ESPAÑA Y SU ERRATICA POLÍTICA ENERGETICA

El gas argelino/ español clave en la estrategia de la UE

08 de marzo de 2022

La entrada de gas argelino a Europa a través de la conexión con España del gasoducto Medgaz se ha convertido una de las claves estratégicas para el cambio rápido que la UE debe dar a su estructura de aprovisionamiento de combustibles fósiles ante un inminente corte del suministro de gas y petróleo de Rusia tras la invasión de Ucrania.

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Ese fue uno de los temas clave de la reunión que mantuvieron este fin de semana la presidenta de la Comisión Europea, von der Leyen, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a quién pidió que asegure con Argelia ese suministro e incluso se plantee aumentarlo, a pesar de que ello vaya en contra de los postulados de la transición energética y la descarbonización en que está inmerso nuestro país y que dirige la vicepresidenta tercera, Ribera.

Y es que el gran problema de España es esa desastrosa política energética diseñada sobre el papel y que no ha tenido en cuenta los riesgos y los cambios que se nos podían venir encima y que mal que nos pese han llegado. Pedir ahora que Argelia suministre mas gas no es la solución, es preciso replantearse el mix energético y posibilitar que otras energías como el carbón o las nucleares ocupen el lugar del que nunca se les debió descabalgar mientras las fuentes sustitutorias no estuviesen maduras y en perfecta produccion.

Tanto Ribera como Calviño estuvieron junto a Sánchez en la reunión con la presidenta de la Comisión, para hacer hincapié en su cruzada por modificar el sistema de formación de precios de la electricidad a nivel europeo y evitar que la tremenda subida del gas ahogue a los hogares españoles, que ven como se duplica y triplica su factura de la luz, pero esa no es la solución, estaríamos simplemente ante un nuevo parche sujeto a todo tipo de tensiones, cambios y fluctuaciones especulativas, porque, y es un simple dato, quienes están pagando la guerra de Putin son los usuarios del gas.

El otro gran problema acuciante para el bolsillo de los españoles junto a la escalada del gas es el precio del petróleo, igualmente disparado en los mercados internacionales ante un eventual cierre del suministro de Rusia a Occidente. España compró 2,56 millones de toneladas de crudo ruso el año pasado, una cantidad que no se alcanzaba desde 2017 y que daba un cambio a la tendencia a la baja marcada en los últimos cinco ejercicios, según los datos de la Corporación de Reservas Estratégicas Cores. Esa cantidad es apenas el 4,5% de todo el petróleo que se importa y del que nuestro país es dependiente del exterior, de forma que las empresas de refino y el Gobierno están analizando en la actualidad a qué otros mercados acudir para sustituir esa cantidad.
Si bien desde el sector no se descarta estudiar la vía venezolana para sustituir al gas ruso, la alternativa que queda es comprar el petróleo a Estados Unidos y Canadá, a unos precios que no van a bajar mucho de los máximos que están alcanzando en la actualidad. Mientras esta encrucijada se debate en Europa, Putin sabe que puede vender todo el petróleo que no le compre Europa a China y el Sudeste de Asía, para paliar el golpe en sus arcas y seguir financiando la guerra en Ucrania.

 

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