ADAPTACION Y MITIGACION DEL CAMBIO CLIMATICO A LOS SISTEMAS ALIMENTARIOS

19 de noviembre de 2021

¿Cómo se abordan dichos aspectos en la reciente Cumbre del Cambio Climático COP 26 de Glasgow? La adaptación al cambio climático es el proceso de ajuste al clima real existente en una comunidad, así como sus impactos. Se persigue con la adaptación moderar o evitar las pérdidas y daños a los seres humanos o, en su caso, aprovechar por los mismos oportunidades positivas.

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Las medidas de adaptación son aquellas destinadas a actuar sobre los efectos ya producidos por el cambio climático. Por el contrario, los planes de mitigación se centran en las causas, es decir en la prevención antes de que se hayan producido los impactos. Tanto la mitigación como la adaptación constituyen las dos categorías de Programas de Acción para luchar contra el cambio climático.
“La mitigación y la adaptación son como las dos alas de un ave imprescindibles para volar. No podemos seguir volando con una sola ala para combatir el cambio climático” Dr. Jo Puri Vicepresidenta Asociada del Departamento de Gestión de Estrategia y Conocimiento del International Fund for Agriculture Development (IFAD).
Mientras que la mitigación pretende solucionar problemas futuros como que la temperatura media no supere los 1,5 ºC de la existente en la situación preindustrial y que la emisión de gases de efecto invernadero sea neutralizada totalmente en 2050, en la adaptación lo que se pretende es colaborar en la resolución del problema actual de 811 millones de hambrientos, la muerte por hambre de 10 millones de personas al año y que los medios de vida de las agricultores de los 46 países más vulnerables (least developed countries) les permitan seguir viviendo con dignidad y sin tener que recurrir a la emigración para sacar a sus familias adelante. A mayor abundamiento, procede señalar que la mitigación requiere mucha innovación e investigación de alto coste en factores como el almacenamiento de las energías renovables y la lucha contra la contaminación cuando por el contrario la adaptación puede llevarse a acabo con experiencias y tecnologías seguras, contrastadas y disponibles a mínimo coste.

LA ADAPTACION

En esta presentación se hacen exclusivamente unas consideraciones sobre la Adaptación, con la intención de abordar las de la Mitigación en los próximos días.

Las estrategias de adaptación en los sistemas alimentarios persiguen limitar los riesgos y daños derivados del clima que se manifiestan con la irregularidad de patrones meteorológicos, la subida de temperaturas, sequias, inundaciones, tormentas, granizadas, sunamis, huracanes, volcanes, terremotos con efectos devastadores en la producción de alimentos básicos, circunstancia que incide desfavorablemente en la seguridad alimentaria y nutricional.

Ejemplos de adaptación podrían ser los siguientes: Promover la diversificación de cultivos; repoblar y reforestar los bosques; construir infraestructuras más seguras que sean capaces de soportar inundaciones, garantizar el suministro de agua a la población y evitar los deslizamientos de tierras; responder a las emergencias provocadas por la naturaleza como sunamis, terremotos y volcanes; fomentar y consolidar la resiliencia de los seres humanos afectados por incendios forestales y diferentes imprevistos.

Pero desde ya, ante los efectos adversos del cambio climático en las zonas tropicales hay que poner de manifiesto que la supervivencia de los agricultores y comunidades rurales, ahora y en el próximo futuro, depende en gran medida de su adaptación al cambio climático.

 

¿Qué pueden hacer y cultivar los agricultores en el mundo más cálido?

Es preciso adaptar la fertilidad de los suelos, el uso del agua y la experiencia agrícola humana, consolidada durante muchos años ante retos diferentes, y muchas veces desconocidos. En África por ejemplo al disminuir la humedad sustituir un alimento básico como el maíz por los cultivos de sorgo, mijo, legumbres, mandioca, cacahuetes, menos exigentes, o variedades de maíz de ciclo más corto adaptados a las condiciones locales.

