1845-1930: El veraneo desde Isabel II a Alfonso XIII

San Sebastián: “capital de verano” de España

13 de octubre de 2022

La fisionomía actual de San Sebastián con sus avenidas señoriales, el teatro Victoria Eugenia, el hotel María Cristina, los restos de algunos Casinos de juego y residencias palaciegas….todo ello no puede entenderse sin conocer su pasado como balneario predilecto de la Familia Real española. Durante la Segunda Guerra Mundial, el entonces embajador de Estados Unidos en España Carlton F.Hayes visitó San Sebastián en repetidas ocasiones y definía a la capital de Guipúzcoa cómo “capital de verano de España”.

Compartir en:

El siglo XXI y sus cambios tecnológicos y sociales conformaron un nuevo tipo de sociedad distinto al que creó el San Sebastián de hace 150 años. El tipo de veraneo de finales del siglo XIX y principios del siglo XX con sus largas duraciones no serían nunca iguales.

Sin embargo las huellas tanto arquitectónica como urbanística de ese periodo de la ciudad guipuzcoana -a pesar de la presión especuladora edificadora de los últimos decenios- permanecen en buena parte de su zona histórica.

El descubrimiento del aire acondicionado, la mejora del transporte, y la generalización del trabajo por cuenta ajena en todas las clases sociales, sumados a los gravísimos problemas políticos locales, supusieron que los traslados de varios meses a San Sebastián de la corte y de los cuerpos diplomáticos extranjeros terminaran, y la “capital de verano de España” dejara de serlo…

 

 

Desde 1845, en la menor edad de la reina Isabel II, San Sebastián se conformó como el destino predilecto de la Corte española.

 

San Sebastián había sido elegida durante la primera mitad del siglo XIX por los liberales españoles como capital de la provincia de Guipúzcoa, una de las tres en que habían sido divididas finalmente los territorios forales vascos pertenecientes al reino de Castilla.

 

La ciudad de Tolosa, preferida por los Carlistas para ubicar la capital de Guipúzcoa, y con un perfil mucho más cerrado en su sociedad no era un lugar que gustara a los autores liberales de la división provincial española del siglo XIX.

 

San Sebastián era un lugar perfecto por su cercanía con Francia y su fisionomía costera para albergar una ciudad balneario que atrajera visitantes y desarrollara una ciudad cosmopolita de rango internacional.

 

Si bien otras cortes europeas buscaban en el estío un clima más caluroso que el de su capital invernal, acercándose en verano a ciudades costeras más templadas o sureñas de sus respectivos países, en el caso de España, la costa del Cantábrico fue el destino veraniego predilecto de finales de siglo XIX y principios del XX, dadas sus características climáticas, que suavizaban los rigores del verano madrileño, seco y caluroso, aportando un clima más fresco y húmedo en los meses estivales.

 

Aunque posteriormente se alternarían San Sebastián y Santander como ciudades sede del veraneo de la Familia Real, la construcción ordenada en 1888 y culminada en 1893 del Palacio de Miramar en San Sebastián como residencia de la familia real, haría que la regente María Cristina de Habsburgo –viuda de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII- eligiera la ciudad como su destino favorito con vocación de permanencia a finales del siglo XIX, tras las primeras estancias desde 1845 en la ciudad de su suegra Isabel II. La inauguración por parte de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España de la línea de ferrocarril en 1864 había acercado la ciudad balneario a la capital de España.

 

La cercanía  de San Sebastián a la frontera francesa, dónde la población balneario de Biarritz había sido elegida por la mujer española -la emperatriz Eugenia de Montijo- del Jefe de Estado Francés Napoleón III como lugar de residencia veraniega favorecería la consolidación de San Sebastián como lugar de residencia veraniego de la Familia Real española.

 

San Sebastián y Biarritz conformarían junto con el balneario francés de San Juan de Luz el “tridente” preferido de muchas familias de las “cortes” de Madrid y París,  que podían transitar en verano entre Francia y España, disfrutando de lo mejor de la gastronomía y cultura de ambos lados de la frontera, y de la animación de sus visitantes llegados desde las capitales.

