“Acabar con el hambre y la malnutrición en 2030”

27 de enero de 2022

EN LAS OLAS Y LOS HURACANES DE LAS CRISIS MUNDIALES, LOS SISTEMAS ALIMENTARIOS TIENEN QUE NAVEGAR Y LLEGAR A PUERTO. El puerto se llama “Acabar con el hambre y la malnutrición en 2030”

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Para emprender esta delicada y difícil navegación es necesario contar con información, liderazgo conocimiento, recursos y experiencia. También será útil tener en mente unos términos de referencia que especifiquen clara y nítidamente principios y directrices a aplicar en la toma de decisiones.  Decisiones que serán múltiples, diversas, complejas en las que habrá que sopesar las sinergias y los efectos adversos (trade-offs) de cada intervención a lo largo de toda la singladura. En este sentido, se hacen algunas consideraciones generales relacionadas con dichas directrices.     

Una cosa es “saber” lo que se pretende para resolver problemas, satisfacer necesidades y aprovechar las oportunidades. Con liderazgo, experiencia y buenos asesores se pueden identificar, definir y establecer finalidades, objetivos y metas. Otra cosa es “hacer”. Es pasar del mundo de las ideas a la transformación de la realidad. Diferentes pensadores sostienen que “pensamiento sin acción es pura retórica y acción sin pensamiento pura barbarie”. Con creatividad, conocimiento y experiencia hay que diseñar acciones, organizarlas, ejecutarlas y ponerlas en práctica. “Una cosa es predicar y otra muy diferente es dar trigo o de comer al que tiene hambre”. El que expone y dice presumiendo, bien acompañado de propaganda y apoyo de los medios de comunicación, y no hace lo que promete, antes o después, queda descalificado y desacreditado ante todos. Se convierte en un mentiroso charlatán que en el caso de que sea político no volverá a ganar unas elecciones en un país democrático.

Pero además no solo hace falta hacer. Lo verdaderamente importante es “saber hacer”. Tres cosas son imprescindibles: liderazgo, conocimiento y experiencia para “saber hacer y cómo hacerlo”.  Tener ideas claras sobre cómo hay que hacer las cosas basándose siempre en el sentido común, la oportunidad, la creatividad, la tecnología y las lecciones aprendidas. Si las cosas se hacen, pero salen mal los que han decidido hacerlas son responsables y su competencia profesional o política dejara mucho que desear y acabara hundiéndose. “Si no sabes no toques” fue la primera lección que me enseñaron cuando empecé a trabajar como ingeniero profesional en una empresa agroalimentaria.  

Otro aspecto a tener en cuenta además de cómo hacerlo es el plazo el que la cosa se puede hacer. Es decir “saber hacer, como hacerlo y ejecutarlo en el plazo previsto”, Este aspecto cobra un interés especial y es importantísimo en el ámbito de la política. Efectivamente, los decisores políticos en la mayoría de los casos siempre promueven y organizan acciones con resultados vinculados a los periodos electorales. Cumplir los plazos previstos en la ejecución de programas fortalece su crédito y popularidad en la opinión pública. Cuando fracasen en sus propuestas por sus malas decisiones, en la mayoría de los casos, buscaran justificaciones. Alegaran que el tema era muy difícil, que en otros países también han fracasado al hacerlo y que fueron mal asesorados buscando un chivo expiatorio que lave su metedura de pata ante la opinión pública.

Hacer las cosas bien constituye un patrimonio de gran valor y experiencia que fortalece la autoestima y permite su aplicación y ampliación en el futuro. Sin embargo, hacerlas mal destroza el prestigio y arruina el porvenir de los que las realizan. Por su culpa se acaba tirando el dinero por la ventana. Tiene un coste político, económico, social y profesional enorme. 

Obviamente, hay otros aspectos necesarios e importantes desde el punto de vista de los sistemas, programas, proyectos, intervenciones y políticas de gestión integrada. Me refiero a los costes, los beneficios y sobre todo los resultados. Consideraciones que se desarrollaran más adelante en otras páginas. Pero a los de esta presentación abordamos los temas de “saber, saber hacer, como hacer y en qué plazo” referidas a la navegación de los Sistemas Alimentarios a través de las olas y huracanes de las crisis mundiales. Tanto las del presente como las del futuro.

En la actualidad, saber lo que hay que hacer en el mundo para resolver problemas, satisfacer necesidades y aprovechar oportunidades está definido y acordado por unanimidad de 193 países en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.  

