Francia mantiene su opción nuclear a toda costa

06 de enero de 2022

El Gobierno francés prevé reforzar su apuesta por la energía nuclear con la construcción de nuevos reactores para renovar su parque actual, que genera en torno al 70% de la electricidad del país, proyecto que podría entrar en servicio en el horizonte 2035-2037.

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El calendario lo dio este jueves la secretaria de Estado de la Transición Ecológica, Abba, que en un debate con senadores sobre la seguridad nuclear avanzó que el Ejecutivo contempla la presentación de los primeros proyectos de construcción en 2023. Abba hizo notar que la compañía eléctrica estatal EDF ya ha sometido a la Autoridad para la Seguridad Nuclear (ASN) informes sobre criterios de seguridad de un reactor que sería una evolución del que se está finalizando en la central de Flamanville, en la costa de Normandía, de tipo EPR (European Pressurized Reactor), y que ha recibido un visto bueno de principio. El plazo de construcción del EPR de Flamanville ha sufrido continuos retrasos (lleva 14 años y no se prevé su entrada en servicio hasta 2023). Además, sus costos se han multiplicado desde los 3.400 millones de euros presupuestados inicialmente a los cerca de 20.000 millones que se calculan actualmente.
El presidente francés, Macron, anunció a comienzos de noviembre su intención de levantar nuevos reactores atómicos, en apoyo del desarrollo de las renovables, para responder a las necesidades de la transición energética. Desde entonces, se esperaba que precisara sus intenciones, pero la gestión de la crisis del coronavirus, con la irrupción de ómicron, ha desplazado las prioridades del jefe del Estado. EDF, por su parte, ha hecho una propuesta al Estado (su principal accionista, con una participación del 84 %) para construir seis EPR de nueva generación con un costo estimado de unos 50.000 euros.

Su consejero delegado, Jean-Bernard Lévy, reclamó el pasado martes al Gobierno que concrete con decisiones su compromiso para la renovación del parque nuclear. Una renovación que podría beneficiarse de la polémica propuesta de la Comisión Europea de incluir la energía nuclear (y también el gas) dentro de la taxonomía de energías "verdes" junto a las renovables. Una taxonomía que busca, entre otros objetivos, orientar las inversiones a la transición energética.

 

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