LOS CIMIENTOS DE LOS SISTEMAS ALIMENTARIOS

Agua, Tierra, Suelo, Biodiversidad y Clima

13 de enero de 2022

Sin los Recursos naturales no hay Alimentos, ni Desarrollo Sostenible, ni Bienestar de la Población, ni Calidad de Vida. En estos días que tanto se habla de la alimentación y de la calidad de los alimentos, todos tenemos la obligación de cuidarlos y respetarlos porque se pueden degradar.

Compartir en:

Existen en cantidades finitas permanentes en situaciones de equilibrio de la naturaleza. La seguridad alimentaria presente y futura de los 7800 millones de seres humanos que habitamos el planeta entra en riesgo y puede quebrar si no los conservamos como autenticas tesoros de la humanidad. En el presente documento se hacen consideraciones generales sobre uno de ellos.

EL SUELO.

Los suelos son fundamentales para la vida en la tierra, pero la presión humana sobre los mismos está alcanzando niveles críticos. Los suelos son la base de la producción de alimentos y de la seguridad alimentaria y nutricional para todos. Aportan a las plantas nutrientes y agua. Además, sirven de sustento a sus raíces.
En muchas áreas del mundo la producción agrícola intensiva ha deteriorado el suelo. Actualmente el 33% de la tierra se encuentra de moderada a altamente degradada debido a los procesos de erosión, salinización, compactación, acidificación y contaminación química. El sellado del suelo por la urbanización y construcción de infraestructuras es otro fenómeno destacado que afecta generalmente a los suelos más fértiles de cada región, perdiéndose estos para la producción de alimentos.
Como consecuencia de este proceso continuo de degradación y perdida de suelo queda amenazada la capacidad de alimentar de forma sana y nutritiva a una población mundial en continuo crecimiento condenando a millones de personas presentes y futuras al hambre y la pobreza.
“Las presiones actuales sobre los ecosistemas de tierras y aguas son intensas y muchos de ellos están sometidos a tensiones que los están llevando a un punto critico”. QU Dongyu, Director General de la FAO.
La comunidad internacional tiene que reaccionar ante esta situación. La celebración del año 2015 como Año Internacional de los Suelos (AIS) ha sido un primer punto de inflexión, en el que se ha revisado la Carta Mundial del Suelo (CMS), aprobada por unanimidad por 194 países. La FAO ha publicado una obra sólida y relevante El estado del recurso suelo en el mundo (2015) y en el pasado mes de Diciembre El estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura (SOLAW 2021). Se han llevado a cabo miles de iniciativas a lo largo y ancho de todo el planeta para concienciar sobre el suelo. El denominado “aliado silencioso de la humanidad”.


El suelo es más que arena, tierra y hierba. Es soporte, alimento y vida. Es un medio dinámico, en el que encontramos minerales, materia orgánica y organismos vivos, acompañados de un conjunto de líquidos y gases que se almacenan y circulan por su gran red de huecos y cavidades. Entre un 40 y 60% del volumen total de un suelo contiene agua. Es importante señalar que un centímetro de espesor de suelo puede tardar hasta 1000 años en formarse. Por ello el suelo es mucho más de lo que creemos y merece cuidado y respeto.
Los organismos vivos que habitan el suelo ejercen un papel preponderante en su formación y fertilidad. Trabajan descomponiendo la materia orgánica para producir el humus que es una sustancia fundamental como fuente de nutrientes para las plantas (nitrógeno, fosforo, potasio). Une las partículas del suelo formando agregados que reducen la erosión y aumentan la capacidad de retención del agua. El suelo es el soporte de la vida. En una cucharilla de suelo sano puede haber más microorganismos que habitantes en el planeta. La diversidad de microorganismos del suelo es sorprendente. Las bacterias y los hongos son los más abundantes. En un puñado de suelo puede haber hasta un billón de bacterias. Una cuarta parte de las especies del planeta viven en el suelo. Aunque no los vemos existen más organismos bajo nuestros pies que por encima del suelo.
Adicionalmente, existe fauna que vemos directamente y desempeñan funciones importantes. Por ejemplo, un suelo sin lombrices puede perder hasta un 90 % de su capacidad de absorción de agua. A Darwin le fascinaban las lombrices. Es probable que este aspecto mucha gente lo desconozca. Seis meses antes de morir publicó un libro titulado “La formación del manto vegetal por la acción de las lombrices; con la observación sobre sus hábitos”. En aquellos tiempos esta obra tuvo más éxito que la gran obra de aportación mundial a la teoría de la evolución “El origen de las especies” y contribuyó a que las lombrices dejaran de ser consideradas como una plaga. Por último, los organismos vivos de una hectárea de suelo producen cada año una cantidad de materia orgánica equivalente al peso de 25 automóviles.
El suelo contribuye a mitigar el cambio climático. El carbono ( C ) es el elemento estructural principal de todos los seres vivos y el suelo es el mayor almacén terrestre del planeta. El suelo almacena 25.000 millones de toneladas de carbono. Contiene más del triple del que puede haber en la atmosfera y el cuádruple de toda la vegetación. Regula el ciclo del agua y retiene 200 litros de agua por metro cubico de suelo.