Se trata de un programa de transformación global, incorporando una visión integral de bienestar de la humanidad. El corazón de la Agenda acuña un principio prioritario “Que Nadie quede Atrás”. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) persiguen la igualdad entre las personas, proteger al planeta y asegurar la prosperidad. Uno de ellos, concretamente el número 2, establece “Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible” en el año 2030. Conviene señalar que la Agenda 2030 fue elaborada por equipos pluridisciplinares en el más amplio sentido con la participación de millones de personas durante tres años.

Sin embargo, desde 2015 hasta 2020 los resultados de la lucha contra el hambre y la malnutrición experimentaron un retroceso considerable. El avance de una bajada gradual de la tasa de subalimentación del 46% a lo largo de treinta años, en el periodo 1985-2015, cambió de tendencia en los últimos cinco años con una subida más rápida del porcentaje de los que pasan hambre hasta situarse en un 32%. Cuando en 2015 una de cada 12 personas sufría hambre hoy es una de cada 10. Entre las causas de este deterioro se identifican los conflictos, la variedad de las condiciones extremas del clima, la desaceleración de la economía, la falta de acceso a dietas saludables a millones de personas. Pero sobre todo las olas y huracanes de las crisis que vivimos: la degradación de los recursos naturales, agua, suelo, y biodiversidad, el cambio climático, la crisis energética, la crisis económica y la pandemia del COVID 19.

Este retroceso ha supuesto una contrariedad enorme para todos los que trabajamos con ilusión y entusiasmo en la Agenda 2030 basados en la tendencia gradual y uniforme del descenso del hambre durante 30 años antes de su aprobación por unanimidad de 193 países en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2015. No se supo valorar bien la evolución de factores  y circunstancias subyacentes que han puesto en peligro la seguridad alimentaria y la nutrición, en los últimos cinco años, como: el aumento del número y complejidad de los conflictos sobre todo en Afganistán, Republica Árabe de Siria, Yemen y el África Sub-Sahariana; el incremento de la variabilidad y las condiciones extremas del clima; la desaceleración y el debilitamiento del crecimiento económico que causa menores gastos fiscales de seguridad social ; la falta de asequibilidad de dietas saludables para miles de millones de personas  y finalmente la pandemia del COVID 19.

En síntesis, se puede afirmar que el sistema alimentario global es un caos y en mi opinión uno de los mayores escándalos de nuestro tiempo. No existe dialogo suficiente entre agentes nacionales e internacionales. La tercera parte de la humanidad tiene problemas de nutrición. No existe una estructura adecuada de políticas, instituciones, empresas y organizaciones en temas relacionados con investigación, innovación, tecnología, y aspectos económicos, sociales y ambientales.

En esta encrucijada las Naciones Unidas reaccionaron con la convocatoria de la Cumbre Mundial de Sistemas Alimentarios, celebrada el 23 de septiembre de 2021 con el fin de transformar la manera en que producimos, conservamos, procesamos, distribuimos y consumimos alimentos siempre con respeto a la naturaleza y el desarrollo sostenible. Todo ello a través de un amplio dialogo en un proceso de negociación y participación social.

“En la comida hay esperanza. Los alimentos pueden ayudarnos a acelerar las acciones y aportar soluciones para lograr todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2030 y recuperarnos mejor del COVID 19. Movilizar a todos con el fin de establecer un ambicioso compromiso de alimentar la esperanza para un futuro mejor”. Antonio Guterres. Secretario General de las Naciones Unidas. Septiembre 2021.        

Mas que nunca es necesario hacer, saber hacer, como hacer y realizar en plazo un programa de acción urgente para superar esta grave situación de la humanidad.  Y la comunidad internacional, conjuntamente con las Naciones Unidas, ha apostado por la transformación y mejora de UN SISTEMA ALIMENTARIO MUNDIAL, como vehículo y medio estratégico para alcanzar los ODS de la Agenda 2030. Un cauce conocido en funcionamiento desde hace 12.000 años, que en estos momentos necesita consolidación y mejora en el respeto y conservación de los recursos naturales. Bien organizado con una amplia participación pública y privada que incorpore liderazgo innovación, conocimiento, recursos y experiencia. Y en consecuencia, tiene que navegar en las olas y huracanes de las crisis mundiales de la tierra, agua, suelo, biodiversidad, energía, economía, cambio climático y pandemia de COVID 19. Y para colmo en la actualidad, atendiendo al riesgo e incertidumbre del conflicto de Ucrania que en caso de agravamiento puede convertirse en otra crisis más que puede alborotar y complicar los impactos de las anteriores.