 

San Sebastián -junto con Zarauz posteriormente tras la inauguración de la conexión ferroviaria costera en 1900 con la capital de Guipúzcoa- constituirían los lugares preferidos para establecer las residencias de verano para la sociedad que residía en Madrid en invierno, y  que acompañaba a la Corte en verano a la costa Cantábrica –muchos de esos “palacetes” se construyeron con estilo  neoclásico y regionalista -.de los que no demasiados han subsistido en la capital Guipuzcoana a la fiebre constructora del siglo XX y XXI (y casi ninguno en Zarauz, transformada en una localidad sin el encanto arquitectónico señorial que tuvo. Los libros nostálgicos de la arquitectura perdida de Zarauz recuerdan a lo acontecido con la arquitectura palaciega del Eje Prado-Recoletos- Paseo de la Castellana de Madrid). 

 

EL PARENTESIS DEL VERANEO DE 1898 POR LA GUERRA CON ESTADOS UNIDOS.

Los testimonios de época pueden transmitir como ningún otro elemento cómo se veía San Sebastián a finales del siglo XIX, y primera mitad del siglo XX, que constituyeron su época dorada de construcción y consolidación como ciudad principal de España en verano.

 

He aquí unas breves líneas relativas al verano de 1899 en San Sebastián, procedentes de la prensa de la época.

 

En 1898 no se había producido el veraneo de la Corte en San Sebastián, y la ciudad había permanecido casi cerrada en verano..

 

El paréntesis se debió a la guerra que Estados Unidos declaró a España en 1898 (duró desde el 25 abril al 12 de agosto de 1898) con el objetivo de apropiarse de los territorios españoles en el Caribe – Puerto Rico y Cuba- y en el Pacífico –Islas Filipinas, Guam, Islas Marianas, Islas Carolinas y otras tantas islas del antiguo “lago español” –denominación histórica del Océano Pacífico-, que acabó con el imperio ultramarino español en ese fin de siglo XIX.

 

A pesar del que fue calificado como “desastre de 1898”, y aunque esa derrota diera nacimiento al poliédrico movimiento político llamado “regeneracionismo” que tuvo efectos de estímulo de la vida política peninsular, sin embargo la vida diaria en la metrópoli no se vio afectada por mucho tiempo por la guerra de 1898:

 

En el verano de 1899 el ritmo de la vida diaria era recuperado por gran parte de la población, y por sus gobernantes, procediendo a “veranear” de nuevo la Corte española.

 

Así lo reflejan las crónicas del semanario gráfico ilustrado “Nuevo Mundo”, en varios artículos de Julio de 1899:

 

“EL VIAJE DE LA CORTE”

“Huyendo del calor estival que ha comenzado à sentirse desde hace quince días [en Madrid], la Real familia abandonó la Corte en la tarde del 19 del actual [1899]. Para despedir á Sus Majestades y Altezas Reales acudió numeroso público à las inmediaciones de Palacio, y á lo largo de la carrera aglomerábase la muchedumbre formando dos apartadas filas hasta las puertas de la estación [del Norte de Madrid].

Después de las siete y media de la tarde salió del Regio Alcázar el “landeaux” que conducía á SS. MM. y AA. seguido de los que ocupaban las personas de la servidumbre, cuarto militar, etc., y poco después llegaron á la estación, donde aguar daban numerosas representaciones de la política, el ejército, la armada y la nobleza.

[…]

Los andenes ofrecían hora un aspecto animadísimo. Encontrábanse allí el presidente del Consejo [de Gobierno] y todos los ministros excepto el de Hacienda; una numerosa representación […] liberal presidida por  el Sr. Sagasta  y otras muchas representaciones de todas las fracciones políticas con unos prohombre muy caracterizados.”

 

La despedida del tren que partía con la Familia Real hacia San Sebastián incluía una banda de música y los aplausos en los andenes.

