La conservación y restauración integrada de los recursos naturales aseguran los cimientos de los sistemas alimentarios.

03 de febrero de 2022

Las políticas públicas y la iniciativa privada tienen que promocionar, incentivar y apoyar a los sistemas agroalimentarios que conservan y restauran los recursos naturales como el agua, el suelo y la biodiversidad, gestionan el aprovechamiento de la energía que nos envía gratuitamente el sol y suministran además dietas satisfactorias y saludables. Tres nítidos efectos positivos que constituyen poderosas palancas para mejorar los impactos económicos, sociales y ambientales de la sociedad.

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Si, por ejemplo, la biodiversidad, el agua y el suelo se protegen y conservan con acciones simultaneas, coordinadas y lideradas conjuntamente además de los beneficios individuales que cada una de ellas genera - garantizando bienestar y calidad de vida a las generaciones futuras - producen efectos enormemente interesantes en la mejora del suelo. Efectivamente, enriquecen el contenido de materia orgánica, contribuyen a la captación y almacenamiento del carbono existente en la atmósfera, evitan emisiones de efecto invernadero e incrementan la fertilidad del suelo. Estamos generando beneficios múltiples. La salud del suelo garantiza, al mismo tiempo la salud de los alimentos y contribuye a la salud de las personas.  

Una ganancia, producida por la suma de dos ganancias individuales, se puede multiplicar extraordinariamente con este tipo de acciones integradas. Surgen las sinergias, aparecen la palabra co-beneficio y en términos ingleses los “win, win” se convierten en “ win, win, win……win” , tan de actualidad en la prensa internacional.

Contando con esta integración, amparada en el conocimiento, experiencia y sentido común, se puede satisfacer la demanda prioritaria de producir más alimentos, con menos fertilizantes sintéticos, sin estrés hídrico y evitando la contaminación ambiental. Usando menos recursos e incrementando la productividad agrícola, ganadera y forestal. Y para postre contribuyendo a la adaptación y mitigación del cambio climático.

De cara al futuro, la demanda presente de alimentos de los 7800 millones de personas que habitamos el planeta, según los expertos, se incrementará un 50 % en 2050 como consecuencia de un crecimiento de la población de 2000 millones de habitantes. Y habrá que producirlos con las mismas cantidades finitas y limitadas de recursos naturales de tierra, agua, y biodiversidad, que tenemos hoy, siempre contando con la esperanza de que no se deterioren más, tal y como ha venido acaeciendo en las últimas décadas.

El desafío de la agricultura y el objetivo prioritario en el ámbito de la alimentación es “Producir más, con menos recursos, conservando los recursos naturales, sin contaminar el medio ambiente y evitando el calentamiento global de más de 2ºC. en 2050” Y para mayor abundamiento en el reto se acrecienta con las olas y huracanes de las crisis mundiales que padecemos hoy. La degradación de los recursos naturales, agua, suelo, biodiversidad, el cambio climático, la crisis energética, la crisis económica  y la crisis de la salud motivada por la pandemia del COVID 19.

Es obvio en consecuencia que el mayor error que se puede cometer es abordar estas crisis de forma independiente tal y como se está haciendo actualmente. Mas que nunca es esencial examinar el conjunto de factores que condicionan las crisis desde una perspectiva holística y multidisciplinar. Esto es particularmente importante cuando se consideran distintas alternativas para erradicar el hambre y la malnutrición y a su vez, cambiar el modo en que se producen, transforman, distribuyen, comercializan y se consumen los alimentos. Es preciso crear un equilibrio sostenible entre la oferta de los alimentos y las necesidades nutritivas de la población. En la perspectiva de un Sistema Agroalimentario Mundial hay que analizar sopesar y evaluar simultanea y conjuntamente, los efectos, impactos e interrelaciones de las crisis actuales y futuras de la humanidad. Desgraciadamente, a mi juicio, nunca se han abordado estos dominios a la vez en las Grandes Cumbres Mundiales Políticas y de Desarrollo.     

Frente a las crisis hay que tener en cuenta la integración coordinada de acciones, con aplicación de la sabiduría tradicional y sentido común de los agricultores, poniendo a su disposición un acceso fácil a la extensión agraria, escuelas de campo, investigación, innovación, nuevas tecnologías, gestión de recursos, equipamiento digital e inteligencia artificial. Es decir, todo el conjunto de conocimientos y lecciones aprendidas disponibles.

El proceso de desarrollo y globalización no se puede cambiar de un día para otro. Sin embargo, no hay mejor ocasión para empezar a mostrar cómo se podría trabajar de forma mas equitativa, en el interés de toda la humanidad y las generaciones futuras que ocupándose de la erradicación del hambre y el suministro futuro de alimentos.

En síntesis, tenemos que abrir una ventana al optimismo y estar convencidos de que vamos a ganar. Si trabajamos juntos conscientes del respeto y dignidad de las personas lo vamos a conseguir. Tenemos una base firme de conocimiento y experiencia de más de 12.000 años desde los tiempos de creación de la agricultura. Permítanme la metáfora “tenemos los pies en el suelo”. Disponemos de buenos mimbres para hacer el cesto de la convivencia y bienestar.

Y todo ello aderezado con una amplia y compartida participación de los que saben, tienen conocimiento, experiencia, voluntad política y liderazgo. No es necesario esperar a que la ciencia avance en la investigación y descubra nuevos procedimientos, procesos, necesarios para resolver los problemas del futuro, como por ejemplo la necesidad imperiosa y urgente del almacenamiento y gestión de las energías renovables a aplicar en la mitigación del cambio climático. Sabemos clara, nítida y rotundamente lo que hay que hacer y cómo hacerlo. El milagro de la erradicación del hambre y la malnutrición en el mundo en un tiempo razonable es posible, justo y necesario. Es el mejor regalo que podemos hacer a las generaciones futuras.

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