EL PAPEL DE LA BIODIVERSIDAD EN LOS SISTEMAS ALIMENTARIOS

20 de enero de 2022

¿Qué es la Biodiversidad? La biodiversidad (universidad de la vida) es la suma de todos los ecosistemas, especies y diversidad genética de tipo terrestre marino y acuático. Incluye la variabilidad dentro de los organismos vivos, así como los complejos ecológicos de los que forma parte. En ella hay que considerar tres partes nítidamente diferenciadas, relacionadas entre sí durante miles de años, con un gran equilibrio, euritmia y armonía; la diversidad genética, la de especies y la diversidad de los ecosistemas.

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La diversidad genética corresponde a la variedad de genes que poseen plantas, animales, hongos, bacterias y microorganismos. Bien sea individualmente o en diferentes agrupaciones los genes determinan y expresan los rasgos, características, y atributos de cada individuo. El color de los ojos, de las flores, la estatura, el grupo sanguíneo etc. El trigo tiene 95.000 genes y el arroz 36.000. Curiosamente ambos tienen más genes que el ser humano. No hay dos seres vivos exactamente iguales. Existe una gran variabilidad que es lo que define la diversidad genética.
La especie comprende organismos que son capaces de reproducirse entre sí y producir una descendencia fértil. Los términos de referencia de cada especie se basan en la taxonomía, ciencia establecida e impulsada por el botánico sueco Linneo que nombra, describe y clasifica organismos incluyendo todas las plantas, animales y microorganismos del planeta. A partir de la apariencia, morfología, lugar de residencia, modo de vida, funciones, ecología etc. se desarrolla el proceso de clasificación. En la actualidad se han catalogado 1,78 millones de especies, pero los expertos consideran que existen 5 veces más. Las abejas, el arroz, el águila y el ser humano son ejemplos por todos conocidos. Cabe afirmar que las especies son la piedra angular de la biodiversidad.


Los ecosistemas integran comunidades de especies que se relacionan entre si y comparten el mismo entorno. Un hábitat en el que se encuentra el organismo vivo y que desaparece cuando ese organismo ve imposibilitada su existencia. En general se pueden clasificar en dos grandes grupos terrestres y acuáticos. La biodiversidad agrícola, forestal, de las montañas, del agua dulce, la marino costera y la de los océanos son ejemplos relevantes. La variedad es lo que caracteriza a los ecosistemas. Por ejemplo: ríos, océanos, montañas, praderas, pastos bosques etc. Hecho que está directamente ligado a dos factores de riesgo: la acción directa del hombre y el cambio climático.


Pero lo más importante de la biodiversidad es la forma, el equilibrio, la armonía, la concordia, la buena disposición, la euritmia, la vinculación, correspondencia e interrelaciones de las diversas partes durante miles de años.
La biodiversidad agrícola integra innumerables plantas y animales para el consumo de alimentos o uso medicinal. Incluye las razas ganaderas adaptadas a ecosistemas difíciles, así como las especies silvestres que habitan en las zonas agrícolas, los insectos que polinizan los cultivos y permiten llevar a cabo una gestión integrada de plagas, los microorganismos vivos que regeneran y garantizan la salud del suelo.
En los ecosistemas agrícolas el mantenimiento de la diversidad biológica es esencial para la producción de alimentos, así como para conservar los cimientos ecológicos de una agricultura respetuosa con el medio ambiente. Los agricultores, durante miles de años, han labrado y consolidado una biodiversidad que todavía hoy rinde sus frutos como un elemento clave de la supervivencia de los agricultores pobres de todo el mundo. Sin embargo, alrededor del 75 % de la diversidad genética de los cultivos se ha perdido durante el último siglo circunstancia que conlleva preocupación por la incidencia que puede tener en la seguridad alimentaria y nutricional del futuro.


Se estima la existencia de 30.000 especies de plantas comestibles de las que alrededor de 7000 han sido cultivadas y recolectadas por los seres humanos para su alimentación en diferentes épocas y circunstancias.
Las especies domesticadas por la acción del hombre, a lo largo del tiempo, en función de sus ventajas comparativas de rendimiento, aprovechamiento y calidad de los alimentos son un número relativamente pequeño. Por ejemplo, hoy en día tan solo ocho especies de cultivo (maíz, trigo, arroz, sorgo, patatas, judías, cebada y cacahuete) suministran el 53 % del consumo diario medio de calorías, cinco especies animales (vacuno, ovino, caprino, cerdo y avícola) aportan el 31 % del consumo diario de proteínas y tres especies de cereales (maíz, trigo y arroz) proporcionan el 48 % del consumo diario medio de calorías.