 

Era un traslado de la Corte de Madrid a la ciudad Balneario del Cantábrico con toda la pompa de un evento oficial del gobierno y de la administración.

 

LA CORTE EN  SAN SEBASTIAN 1899

 

Es quizás más difícil entender en el pleno siglo XXI –ahora que San Sebastián es también una ciudad con vida social en invierno- lo que para una pequeña ciudad costera de finales del siglo XIX – apenas 37.000 habitantes censados tenía San Sebastián en la época- significaba la llegada de la Corte junto con todas las familias de la sociedad Madrileña que la acompañaban.

 

En ese momento de finales del siglo XIX, la vida social en San Sebastián se limitaba a la época estival, siendo casi inexistente en los periodos invernales. 

 

“LA CORTE EN SAN SEBASTIÄN

Con la llegada de la Real familia, San Sebastián ha adquirido una animación  extraordinaria, porque muchos de los que no decidido el viaje en la duda de que la Corte fuera à aquel punto, se han apresurado á efectuarlo y en pocos días se ha trasladado capital donostiarra toda la colonia de madrileños que acostumbra à veranear en aquellas playas.

La tranquilidad de ánimo que ha ocasionado el restablecimiento de la paz [tras la guerra de 1898 con estados Unidos] , ha contribuido poderosamente á aumentar este año el contingente de veraneantes, y determina también mayor animación y alegría.

 

El traslado de la Corte a San Sebastián suponía la apertura de edificios que permanecían cerrados en invierno  como el Palacio de Miramar, residencia de la Familia Real en San Sebastián, o el Gran Casino – edificio espléndido que actualmente alberga  en el siglo XXI  el Ayuntamiento de la Ciudad- , e  incluía recepciones oficiales a turistas y locales que la transformaban en la “capital de verano” de España, receptora de las influencias extranjeras francesas, dominantes en la época en las cortes europeas:

“Al abrir nuevamente las puertas á sus regios huéspedes el palacio de Miramar, ha esparcido por la población los efluvios de vida y de grandeza que dá á aquel punto la permanencia de la Corte.

El Gran Casino, silencioso como una fortaleza durante el invierno, se ha engalanado con sus luces resplandecientes y dejando ver sus elegantes muebles, libres de fundas, en las suntuosas estancias, limpias de polvo, ofrece nuevamente las brillantes fiestas que tanto amenizan el veraneo de los privilegiados que en él tienen entrada, y en las que las muchachas lucen los últimos modelos que impone la moda de Paris.

[…]

Para el sábado dispuso S. M. la Reina [Regente María Cristina de Habsburgo] una recepción popular en la Casa Consistorial, à la que asistió lo más florido de la población y de la colonia veraniega, y en proyecto hay infinidad de festejos que hace gratísima la permanencia en aquel punto”

 

Y es que no solamente era un desplazamiento de la Familia Real, y su vida social, sino que se producía el desplazamiento de la vida política.

 

Tres grandiosos Casinos de juego llegó a tener San Sebastián en el primer tercio del siglo XX: El Gran casino (actual Ayuntamiento), el antiguo Kursaal y el Casino del Monte Igueldo.

 

Los dos últimos acabaron demolidos en la segunda mitad del siglo XX. El juego se prohibió en España en 1924 por parte del Directorio Militar del general Miguel Primo de Rivera, y con posterioridad ni la IIª República, ni el general Franco revocaron esa prohibición del juego.

 

Por lo que los edificios de los Casinos, los dos últimos de propiedad privada, se perdieron desafortunadamente en los años 60 y 70 del siglo XX por falta de rentabilidad para asegurar su mantenimiento, y sobre todo por la falta de protección arquitectónica de las autoridades municipales y nacionales.

