Crónicas del descubrimiento y la colonización

Francisco Hernández: médico de Felipe II y explorador.

02 de mayo de 2018

La lectura de los testimonios de los españoles que llegaron a las nuevas colonias de la Monarquía Hispánica es fuente de múltiples informaciones que no solo abarcan cuestiones de conquista y crónicas militares. El médico de Felipe II, Francisco Hernández, nacido en la toledana Puebla de Montalbán fue uno de los que acudió en el siglo XVI a censar la naturaleza y medicina del Nuevo Mundo.

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Con el inicio de la decadencia española como primera potencia mundial a finales del siglo XVIII, los ingleses y los franceses reivindicaron el ser los primeros en estudiar desde un punto de vista científico los territorios colonizados por todo el planeta. La monarquía Hispánica, primera potencia  desde el siglo XV en el continente europeo con sus territorios Flandes, Franco Condado, Milán, Sicilia, Nápoles y  Cerdeña entre otros muchos, fue también país con más territorios en el Nuevo Mundo y en el Pacífico.
 
Este poder inmenso de la Monarquía Hispánica hizo que sufriera de forma virulenta los ataques de sus enemigos para desvalorizar su huella en el mundo. Algunos escritores han bautizado este rechazo y ataque a las estructuras más poderosas como “Imperiofobia”.
 
Es famosa la culminación de la difamación a España y sus dominios realizada por dogmáticos acomplejados como Montesquieu y Masson de Morvilliers en una Enciclopedia elaborada en el  siglo XVIII,  que tenía muy poco de racional y mucho de animal. Es reseñable que ni Montesquieu ni Masson de Morvilliers estuvieron nunca ni en España ni en sus colonias, , por mucho que en sus ensoñaciones reivindicarán que procedían de un análisis “racional” por lo que sus opiniones eran meros prejuicios y odios al “imperio” español.  El británico Robertson en el siglo XVIII tampoco se quedó atrás en sus difamaciones a España.
 
Este mensaje de los enemigos de España, que vendía una supuesta voracidad salvaje de los colonizadores españoles que solamente buscaban riquezas en los territorios que dominaba, fue asumida luego por parte de los propios españoles desde el siglo XVIII.  en vez de estudiar  y leer las crónicas de lo acontecido durante la administración colonial en su imperio, pasaron a creerse y autodestruirse en mayor proporción que sus antiguos rivales durante el siglo XIX y XX.
 
De nuestros días, en los primeros decenios del siglo XXI,  da vergüenza escuchar lo que dicen españoles de pseudo-religión anarco-marxista (que van camuflados de lo que autodenominan “nueva política”)  sobre la historia de España. Una rica historia que demuestran desconocer. Igualmente los nacionalismos regionales periféricos, entre los que destaca hoy en día el “nacionalismo catalán” por su incultura, insultan a la inteligencia y a la historia de su propio país.
 
A pesar de la estupidez de los propósitos de los nacionalistas catalanes, la patología de auto-insultar su propia historia –la historia de España-  vendiéndola como ajena, permanece inalterada con la colaboración que una insuficientemente definida Constitución española de 1978. Ningún país occidental conoce y explica en profundidad la historia pasada. Y de hecho a muchos de sus ciudadanos les importa poco o nada el pasado.
 
No por ello deben renunciar los poderes públicos españoles a promover el conocimiento de los hechos pasados, y hacer sentir orgullo por la complejidad y diversidad de las exploraciones y reflexiones que la colonización de los nuevos territorios supuso. 
 
El fanatismo de las religiones políticas ha sustituido a la fe Cristiana, que con sus luchas y contradicciones - entre las diferentes órdenes que reportaban al Consejo de Indias- , fue infinitamente más misericordiosa que las modernas religiones de Marx, Lenin, Bakunin o Kropotkin y sus violentos secuaces del siglo XX y XXI que subsisten y rebrotan periódicamente.
 