Consideraciones generales sobre el tema compartidas con Andrew MacMillan, Economista agrícola especializado en agricultura tropical y anterior Director de la División de Operaciones de Campo de la FAO. Algunas de ellas han sido avaladas por Olivier De Schutter, Relator Especial de la Extrema Pobreza y del Derecho a la Alimentación para las Naciones Unidas.  

“Mucha gente se siente sobrecogida por las severas crisis existentes en el mundo y nos dicen que es una locura pensar en la eliminación del hambre ahora. La humanidad ha vivido con el hambre cambio desde los primeros días de la historia y en consecuencia ¿Por qué tenemos que elegir este difícil momento para erradicarla ahora? ¿no tenemos bastantes preocupaciones como para intentar hacer frente a las crisis la degradación del suelo, el estrés hídrico, el incremento de los precios de la energía, el cambio climático y la crisis económico-financiera que arruina a muchos? Y además nos encontramos en el contexto de la masiva amenaza que el desarrollo económico impone a los recursos naturales, a la biodiversidad y al cambio climático incluso con frecuentes y violentos acontecimientos. ¿Cuáles son las razones de peso que nos obligan a tomar esta hoja de ruta?

Nosotros tenemos una visión diferente. Creemos que una deficiente gestión en el sistema de alimentación provoca estas crisis, aunque obviamente, no es una causa exclusiva. Eso nos lleva a creer que avanzar en la resolución de los problemas del hambre y la malnutrición, colocando la oferta global de alimentos y su sistema de distribución en un marco sostenible es un elemento clave para resolver las mayores crisis que ahora nos amenazan.

Por consiguiente, vemos estas crisis de una forma positiva, aunque puedan parecer alarmantes. Las vemos como una consecuencia de nuestra incompetencia e irresponsabilidad en la gestión de los recursos naturales y humanos del mundo durante los pasados 70 años. El mundo se ha dejado conducir por el tótem del crecimiento económico, eligiendo cerrar los ojos ante los impactos que producen sobre las vidas de aquellos que han sido excluidos y ante los peligros del agotamiento de los recursos que nuestros hijos necesitaran para vivir.

Vemos las crisis como una llamada al despertador de las naciones, singular y colectivamente, para moverse rápidamente desde las políticas irresponsables a las responsables, con una estrategia hacia el crecimiento económico y los procesos de globalización que está condicionada por el debido respeto a los conceptos fundamentales del juego limpio y de la sostenibilidad.

Si no respondemos a las crisis con responsabilidad, estamos absolutamente seguros de que nos encaminarán, como ya ocurrió en los años 30, a una turbulencia política, una mayor inestabilidad económica, un enrarecimiento de las instituciones y, eventualmente, a un conflicto a gran escala global que deshará todo el progreso hecho desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando las Naciones Unidas se fundaron como parte de la visión de un mundo con el objetivo universal de tener derecho a la “libertad de salir de la miseria y poder elegir en nuestra vida”.

No es posible deshacer todo el proceso de desarrollo y globalización en una noche, pero tenemos que empezar por algún lugar. No hay mejor sitio para empezar que coger el toro por los cuernos de la erradicación del hambre y del futuro suministro de alimentos, tomando así la dirección que podría asegurar que el desarrollo y la globalización trabajan más equitativamente en el interés de toda la humanidad y de las generaciones futuras.

Conocemos la gran cantidad de seres humanos que sufren por causa de la desnutrición crónica y sabemos clara, nítida y rotundamente lo que hay que hacer y cómo hacerlo. Las acciones requeridas son abordables y traerán enormes beneficios para el mundo incluyendo, nosotros lo esperamos, la desactivación de la bomba de relojería que ahora amenaza a la humanidad.

Puedes pensar que estamos locos y somos ingenuos, pero todos nosotros creemos que el hambre es el mayor problema de la humanidad, pero con la particularidad que tiene soluciones contrastadas y sencillas comparadas con las de otros grandes desafíos de ahora que tiene el ser humano. Sabemos también que el fin del hambre generará toda clase de efectos favorables, beneficiando a la vez a los ricos como a los pobres y que las inversiones y los costes correspondientes serán rápidamente recuperados.