 

La presencia de la Corte y del verano significaba para San Sebastián un rayo de vida, animación que sin embargo desaparecía de nuevo con la llegada del otoño y el invierno, tal y como reflejan estas líneas de 1899 del semanario gráfico Nuevo Mundo:

 

“Los que pueden gozar de estas delicias, seguramente que pensarán que es una gran lástima que no sea verano todo el año para pasarlo en San Sebastián, que en cambio de los atractivos que brinda en esta época, no ofrece en el invierno más que cuadros de tristeza, á los que acompaña el bramido terrible de las olas, y muy frecuentemente el lamento de los náufragos y las lágrimas de los que perdieron á los seres queridos bajo aquellas ondas, hoy tan rizadas y risueñas.

 

Pero no todo era alegría en el verano de San Sebastián, ni siquiera en 1899….                                                                                                       

 

NUBES “POLÏTICAS” EN EL HORIZONTE DESDE 1899

 

Aunque no sería formalmente hasta la época de la Transición a la democracia comenzada en 1975 tras dictadura del general Franco, cuando San Sebastián abandonaría  su condición de “capital de verano de España”, ya se adivinaban en 1899 turbulencias en San Sebastián, que alteraban la vida de los veraneantes, por la conflictividad social de las fábricas de la incipiente industria de los valles guipuzcoanos que ya existía a finales del siglo XIX:

 

“Algo podría contribuir a quitar esplendor al cuadro de alegría que ofrece San Sebastián durante el verano, el eterno problema de los patronos y los obreros, más latente en aquellas regiones que en ningunas otras de España por la profusión de grandes industrias que la enriquecen, y que por rara coincidencia ha venido à mostrarse con caracteres más ostensibles en los días en que la Corte llegó à aquel punto, […]

 

Y es que en principio la conflictividad social en Guipúzcoa no se veía como un riesgo grave en 1899 por el autor de esta crónica veraniega del semanario Nuevo Mundo, para la continuidad de San Sebastián como capital de verano para la Corte.

 

Aunque se podía adivinar leyendo entre líneas, que la existencia de la conflictividad en Guipúzcoa existía desde tiempos pretéritos, incluso antes de que existirá  el nacionalismo de Sabino Arana –surgido a finales del siglo XIX- y su posterior ramificación terrorista marxista de los años 60 del siglo XX –que darían la puntilla a San Sebastián como capital de verano de España- surgieran en esas tierras. He aquí el relato del veranos de 1899:

 

“Una huelga de obreros es un espectáculo curioso para el que no debiendo su vida à las rudas faenas corporales, desconoce casi en absoluto las miserias y las alegrías del taller, y à contemplar este espectáculo nuevo acuden muchos veraneantes, cuya curiosidad hace fruncir el ceño à los huelguistas, que viendo á los burgueses sienten recrudecerse los odios à que dá ocasión la irritan te diferencia establecida por las leyes sociales.

Pero los hornos volverán á encenderse cuando el hambre afecte seriamente a los obreros sin trabajo y los rencores se apagaran en la faena , para que no se turbe la alegría de los que fueron à divertirse.”

 

EL MINISTRO DE JORNADA: SAN SEBASTIÁN CAPITAL POLITICA DE ESPAÑA EN VERANO.

                                                                                                                                                               

El embajador de Estados Unidos en España  Carlton F. Hayes consideraba en sus memorias que San Sebastián era la “Summer capital” o “Capital de verano” de España. Esto escribía de su estancia en España entre 1942 y 1945:

 

“Seguí, con mi mujer y mi hija, a San Sebastián. Llegamos a la “capital de verano” el 25 de agosto. [de 1944].

Y allí su crónica de lo que era la ciudad de San Sebastián diplomáticamente –ciudad que ya había visitado en los veranos anteriores- deja clara la importancia política de la ciudad:

 

“La situación diplomática estadounidense y, de hecho, toda la coyuntura en San Sebastián era bastante diferente en agosto de 1944 de lo que había sido en el verano de 1943.

Mientras tanto, el Departamento de Estado [equivalente Estadounidense del ministerio de Asuntos Exteriores] había aceptado las recomendaciones que la Embajada [De Estados Unidos en España] había estado solicitando durante mucho tiempo para el establecimiento en San Sebastián.

 Fue realmente un "restablecimiento" ya que en días de la Monarquía española, Estados Unidos había tenido un consulado en San Sebastián.

