¿Estamos ante la recreación del Imperio Otomano?

NeoOtomanismo

03 de agosto de 2015

En 2012, una buena Psicóloga, Elise Massicard, se preguntaba: "Turquía, ¿un nuevo modelo para Oriente Medio?". Analizaba la situación y –sobre todo- parecía encontrar la soluciónn en la persona de Recep Trypp Erdogan, a la sazón Primer Ministro del país.

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Era un hombre de clase baja, muy trabajador, islamista y que, confirmando muchos pronósticos se convertiría, dos años después, en Presidente de los turcos.
Una de las razones que le avalaban era su negociación con la Comunidad Europea para convertir los 6 países del principio en los 28 Socios de la UE que ya eran en 2013. Ankara había firmado, en el año 1963, un Tratado de Negociación con la cúpula europea. Y reafirmado, un Protocolo adicional en 1970. En 2005 a los negociadores de Bruselas les parecía que “Turquía cumplía sus obligaciones”. Pero estamos en 2015 y Turquía se encuentra en una situación algo confusa: “está pero no está” en la UE. Y eso le permite a Erdogan actuar de una manera poco clara.
Primero se habló de la pena de muerte, utilizada en Turquía. Pero eso era “peccata minuta”. Dos trazos en la administración de Justicia y dificultad salvada. Lo peor vino con los tres grandes problemas:
 
• A) La situación geográfica. Los países de Bruselas quieren que sus miembros sean europeos (¡Ay de aquel “Asia a un lado, al otro, Europa y allá, a su frente Estambul”!). Menos mal que había un pequeño territorio europeo y se podía salvar
• B) El ambiente Cultural. Nadie podrá negar que Turquía es fundamentalmente musulmana y, por ahí, no quieren pasar los de Bruselas. Y está el precedente de Albania, que aprobó en Geografía, pero suspendió, con baja nota, en Cultura.
• C) Chipre. Están ya lejanos los tiempos, pero los hubo, en que era conversación habitual la de los “Greco-Chipriotas” y “Turco-chipriotas”, señal evidente de la división –y no, precisamente, amistosa-- de la isla. La división continúa y, en el Norte, existe una nominada República Turco chipriota, que nadie reconoce, a excepción de Ankara. Eso, ¿puede ser bueno para la UE?
Hasta aquí las causas negativas que podemos decir que existían a la llegada de Erdogan. Éste parece haber añadi-do algunas otras importantes.
 
Por ejemplo: aquel 11 de noviembre, conmemoración de la Revolución, que quiso celebrar con la terminación del Palacio. Que había regalado el propio Ataturk en 1937. 200.000 metros cuadrados, de los que se han edificado 40.000. La obra ha supuesto 275 millones de euros, porque el Palacio dispone de 1.000 habitaciones. Y muchos añadidos de seguridad en un juego impensable de laberintos y defensas difíciles de entender.
 Por ejemplo, y muy reciente, la utilización de las fuerzas de coalición que se habían unido para combatir al Estado Islánico y que Erdogan parece utilizar solamente para luchar contra el PKK y todos los kurdos contrarios.
Por todo eso la denominación de “Neootomanismo” --una recreación del Grandioso Imperio Otomano—no goza de demasiado fortuna. Y gran culpa la tiene Erdogan, que quiere entrar en la Unión Europea, pero seguir siendo –y ejerciendo-- de Musulmán. Me temo que eso no gusta a muchos.

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