Las Perdidas de la biodiversidad.

Como se ha señalado anteriormente biodiversidad existente es de 1,78 millones de especies identificadas. En consecuencia, la humanidad cuenta con un potencial genético impresionante todavía no identificado que puede jugar un papel esencial en el futuro bienestar de los seres humanos. Sin embargo y por el contrario hay que advertir que en la actualidad se extinguen 150 especies diariamente hecho que constituye una perdida genética de consideración que todos tenemos que lamentar.
Entrando en detalle de las pérdidas se estima que durante el siglo XX más del 75 % de la diversidad genética de los cultivos agrícolas ha desaparecido. Igualmente se calcula que el 17 % de las 8700 razas de ganado en el mundo están en peligro de extinción y casi el 60 % en estado de riesgo. Ello trae consigo que hemos perdido un patrimonio genético de gran valor que se había alcanzado por agricultores y ganaderos en el transcurso de milenios. Patrimonio que comprende la capacidad para sobrevivir a los veranos calurosos y a los inviernos fríos, crecer en condiciones en condiciones secas o en zonas propensas a las inundaciones, y resistir a las plagas o las enfermedades.
Esta reducción afecta a nuestros agricultores y ganaderos y otros productores de alimentos que tendrán menores posibilidades de afrontar los retos de abastecernos de alimentos. La vulnerabilidad de un cultivo por ser demasiado uniforme puede cerrar el camino a la posibilidad de desarrollo agrícola. El ejemplo más famoso del peligro dé la uniformidad genética se produjo con la pandemia del mildiu de la patata que en 1840 desencadenó la “Gran epidemia de Hambre “en Irlanda con un enorme impacto de casi 2 millones de muertes y que además provocó una gran emigración a Estados Unidos.


La principal causa de la perdida de diversidad de los cultivos es la generalización de la agricultura comercial moderna de nuestros días. La consecuencia casi siempre involuntaria de la introducción de nuevas variedades de cultivos ha sido la sustitución y la perdida de variedades tradicionales de los agricultores que tenían una gran diversidad. Como afirma mi colega Pepe Esquinas de la FAO” Se han sustituido miles de variedades de cultivos heterogéneos por un pequeño puñado de variedades comerciales, uniformes y homogéneas”. Esta acción ocasiona graves problemas a agricultores, investigadores y científicos cuando es necesario adaptar cultivos para que resistan a plagas o al cambio climático y carecen de variedades para su oportuna selección genética.
En línea con lo anterior cabe señalar que, en Méjico, uno de los mayores productores de maíz del mundo, solo utilizaban a principios del siglo XXI un 20 % de las variedades de maíz de las que se tenía constancia setenta años antes. Igualmente, los agricultores de la India llegaron a cultivar 30.000 variedades de arroz que posteriormente en la última década del siglo XX se habían reducido a 10. También en Estados Unidos durante el siglo XIX desaparecieron un 80 de variedades de maíz, guisante, tomate y manzana. Y en España de las más de 400 variedades de melón de las que se tenía noticia en 1970 quedaron reducidas a 10 en los últimos años del siglo XX. Análogamente en China de las más de 10.000 variedades de trigo que se identificaban en 1950 solo que 25 años después quedaron reducidas a 1000.

Conviene diferenciar entre la biodiversidad silvestre que abarca a todos los vegetales, animales, hongos y organismos, no domesticados, que no se han sido introducidos voluntariamente por la mano del hombre en la agricultura y ganadería. En relación con la agricultura las pérdidas y muertes cíclicas de millones de insectos polinizadores, como las abejas, son dramáticas ya que el 75 % de los cultivos del mundo dependen de la polinización. Hasta un 300 %, en los últimos 50 años, ha aumentado la producción agrícola que depende de la polinización. Las abejas además en los países occidentales producen 1,6 millones de toneladas de miel.
La aparición de nuevas plagas y enfermedades derivadas de una menor resiliencia a los cambios ambientales de los cultivos es otra de las causas que contribuye a la perdida de diversidad agrícola. En zonas tropicales la nueva situación afecta a variedades de semillas de cereales y otros aprovechamientos agrarios que se cultivan en la actualidad. Sera necesario que los agricultores se adapten a las nuevas condiciones de trabajo de las variedades locales compatibles con el cambio de clima, con el incremento de riesgo de perder la biodiversidad. En este sentido, el cambio climático contribuirá a la extinción de especies y variedades silvestres que son relevantes para la alimentación de las futuras generaciones.
Por otra parte los expertos han llegado a la conclusión de que se encuentran en serio peligro el 41 % de los anfibios, el 33 % de los corales, el 30 % de las coníferas, 25 % de los mamíferos y el 13 % de las aves.
En resumen, los países dependerán cada vez más de la diversidad genética de otros países y regiones para adaptar su agricultura, ganadería y pesca a la producción de alimentos.
El seguimiento y control de las especies amenazadas se lleva a cabo por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) que cuenta con la participación y trabajo de campo de miles de expertos. En 2017 hizo constar que el número de especies amenazadas en distintos grados se acercaba a las 72.000.