Ciertamente debería haber uno allí [en San Sebastián] todo el tiempo, de un Consulado estadounidense regular, dónde tendríamos oficinas y seguridad adecuadas”.

 

Y es que históricamente desde finales del siglo XIX se desplazaba la actividad diplomática española desde Madrid a San Sebastián, con personal que se trasladaba de las legaciones diplomáticas radicadas el resto del año en la capital “invernal” de España. Es decir Madrid:

 

“[…] se nos permitió realizar nuestras transacciones fuera de las habitaciones de hotel y utilizar los servicios de un personal consular local (encabezado por un funcionario del Servicio Exterior con experiencia, el Sr. Willard Galbraith) y también de funcionarios y empleados trasladados temporalmente desde Madrid.”

 

Y es que a pesar de la llegada de la Segunda República (1931-1936) y del régimen del General Franco (1939-1975)  en la postguerra civil se mantenía todavía la tradición iniciada por la reina Isabel II de España.

 

Serían por lo menos 45 días oficialmente cada verano en los que San Sebastián se transformaba en capital de España todos los años.

 

 Y esta circunstancia continuó siendo así hasta 1976.

 

Continuaba con su relato de loa acaecido en1944, el embajador de Estados Unidos en España, Carlton F. Hayes:

“Desde el 1 de agosto, en que el Foreign Office [Británico] se trasladó a San Sebastián, hasta el 15 de septiembre, en que volvió a Madrid, estuvo constantemente atendido e informado por un muy sagaz e inquisitivo Primer Secretario de la Embajada, el Sr. Fayette Flexer.

Este año, también, los británicos tenían un gran edificio en las afueras de San Sebastián, donde residían Sir Samuel Hoare y Lady Maud [embajador británico en España y esposa], además de oficinas en la ciudad; y la misión francesa ocupaba una espaciosa villa. Por otro lado, los diplomáticos del Eje eran pocos y discretos. El ministro japonés no apareció, al menos en público. El embajador italiano, que vino solo por una semana, ahora estaba, por supuesto, del lado aliado.

Y los ministros satélites de Rumania, Bulgaria y Croacia se mantenían alejados de los alemanes y buscaban contacto con nosotros. El primero de los recibidos en San Sebastián; el segundo después de mi regreso a Madrid.”

 

No deja de ser sorprendente que a pesar de la caída de la monarquía en 1931, los regímenes posteriores mantuvieran la “categoría” de San Sebastián como “Capital veraniega de España”…

 

De hecho , la figura del Ministro de Jornada –Ministro que históricamente acompañaba a los Reyes en su veraneo en san Sebastián en todos los actos públicos y que transmitía los acuerdos del Consejo de Ministros a la Regente o Monarca- acabó transformándose durante la Segunda República y el Franquismo en el “Ministro de Guardia en la Capital de Verano” para atender desde San Sebastián cualquier urgencia política que surgiera en los 45 días del verano en que la capital estaba en la capital Guipuzcoana.

 

El Diario Vasco publicaba un artículo al respecto firmado por Javier Sada el 21 de agosto de 2011 en el que recordaba esta circunstancia:

“EL MINISTERIO DE JORNADA

Durante el franquismo más de treinta países enviaban sus embajadores a San Sebastián [en verano].

 

El origen histórico del Ministerio de Jornada en San Sebastián durante los meses de verano se remonta a los tiempos de la reina María Cristina.

Según la Constitución vigente en aquellos tiempos, el rey no podía ejercer sus funciones legislativas sin la presencia de un ministro que debía firmar los decretos y leyes que después confirmaba la reina. Por lo tanto, siempre había un ministro, equivalente al de Asuntos Exteriores, junto al rey o la reina.

Cuando los Consejos de Ministros se celebraban en Madrid y en lugar de estar presididos por el Jefe del Estado lo estaban por el Jefe del Gobierno, el Ministro de Jornada era el encargado de hacer llegar a la reina, para su ratificación, lo aprobado en el Consejo.

