Nueva crisis de Gobierno: Castells lo deja

16 de diciembre de 2021

El ministro de Universidades, Castells, ha decidido dejar su cargo apenas dos años después de su incorporación al Gobierno y con su reforma universitaria a medio hacer. A Castells, propuesto por los comunes de Ada Colau, le relevará Subirats, que fue concejal de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Barcelona.

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Fuentes de su Departamento han confirmado su salida, que obedece a motivos de salud, pues se encuentra en una situación "delicada". Al parecer, el médico le había prohibido viajar y exponerse a cualquier situación que le provocara estrés. Distintas fuentes de la comunidad universitaria coinciden en el desgaste que le ha provocado la puesta en marcha de una norma que no convencía ni a los rectores ni a los profesores ni a los estudiantes ni a las comunidades autónomas.
Castells comunicó su decisión hace unos días a Sánchez y a la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, según han señalado desde su Ministerio.
Desde el Ejecutivo, como prueba de su desidia como ministro o falta de afecto al cargo, señalan como ejemplos su ausencia hace una semana en el Congreso, en los actos por el día de la Constitución -fue el único de Unidas Podemos que no fue- o sus ausencias el 12 de octubre. Pero como Unidas Podemos tuvo que hacer un reparto de cuotas en sus ministerios para equilibrar y no enfadar a los partidos que forman la coalición, nada se podía hacer o deshacer sin el visto bueno de los comunes, que son, de hecho, quienes han designado al sustituto.

La salida de Castells obliga a Sánchez a realizar una nueva crisis de Gobierno que, según la previsión que se maneja en el Ejecutivo será quirúrgica, puntual.

Es difícil encontrar fuentes en la comunidad universitaria que digan algo bueno de Castells, aunque sí se le reconoce que fue "un buen aliado" durante el confinamiento y la gestión de la pandemia, pues logró arrancarle al Gobierno fondos para las universidades. Las fuentes consultadas creen que su forma de gestionar la consultas y la redacción de la Losu fue "equivocada", fruto "posiblemente de Podemos o de su ingenuidad", lo que "le llevó a una situación muy difícil de salvar". Nadie le ha perdonado tampoco al Gobierno de coalición PSOE-Unidas podemos que cambiara a última hora una Ley de Convivencia Universitaria, sustituta del antiguo reglamento de 1954, para atender a las exigencias de ERC, que, en el trámite parlamentario, exigió que los escraches independentistas en los campus se blindaran y no tuvieran sanción. El presidente de los rectores, José Carlos Gómez Villamandos, llegó a decir que esta norma "vulnera el principio de autonomía universitaria y desmembra el Estado". Y, a mediados de noviembre, coincidiendo con los paros estudiantiles, los rectores escenificaron un plante en el Consejo de Universidades al negarse a emitir el informe preceptivo para aprobar la Losu por no estar de acuerdo con la última versión. Una medida de protesta sólo comparable a la que le hicieron a José Ignacio Wert en 2012. Tampoco obtuvo respaldo Castells en la última Conferencia General de Política Universitaria, donde se encontró con que Madrid, Cataluña, Murcia, Galicia, Andalucía y Castilla y León rechazaron la Losu y pidieron su retirada.

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