Algunos caminos de solución a las pérdidas de la biodiversidad

El fortalecimiento de los 500 millones de explotaciones familiares constituye una línea de acción para la diversificación de cultivos, en las que la mujer tiene un papel fundamental en el 50 % de la producción de alimentos. En relación con la biodiversidad la mujer cuida y conserva con observación y atención permanente los recursos naturales. Enfoca su actividad hacia una agricultura de alimentación y nutrición de la familia garantizando así su seguridad alimentaria. Los agricultores familiares, especialmente los más pobres, suponen el 70 % de la población rural que padece inseguridad alimentaria. Tienen además medios de vida limitados y no pueden acceder a la compra de semillas, fertilizantes y pesticidas.
El fomento de la agroecología que se basa en la aplicación de conceptos y principios ecológicos con el fin de optimizar las relaciones entre plantas, animales, microorganismos y seres humanos. Mediante la creación de sinergias apoya la producción de alimentos, la seguridad alimentaria. Restaura los servicios de los ecosistemas que son esenciales para una agricultura sostenible. Desempeña una función relevante en aspectos sociales fomentando la participación, creación, innovación, trabajo en común, resiliencia y respeto a la cultura indígena. Contribuye a la adaptación al cambio climático. Se encuentra por lo tanto en línea con las Áreas de Acción de la Cumbre de Sistemas Alimentarios de Nueva York de septiembre de 2021, particularmente con la numero 3 “Impulsar la producción positiva de la naturaleza a gran escala” y la numero 5

“Desarrollar resiliencia a las vulnerabilidades, choques y estrés”.

La diversidad genética puede llegar a ser un salvavidas trente a el hambre. Lo fue durante la hambruna europea en Irlanda donde fallecieron casi dos millones de personas por la crisis en la producción de la patata provocada por un hongo “el mildiu” de la patata. Hubo que buscar en variedades de los países andinos de América Latina (Perú, Bolivia etc) – de donde la patata es originaria-- los genes de resistencia a la enfermedad.
Una biodiversidad vinculada a los ecosistemas terrestres, acuáticos y marinos, protegida, promocionada y amparada con planes agroecológicos centrados en las personas construye un amplio rango de sistemas de producción agrícola, ganadera, forestal y pesquera que puede garantizar un acceso a alimentos seguros, saludables, satisfactorios, nutritivos y saludables a lo largo del tiempo a los que vivimos en el planeta.

Consideraciones finales

En gran parte de la opinión pública y prioritariamente en las noticias de los medios de comunicación la perdida de la biodiversidad sobrepasa la diversidad genética de los cultivos, el ganado y la pesca a pesar de que están producidos con un inmenso esfuerzo y dedicación de muchas agricultores, ganaderos y pescadores. Por el contrario, se centra únicamente en especies que van camino de la extinción. A veces parece que es más importante el bienestar de un lince que la vida de cuatro niños que mueren cada segundo en el mundo.
Lo que predomina en el sentir de muchos es que producir alimentos amenaza continuamente a la gente y al planeta. La agricultura y ganadería ocupan más de la mitad de la superficie habitable, consumen el 70 % de los recursos de agua renovable y contribuyen al 75% de la deforestación de los 5 millones de hectáreas de bosque que se pierden cada año y además generan el 30 % de las emisiones de gases de efecto invernadero que propician el cambio climático. ¡Que desbarajuste y que desastre comentan algunos!
Pero contra viento y marea es imprescindible manifestar ahora lo que se proclamaba en tiempos de Columela hace 20 siglos “Sine Agricultura Nihil “. Es justo y necesario acorralar y desmentir la ignorancia supina que predomina en ámbitos urbanos y en determinados foros políticos. El conocer, hacer y saber hacer de los agricultores. El entusiasmo, dedicación y compromiso de muchos seres humanos dedicados a la noble tarea de alimentar a la ciudadanía exige respeto a su dignidad como personas y además un sincero y afectuoso reconocimiento por su trabajo y dedicación. Son los auténticos héroes de la alimentación.

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