Seguramente la mayor responsabilidad de cualquier gobierno se centra en que el pueblo sea capaz de comer adecuadamente, ya que el alimento, junto con el aire para respirar y el agua para beber, son los ingredientes imprescindibles de la vida humana. En efecto, la mejor prueba de la efectividad de un gobierno es como resuelve satisfactoriamente las necesidades más básicas, especialmente el acceso a los alimentos y al agua fresca y limpia.

Un gobierno que niega a cualquiera de sus ciudadanos el acceso a los alimentos necesarios para una vida saludable está fracasando en sus responsabilidades ante el pueblo, ante la gente. También creemos que en un creciente ambiente globalizado, garantizar que todos los seres humanos sobre la tierra sean capaces de comer satisfactoriamente, constituye una responsabilidad colectiva para todas las naciones  y que, en definitiva , entraña la obligación de asegurar una global, eficaz, eficiente y responsable gestión de la alimentación.

Los gobiernos están reaccionando tarde ante la necesidad de cambios importantes en la gestión de sus economías, para reducir el impacto en el medioambiente, y, especialmente, mitigar las emisiones de GEI que se han identificado como desencadenantes del cambio climático.

Esta combinación de crisis interrelacionadas amenaza la calidad de vida, el bienestar y la coexistencia pacífica de los 7.800 millones de personas que habitamos el planeta. Y también afectará profundamente a la vida de las futuras generaciones.

Nosotros concebimos las crisis en gran parte como consecuencia de una gestión de los recursos naturales y humanos incompetente, irresponsable y avariciosa que ha llevado a cabo nuestra generación. El mundo ha permitido verse a sí mismo dominado por una búsqueda indomable de crecimiento económico. Los gobiernos - y la sociedad en general - han elegido cerrar los ojos ante el desastroso impacto que esto puede tener en aquellos que han sido excluidos, así como ante los peligros de agotar los recursos naturales que nuestros hijos pueden necesitar para su supervivencia.

Las crisis son una llamada de atención a las naciones, de forma individual y colectiva, a un cambio rápido de las políticas que fomentan un consumo creciente de bienes, que suponen también un consumo excesivo de alimentos. Dicho cambio hacia unos planteamientos más responsables de crecimiento y globalización incide en asuntos fundamentales de juego limpio, sostenibilidad y respeto a los derechos humanos, entre los que se encuentra el derecho a la alimentación.

La alimentación es una sencilla, conocida, dominada y además la más poderosa palanca para optimizar objetivos del bienestar de la humanidad como la igualdad, la salud humana y la sostenibilidad en el planeta.  Pero desgraciadamente, en la actualidad, trabaja contra las tres. Cambiar esto requerirá cambios en la demanda de los alimentos para incrementar la biodiversidad en los sistemas de producción para que sean ambiental y socialmente resilientes al cambio climático. La mejor manera de conseguirlo es la adopción y fortalecimiento de un Sistema Agroalimentario Mundial, que identifique las políticas y acciones necesarias para enfrentar cambios en la perdida de recursos naturales agua, suelo biodiversidad y el deterioro de la nutrición y además clarifique sus impactos en aspectos sanitarios, saludables, satisfactorios, económicos, socialmente equitativos y ambientales.   

El mayor error que se puede cometer es abordar estas crisis de forma independiente, tal y como se está haciendo actualmente. Más que nunca, es esencial examinar el conjunto de factores que condicionan las crisis desde una perspectiva multidisciplinar. Esto es particularmente evidente cuando se consideran distintas alternativas para erradicar el hambre y cambiar el modo en el que se producen, comercializan y consumen los alimentos. Es preciso crear un equilibrio sostenible entre la oferta de los alimentos y las necesidades nutritivas de la población. En la perspectiva de un Sistema Alimentario Mundial hay que analizar, sopesar y evaluar SIMULTANEA Y CONJUNTAMENTE, los efectos, impactos e interrelaciones de las crisis mundiales de los recursos naturales, agua, suelo, biodiversidad, cambio climático, energía, economía y de la salud. Desgraciadamente, a nuestro juicio, nunca se han abordado estos dominios a la vez en las Grandes Cumbres Mundiales Políticas y de Desarrollo. “

El proceso de desarrollo y globalización no puede cambiar de un día para otro.  Sin embargo, no hay mejor ocasión para empezar a mostrar cómo se podría trabajar de forma más equitativa, en el interés de toda la humanidad y las generaciones futuras, que ocupándose de la erradicación del hambre y del suministro futuro de alimentos.

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