Los planes de retención de empleo de Europa contenían el desempleo, pero siguen existiendo desafíos

03 de abril de 2022

El COVID-19 causó el shock más severo a la economía europea durante al menos 75 años, con interrupciones significativas en el mercado laboral. No obstante, una poderosa respuesta política amortiguó el impacto de la pandemia y evitó que el desempleo aumentara tan bruscamente como se temía inicialmente.

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Con la región enfrentando ahora un segundo shock por los efectos de contagio causados por la invasión rusa de Ucrania, las autoridades deben proceder con cautela a medida que continúan reduciendo las respuestas políticas, para no deshacer su éxito en la protección de los empleos de la pandemia.Con la región enfrentando ahora un segundo shock por los efectos de contagio causados por la invasión rusa de Ucrania, las autoridades deben proceder con cautela a medida que continúan reduciendo las respuestas políticas, para no deshacer su éxito en la protección de los empleos de la pandemia.¿Qué lecciones podemos extraer de la respuesta de los responsables políticos durante la COVID-19?  Un nuevo documento del personal técnico del FMI concluye que el uso generalizado de planes de retención de empleo significó que la tasa de desempleo de la zona del euro fue 2,5 puntos porcentuales más baja de lo que habría sido sin ninguna intervención. Esto mantuvo a alrededor de 4 millones de trabajadores en sus puestos de trabajo.La recuperación del mercado laboral también ha sido mucho más rápida que en recesiones anteriores. El desempleo en la UE disminuyó a un mínimo histórico del 6,2 por ciento en enero de 2022, y la tasa de participación en la fuerza laboral ha alcanzado un máximo histórico, respaldada por un fuerte aumento de las vacantes. Pero la recuperación ha sido desigual en toda la región, lo que refleja diferentes condiciones iniciales, apoyo a las políticas y crecimiento subyacente, entre otros factores. Y ahora los efectos de la invasión rusa de Ucrania podrían complicar y obstaculizar la recuperación, por razones que incluyen un menor crecimiento y flujos migratorios significativos para algunos países.
La velocidad variable de la recuperación hasta la fecha es evidente en todos los países, industrias y grupos de población. Por ejemplo, la tasa de desempleo en Francia y España está ahora por debajo de los niveles anteriores a la crisis, mientras que la recuperación en algunos otros países como Estonia y Letonia ha sido más gradual. El empleo en los sectores intensivos en contacto se está recuperando más lentamente que en otras partes de la economía. Los trabajadores de estas industrias, que tienden a ser jóvenes, poco calificados y con acuerdos de empleo temporal, han tenido más dificultades para volver al trabajo o todavía trabajan menos horas que en el período anterior a la crisis, lo que podría exacerbar las tendencias subyacentes en la desigualdad. Aunque los gobiernos están reduciendo rápidamente los esquemas de retención de empleos, siguen vigentes en la mayoría de los países y el total agregado de horas trabajadas todavía está por debajo de los niveles observados a fines de 2019. Esto sugiere que el desempleo podría aumentar ligeramente a medida que los gobiernos continúen eliminando el apoyo político y más personas comiencen a buscar trabajo, lo que se suma al subempleo aún alto, especialmente en algunos países del sur de Europa. La guerra podría aumentar estas presiones.
Al mismo tiempo, la reciente eliminación de los planes de retención de empleo en algunos países como el Reino Unido no ha dado lugar hasta ahora a tasas más altas de desempleo. Esto es probablemente debido a la fuerte demanda de mano de obra, la jubilación anticipada de los trabajadores mayores y potencialmente los retrasos en los informes a medida que los trabajadores cumplen sus períodos de notificación.La pandemia también ha acelerado las transformaciones estructurales, incluida la digitalización, la automatización y el aumento de la acción climática. Es probable que estas transformaciones impliquen una reasignación significativa de trabajadores entre sectores y ocupaciones a largo plazo.Las estimaciones previas a la pandemia sugerían que se crearían alrededor de 5 millones de puestos de trabajo en los próximos 10 años en los cuatro países más grandes de la zona del euro. La pandemia ha reducido esa proyección hasta en 1,5 millones, y los que pierden principalmente en sectores poco calificados. Y queda por ver cómo afectará la última crisis a este panorama.
En el futuro, hay tres prioridades políticas:• Ajustar los esquemas de retención de empleo para que no obstaculicen la reasignación necesaria. Reducirlos a los niveles anteriores a la crisis debe hacerse gradualmente, por ejemplo, dirigiendo cada vez más el apoyo a los sectores que siguen siendo los más afectados por las restricciones relacionadas con la salud.• Ayudar a los trabajadores a moverse directamente entre los trabajos para evitar el desempleo y la inactividad. Esto podría lograrse mejorando las políticas que faciliten la búsqueda de empleo, incentiven la contratación y la movilidad geográfica, y promuevan la capacitación y el reciclaje profesional, incluso para reducir la brecha de habilidades digitales. Un alto grado de flexibilidad en los mercados laborales y de productos también desempeñará un papel clave para facilitar las transiciones del mercado laboral.• Minimizar las cicatrices de la pandemia reforzando las políticas activas del mercado laboral para apoyar la participación en la fuerza laboral y repensar las redes de seguridad y los sistemas de protección social de manera más amplia para garantizar que nadie se quede atrás.

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