bancos centrales.

Castillo, Doménech y Jiménez también examinan el papel de la política monetaria en la eurozona ante la pandemia y celebran la actuación del BCE en la medida en que ha contribuido a minimizar el impacto económico de la COVID-19 a corto y largo plazo. El resultado ha sido positivo para el conjunto de la zona euro y en particular ha favorecido a los países de la periferia al eliminar cualquier indicio de fragmentación financiera y la reaparición del riesgo de ruptura del euro, como ocurrió durante la crisis de deuda soberana tras la Gran Recesión. En el caso de España, los autores apuntan a que como mínimo las medidas de política monetaria han evitado una caída adicional del PIB superior a tres puntos porcentuales, al tiempo que sus efectos indirectos vienen dados porque el BCE ha posibilitado la adopción de medidas fiscales de ámbito nacional, cuyo margen de actuación habría sido más limitado si la autoridad monetaria no hubiera asegurado la financiación de la deuda pública a tipos de interés incluso inferiores a los de antes de la pandemia. Además, las medidas del BCE han abierto una ventana temporal de al menos dos años para que los países de la eurozona lleven a cabo políticas de oferta y reformas con las que transformar sus economías y recuperar o aumentar su crecimiento potencial.

Por otro lado, el propio BCE acaba de lanzar su proyecto de investigación para estudiar la viabilidad del euro digital, del que se esperan resultados a mediados de 2023. El BCE se plantea esta opción en respuesta a un entorno cambiante, en el que el uso del efectivo está reduciéndose, la emisión de monedas privadas, la presencia de players extranjeros, las denominadas stable coins y las monedas digitales de otros bancos centrales (CDBCs) son una realidad emergente que plantea grandes retos.

Carrascosa y García Montalvo se centran en uno de los principales retos que tiene el sistema bancario y financiero: la proliferación de monedas digitales privadas y la posible introducción de monedas digitales por parte de los bancos centrales (CBDC). Los autores apuntan que, dependiendo de su diseño, extensión y funcionamiento, las consecuencias de las monedas virtuales sobre el negocio bancario pueden ser de enorme relevancia. Estas pueden ser un elemento positivo si complementa los esfuerzos que están desarrollando bancos centrales, bancos comerciales, FinTech, etc. para conseguir una mayor eficiencia de los sistemas de pagos. Sin embargo, su función de depósito de valor sin limitación alguna puede plantear más dudas y problemas que beneficios para la economía de un país.

Finalmente, Bátiz-Lazo, Bautista-González y González-Correa evalúan los principales elementos y características de los medios de pago minoristas en tiempos de la pandemia y tratan de analizar la transformación en el uso de efectivo y los pagos digitales. Para los autores, aunque el uso de efectivo ha disminuido a un nivel marcadamente menor que antes de la pandemia, se espera que los consumidores usen billetes y monedas en pagos minoristas durante bastante tiempo. Dado que el efectivo es el instrumento de pago más usado por grupos vulnerables, existe un mínimo en su demanda transaccional que debe resolverse antes de que el público emplee instrumentos alternativos de manera generalizada.

 

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