La diversificación y rotación de cultivos mantiene la biodiversidad, protege el contenido de materia orgánica de los suelos, suministra alimentos durante periodos dilatados del año y fortalece la seguridad alimentaria y nutricional. Las buenas prácticas agrícolas, ganaderas y forestales, el laboreo mínimo, la incorporación y adaptación a nuevos sistemas de riego, almacenamiento y procesamiento de los alimentos, así como la agricultura climáticamente inteligente promovida por la FAO durante estos últimos años. Existen conocimientos y tecnologías y experiencias contrastadas y disponibles que se pueden incorporar con rapidez para fomentar y fortalecer la adaptación al cambio climático. No hace falta mucha investigación. Lo que es fundamental es la incorporación de la capacidad de reacción ante efectos adversos mediante la resiliencia. En este sentido la capacitación y extensión agraria humanas son prioritarias. Las conocidas en el ámbito internacional como Las Escuelas de Campo (School Feeding) han jugado un papel primordial durante los últimos 40 años.
Algunos agricultores manifiestan que si no te adaptas y no aceptas el cambio pierdes la forma de ganarte la vida, tienes que emigrar y estas condenado a la pobreza, el hambre, la malnutrición con pérdidas, daños y el riesgo de perder su vida junto con la de sus familiares.
En este sentido, en la Conferencia de Clausura de la COP 26 de Glasgow, el Secretario General de Naciones Unidas Antonio Guterres declaró el 13 de noviembre de 2021.
“Tenemos la obligación de proteger a las comunidades más vulnerables de los claros y evidentes peligros del cambio climático. Durante la última década cerca de 4000 millones de personas han sufrido desastres relacionados con el clima. La devastación todavía esta creciendo. Todos los países donantes deberían asignar la mitad de la financiación del clima a la adaptación. Los bancos de desarrollo multilaterales públicos deberían ponerse en funcionamiento sobre el tema a la mayor brevedad. La adaptación no es un aspecto tecnocrático. Es la vida o la muerte. Proteger a los países vulnerables no es caridad. Es solidaridad en beneficio de nuestro propio interés”


Por ello es muy urgente abordar y buscar apoyos financieros en el tema de la Adaptación, fundamentalmente centrados en los 46 países más vulnerables del mundo (Least Developed Countries). Y todo ello tratarlo como es debido en las grandes Cumbres y COPs del Cambio Climático.

La Adaptación en la COP 26 de Glasgow

En numerosas e importantes Cumbres y COPs del Cambio Climático de los años pasados el tema de la agricultura, el hambre y la malnutrición, no se han considerado ni debatido adecuadamente. La Adaptación se ha centrado preferentemente en aspectos energéticos, industriales y de servicios. E incluso, en opinión de expertos, de una manera desequilibrada ya que los recursos económicos para la Adaptación solo han representado un 2%, frente al 98 % para la mitigación en los Presupuestos Globales para luchar contra el Cambio Climático.

Afortunadamente esta tendencia parece que ha empezado a cambiar en la COP26, teniendo en cuenta que se han aprobado compromisos de financiación de 413 millones de US$ para la Adaptación en los 46 países más vulnerables del planeta (least developed countries) donde viven los más pobres de los pobres. Países que representan 1057 millones de personas, con una renta diaria menor de 1,90 US$ por persona, una esperanza de vida de 64 años y emisiones medias de gases de efecto invernadero de 0,31 toneladas por persona.
Son los países que más han sufrido los impactos del Cambio Climático por su ubicación en las zonas tropicales. Con nítida diferencia emiten menos gases de efecto invernadero per cápita. Por ejemplo, mientras que países como la República Democrática del Congo, Somalia, Etiopia, Niger, Ruanda y Madagascar emiten un promedio de 0,10 toneladas per cápita de CO2 equivalente, por el contrario Qatar, Canadá, Australia, Estados Unidos, Australia y La Comisión Europea emiten 37, 19, 17, 16 y entre 10 y 5 toneladas per cápita. Es decir, cantidades que oscilan entre 370 y 70 veces más que las correspondientes emisiones de dichos países africanos 


Es la gran injusticia moral del cambio climático. Los que casi no contaminan son los más perjudicados. Los seres humanos que prácticamente no tienen responsabilidad en la emisión de gases de efecto invernadero son los auténticos perdedores y más sufren. Particularmente en las zonas tropicales los agricultores, cuyos medios de vida experimentan riesgos y pérdidas importantes como consecuencia del incremento de la temperatura y la mayor frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos. Mas calor, menos precipitaciones, sequias, inundaciones, deslizamiento de tierras, y huracanes con consecuencias graves en la menor producción de alimentos básicos, alteración negativa en las formas de ganarse la vida, deterioro de la seguridad alimentaria, daños patrimoniales, e importante riesgo de emigración. Se les ha cambiado la forma de vida y han llegado a ser los perdedores. Realmente se han convertido en las victimas del Cambio Climático.
Adicionalmente en la COP 26 se ha aprobado una contribución de 143 millones US$ para restauración de ecosistemas de la Gran Muralla Verde e incrementar la resiliencia climática en el Sahel. Este proyecto se promovió en la Cumbre del Cambio Climático de Paris en 2015 con el fin de luchar contra la desertificación del Sahara y proteger con una nueva barrera de ecosistemas verdes los países del África Sub Sahariana. La muralla, sensiblemente paralela al Ecuador, tiene una longitud de 8000 km, una anchura de 15 km de repoblación verde con la plantación de 11 millones de árboles. Los detalles de esta transformación forestal y de resiliencia de la población contra el cambio climático se aprecian en el siguiente video

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