Una colonización española que también busca descubrir la flora, fauna y la medicina del Nuevo Mundo.
 Lo cierto es que la colonización española en América y Asia desde finales del siglo XV se interesó también por el censo de lenguas, tribus, flora, fauna, edificaciones, creencias y también las medicinas existentes en los territorios explorados y colonizados. Dentro de la simplificadora cultura del “tuit”, los nuevos filósofos de la incultura han conseguido propagar la simplificadora idea de que toda colonización fue intrínsecamente mala y violenta, o de que la monarquía significa absolutismo puro. No fue así.
 
Por tanto para aquellos que quieran salir de la mediocridad intelectual del principio del siglo XXI, que parece querer prorrogar lo más triste de las ideologías anti individualistas  experimentadas en el siglo XX desde el `poder, sumando a las mismas una negación de la naturaleza humana que se empeñan en eliminar, pero que siempre rebrota, afortunadamente- existe la esperanza de acudir a las lecturas de la época que demuestran lo avanzado y la mentalidad renacentista de muchas de las expediciones españolas que se realizaron en el siglo XVI.
     
Entre los sorprendentes relatos que recuperó a principios del XXI la colección “ Crónicas de América” merece ser reseñada la obra “Antigüedades de la nueva España”  de Francisco Hernández, médico de Felipe II que fue al Nuevo Mundo en el siglo XVI, con ansia de conocer y aprender, 200 años antes de que comenzaran los Grand Tours ilustrados.
 
La edición de Noviembre de 2000, publicada por la editorial Dastin y realizada por Ascensión Hernández Triviño –lingüista española y mujer del gran historiador mexicano  Miguel León Portilla-  es un magnífico exponente de lo desconocida que es la tarea de exploración y colonización, así como el aprendizaje y avance de las ciencias que supuso. Los exploradores y colonizadores españoles del siglo XVI llevaron en muchas de sus expediciones humanistas renacentistas con un voluntad de ampliar el conocimiento humano.
 
Asegura Hernández en su introducción:
 
“En el gran conjunto de crónicas referentes al Nuevo Mundo hay sorpresas sin número. […] En verdad fantasía y ficción se quedan cortas de las maravillas de que hablan tantos y tantos cronistas de las tierras americanas, las Antillas, México, Guatemala, y la gran región de los pueblos andinos.
 Así como hubo no pocos que tomaron la pluma para dar vida a sus crónicas, no faltaron desde el mismo siglo XVI los que, con afán inquisitivo, atendieron sobre todo al mundo de la naturaleza americana, plantas, animales, minerales, los recursos en fin de la tierra y el mar.”
 
Continúa Hernández en su introducción
 
“ Podría decirse que en esto el célebre Gonzalo Fernández de Oviedo dio ya un espléndido ejemplo. Entre los que luego asomaron al Nuevo Mundo con acrecentado interés  para indagar acerca de sus “cosas naturales” sobresale un médico nacido en el Reino de Toledo (1517-1578), Francisco Hernández.
 Enviado por Felipe II, su propósito inicial fue adentrarse, con fines sobre todo farmacológicos en el conocimiento de las plantas y animales tanto de México como del Perú.”
 
Y es que la realidad de la exploración y colonización fue mucho más rica de lo que hoy en día se conoce por los propios españoles y por habitantes los endémicos antiguos rivales de España.
 
Según Ascensión Hernández hubo un encuentro entre el pensamiento renacentista español y la sabiduría indígena para crear una nueva realidad en los territorios colonizados.
 
Y es que frente a los que hablan de “genocidio”, la certeza observada del nacimiento de una nueva realidad mestiza en los territorios que se incorporaron al gobierno de la Monarquía Hispánica se impone.
 
Descubran ustedes mismos la obra de Francisco Hernández “antigüedades de la Nueva España” a través de la edición de Ascensión Hernández, que incorpora una esclarecedora introducción que pone en contexto la obra de Hernández a la que precede en sus líneas.
 
La exploración y colonización española  fue mucho más culta de lo que generalmente se conoce, compruébenlo ustedes mismos.
 
 

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