Sin embargo, la erosión del suelo arrastra entre 20.000 y 37.000 toneladas de suelo superficial al año, lo que reduce el rendimiento de los cultivos y su capacidad de almacenamiento de carbono, nutrientes y agua. Se estima que las pérdidas de producción anual de cereales debido a la erosión ascienden a 7,6 millones de toneladas.
“El deterioro de la tierra, el suelo, los recursos hídricos y el cambio climático, provocados por el ser humano, reduce el potencial de producción, el acceso a los alimentos nutritivos, la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que sustentan los medios de vida sanos y resilientes. Están aumentando los niveles de riesgo precisamente en los momentos y lugares en los que más se necesita el crecimiento económico” ( FAO-SOLAW 2021).
Las tierras dedicadas a la agricultura utilizan 4750 millones de hectáreas para el cultivo y la ganadería. Mientras que los cultivos temporales y permanentes ocupan una superficie de 1550 millones de hectáreas los prados y pastos permanentes prácticamente doblan dicha superficie. 3.200 millones de hectáreas. La superficie dotada con sistema de riego supone 340 millones de hectáreas, que prácticamente representa un 20 % de la superficie de dedicada a tierras de cultivo. Desde el año 2000 al 2019 la evolución de las tierras de cultivo aumento un 4%-63 millones de hectáreas. También creció las dedicadas a cultivos de regadío un 18 %-53 millones de hectáreas. En el caso de los cultivos de secano el incremento fue inferior situándose en un 2,6%, aproximadamente 63 millones de hectáreas. Debido al aumento de la población los terrenos agrícolas disponibles per cápita para el cultivo y la ganadería disminuyeron un 20% situándose en 2017en 0,19 hectáreas /per cápita.
La cubierta forestal es un indicador valioso de la salud del clima por el papel que juega en la captura de carbono, aspecto relevante en la mitigación del cambio climático. Abarca algo más de 4.060 millones de hectáreas situadas en un 45 % en la zona tropical de América Latina y el África Sub-Sahariana, seguida de la zona boreal con un 27 % (Federación de Rusia y Canadá). En las tres últimas décadas, 1990 a 2020, la tasa de pérdida anual de superficie boscosa se ha reducido gradualmente desde el 7,8 %, 5,2% y 4,7 % respectivamente. En la actualidad se pierden 4,7 millones de hectáreas de bosque cada año.


La degradación y el drenaje de los suelos de turba liberan grandes cantidades de carbono al descomponerse. Los incendios en las turberas drenadas representan el 4 % de las emisiones totales de CO2 de los incendios entre 1997 y 2016. El tratamiento de los suelos con fertilizantes inorgánicos para incrementar el rendimiento ha tenido efectos adversos importantes para la salud del suelo y ha contribuido a la contaminación de las aguas derivada de la escorrentía y el drenaje. Las prácticas agrícolas también hacen que los suelos emitan otros gases de efecto invernadero además de CO2. Los suelos emiten óxido nitroso cuando se aplican fertilizantes nitrogenados. El uso agrícola de fertilizantes sintéticos nitrogenados ha aumentado desde el año 2000, pasando de 81 millones de toneladas a a 110 millones en 2017. El uso de fosforo (P2O5) se ha incrementado de 32 millones de toneladas a 45 millones y el de potasa (K2O) con un crecimiento importante de 22 millones de toneladas a 39 millones en 2018.


Finalmente, la degradación de la tierra que alcanza el 34%, consiste en la erosión del suelo, el agotamiento de los nutrientes y el aumento de la salinidad. Ha sido provocada por el ser humano y afecta a 1660 millones de hectáreas (733 millones en zonas áridas y 927 en zonas húmedas). Las zonas de cultivo representan el 29 % de todas las zonas degradadas. La tercera parte de ellas en el secano y la mitad en las de regadío.

 

Compartir en:

Crónica económica te recomienda