En la reunión de la Diputación celebrada el 16 de enero de 1917 la comisión mixta Ayuntamiento-Diputación propuso, para ser utilizada como sede del Ministerio de Jornada en San Sebastián, la adquisición por 200.000 pesetas de la finca conocida como 'Villa Arenas', en la calle Zabaleta, propiedad de Alberto Machimbarrena.

 

Después de la salida de España del rey Alfonso XIII, tanto con la IIª República, como con el posterior Franquismo, la figura del Ministro de Jornada perduró, aunque ni siquiera el Jefe del estado estuviera más que unos pocos días cada verano en San Sebastián, prefiriendo Franco su Galicia natal:

 

“El Ministro de Jornada tenía como una de sus misiones, entre otras cosas, el atender al Cuerpo Diplomático acreditado en San Sebastián que durante la etapa franquista, allá por los años sesenta, superaba el número de treinta miembros entre embajadores, Encargados de Negocios, etc. además del Nuncio de Su Santidad.

Los países que habitualmente, los meses de verano, establecían sus embajadas en San Sebastián eran: África del Sur, Alemania, Argentina, Bélgica, Canadá, Chile, China, Congo, Cuba, Dinamarca, Egipto, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Grecia, Holanda, India, Irlanda, Italia, Japón, Líbano, Liberia, Libia, Noruega, Países Bajos, Portugal, R.A.U., Sudáfrica, Suecia, Suiza, Tailandia, Turquía, Venezuela y Zaire.

Pasados los años 'Villa Arenas' quedó pequeña y no reunía las condiciones más elementales para desarrollar su labor, por lo que en 1972 la Diputación y el Ayuntamiento hicieron entrega al ministro de Asuntos Exteriores, Gregorio López Bravo, del inmueble que entre las dos instituciones había preparado como nueva sede del Ministerio.

Se trataba de un pequeño pero coqueto edificio sito al final de la cuesta de Aldapeta, frente a «La Cumbre», que popularmente sería conocido como 'la Casa Blanca'.

 

En 1976, no solamente España estaba cambiando, el mundo también estaba cambiando, y el veraneo ya no suponía un desplazamiento a una sola ciudad de la jefatura del estado y sus Ministros como en la época de Isabel IIª, María Cristina de Habsburgo o Alfonso XIII.

 

Se añadía la facilidad de comunicarse a finales del siglo XX por muchos otros medios tecnológicos y la mayor rapidez de transporte, por medios no existentes 100 años antes, lo que permitía no tener que hacer un costoso desplazamiento de una legación diplomática de Madrid a San Sebastián cada año:

 

“La existencia del Ministerio de Jornada en San Sebastián fue cuestionada el año 1976, un año después de la muerte de Franco, cuando muy pocos embajadores seguían residiendo en la ciudad.

A pesar de las declaraciones realizadas unos meses antes por José María Areilza, siendo ministro de Asuntos Exteriores, asegurando que 'La Cumbre' no cerraría sus puertas como residencia ministerial, fue al nuevo titular del Ministerio, Marcelino Oreja, al que correspondería, tomar la decisión de suprimir dicho Ministerio, dedicándose la 'Casa Blanca', hasta abril de 2007, a sede de las Juntas Generales de Guipúzcoa.”

 

 

EL FINAL DE LA CAPITALIDAD DE VERANO DE SAN SEBASTIÁN

 

En ese año de 1976, momento en que el Ministerio de Asuntos exteriores de España acaba formalmente con la capitalidad de verano de San Sebastián al eliminar la figura del Ministro de Jornada”, se sumarían distintos factores que llevarían a la toma de esa decisión:

-la no presencia de la Familia Real en los veranos de la ciudad de San Sebastián. La nueva Jefatura del Estado –desde Noviembre de 1975- supuso un golpe para la ciudad.

 Juan Carlos I no manifestó ningún interés por veranear en esa ciudad, dónde su padre Juan de Borbón había vendido al Ayuntamiento en1972 el palacio de Miramar, un edificio poco funcional muy rodeado de edificaciones urbanas por la expansión de la ciudad desde la Concha hacia Ondarreta.

 

- Por otra parte era poco verosímil que la familia Real regresara una ciudad dónde el ambiente social - con el terrorismo nacionalista de ETA- había destruido la atmósfera festiva de San Sebastián. Ni en la Concha, ni en la las homilías de los párrocos, ni en los restaurantes, ni en los parques se podía el veraneante abstraer de la violencia social del nacionalismo.

 

- Además, la aparición de múltiples destinos en la costa sur y en la costa mediterránea desde los años 1950 en adelante diseminarían a las familias que otrora conformaban la Corte por todo el territorio nacional, dónde Marbella o Sotogrande por ejemplo eran preferidos a la costa norte por muchas familias de la “corte” madrileña.

 

- La mejora tecnológica también influyó: con mejores transportes, aéreos y por carretera, y la aparición del aire acondicionado que permitía estar en sitios más calurosos del globo en cualquier época del año con menor tiempo de desplazamiento, el tipo de veraneo de Balneario decimonónico se vio perjudicado.

 

- La generalización del trabajo por cuenta ajena e incorporación de la mujer al mundo laboral, supondrían tiempos vacacionales más cortos –aunque tuvieran acceso al veraneo más familias numéricamente hablando.

 

 El ambiente irrespirable que se produjo en la época de la Transición del régimen del general Franco a la democracia desde 1975, dónde una parte de la sociedad Guipuzcoana abrazó la ideología nacionalista –unida entonces  al violento marxismo- leninismo y otras corrientes del maoísmo corrientes todas ellas  terroristas, con los asesinatos, secuestros y extorsiones de ETA y sus facciones, fueron la “puntilla” al san Sebastián como destino histórico de vacaciones.

 

Las pocas familias que quedaban todavía en los años 70 del siglo XX de la antigua “corte” veraneando en san Sebastián -que habían establecido su residencia veraniega de la época dorada de la ciudad desde finales del siglo XIX-  procedió a trasladarse a otros puntos de veraneo de España o del extranjero –como fue el caso de nuestra familia.

 

Aunque a principios del siglo XXI ha mejorado algo la situación del terrorismo sociológico en las zonas urbanas de las provincias vascas, San Sebastián es muy distinto de lo que en su época fundacional… pero también son distintos Niza, Biarritz o Deauville de lo que fueron hace 100 años.La sociedad es mucho más móvil.

 

Por último, el lugar de descanso veraniego de  la familia Real- que eligió desde el reinado de Juan Carlos I fue  la isla de Mallorca.

 

Si bien la monarquía  ya no arrastraba en la Transición a una Corte similar a la de finales del siglo XIX y principios del XX, ni  fue tan relevante para Mallorca la presencia de un monarca para un lugar veraniego como lo había para san Sebastián la presencia de sus tatarabuelos, bisabuelos y abuelos  en los decenios anteriores, el prestigio de Mallorca aumentó con la presencia de la familia Real.

 

Esta decisión de Juan Carlos I de no seguir ni en San Sebastián - ni en Santander -  vino a confirmar el desapego de Familia Real con las antiguas ubicaciones de veraneo de sus abuelos en la Costa Cantábrica, y la voluntad de empezar una nueva era.

 

Ninguna localidad heredó de ese título de “capital de verano de España”  en la Transición.

 

Barcelona perdería en los años posteriores igualmente su título de “Capital comercial de España” que todavía mantenía a principio de la Transición.

La perdió por negligencias de sus dirigentes regionales  y no parece que vaya a recuperar esa condición de aquí a finales de siglo XXI….

 

Como capital solamente permanece Madrid…. la capital cultural, comercial, financiera, de verano, de invierno  de todos los españoles… y parte del extranjero.

Y permanecen también un sinfín de lugares de España dónde pasar un verano dónde sentirse como en San Sebastián hace 100 años, sea dónde sea.

Compartir en:

Crónica económica te recomienda