El 23 de julio el Presidente Truman intentó, a la desesperada, evitar el lanzamiento,

LOS DETALLES DEL "ENOLA GAY"

10 de agosto de 2015

La GMII, la Segunda Guerra Mundial, además de ser, quizá, la mayor tragedia de la Humanidad, es para el estudio de la Historia un verdadero desastre. Este año Vladimir Putin ha celebrado, con gran despliegue, el final de la Guerra en primavera.

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La afirmación está muy lejos de la realidad porque, en esa fecha, sólo puede hablarse del final de la Guerra en Europa, el final de la Wermacht contra el Ejército Rojo. Pero, en el Pacífico, luchaban con enorme fiereza Estados Unidos y Japón y sólo después de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, se firmaría la paz el 3 de septiembre de 1945. Justamente a los seis años años exactos del comienzo de la contienda, aunque también con la salvedad de que Alemania atacó a Polonia el 1 de septiembre, pero Gran Bretaña y Francia –quizá por aquello del protocolo-- no admitieron la Guerra  hasta el 3.
Para más confusión, la hora de las capitulaciones llegó al limite:
 *Una primera capitulación de los alemanes se celebró el 4 de mayo de 1945. Bernard Montgomery, por parte de los aliados, recibió al alemán Hans Georg von Friedeburg. El buen soldado británico demostró su mala educación personal. Hizo esperar, deliberadamente, al humillado germano y, a la hora de conversar, no había sillas para los vencidos.
• La segunda capitulación la recibió Dwight D. Eisenhower, en Reims, de manos del  mismo Friedeburg. Con más educación, pero con absoluta ineficacia pues, por temor a los rusos, anuló lo que había tratado.
• Alfred Jodl, entregó una tercera capitulación de los alemanes a las 2.41 del 7 de mayo de 1945.
• Pero habría de llegar un cuarto intento porque Stalin se enfadó muchísimo por no haber representantes  rusos en las negociaciones anteriores. Ahora, por parte de los alemanes actuó Wilhelm Keitel y, por parte de los rusos, Georgi Shokov. Todo estaba previsto para el 8 de mayo, martes a las 23 horas, pero no se firmó hasta el miércoles, a las 0.16 y, en algunos relojes rusos las 2.41.
De modo que, de cara al futuro, los norteamericanos celebraban la conmemoración el 7, los alemanes, el 8 y los rusos, el 9. Toda una exactitud histórica.
 
La cita de Hiroshima
 Como, a pesar de la rendición de Berlín, los japoneses mantenían a ultranza la Guerra de Oriente, se empezó a hablar en Estados Unidos de la “bomba nuclear”, algo que parecía una fantasía, aunque no para los numerosos espías soviéticos que, con su trabajo, consiguieron acelerar también la bomba en su país. Dos lugares se convirtieron en clave: Alamogordo y Tinian
 
◦ Alamogordo fue el laboratorio de los científicos, en donde éstos –especialmente Oppenheimer-- lograron hacer posible, con el respaldo de una carta de Einstein, que la bomba llegase a un final cierto. Está en el Condado de Otero, en el Estado norteamericano de Nuevo México. La prueba final—la “Prueba Trinity”--, que se realizó el 16 de julio de 1945 dio su sí a Washington, aunque todos los que la contemplaron “quedaron horrorizados”.
 
Tinian, mucho menos conocido, era la otra prueba, la industrial-técnica-militar, que debía contestar si Washington podía emprender el ataque definitivo contra el desconocido Tokyo. Es una isla, de 101 kilómetros cuadrados, una de las tres mayores de la Mancomunidad de las Marianas del Norte. Abandonada por España, después del desastre del 98, fue vendida al Imperio alemán, luego se apoderó de ella Japón, volvió a quedar vacía y Estados Unidos la convirtió en una gran Base en 1944. Con un enorme sentido del humor, pues se construyó sobre el esquema de la “Gran Manzana” neoyorquina. Actualmente sólo la habitan unas 3.500 personas. Tiene su casino y –no se por qué—he encontrado, entre su publicidad, la de hoteles de mi adorada Nerja. Su Hospital se llama “Central Park” y su centro es “The Village”. Allí se hablan dos idiomas, uno el inglés, como es lógico, pero también el “chamorro”, que es una mezcla de “austroresiano”, japonés, alemán y ¡español!. De Tinian, que vió aterrizar a 600 superbombarderos y trabajar sobre 160 de ellos, salieron los que lanzaron las dos grandes bombas: el “Enola Gay”, sobre Hiroshima, y el “Bock´s Car”, sobre Nagasaki. Se conservan unas ruinas, que sólo visitan los estudiosos: “Old S. José Bell Tower”.   


◦ La muerte de Roosevelt
 
El 12 de abril de 1945 murió el Presidente Franklin Delano Roosevelt, un hombre récord, que consiguió ser reelegido cuatro veces y, desde una silla de ruedas, mantener la enorme carga que supuso la Guerra Mundial, aunque Josip Stalin supo engañarle cómo y cuando quiso. La Constitución de 1787 garantiza la rápida sustitución de un Presidente desaparecido, por asesinato, como en el caso Kennedy-Johnson o por ignominia, como en el caso de Richard Nixon-Gerald Ford, pero no garantiza la calidad, la preparación del elegido,como Harry S. Truman, que dedicó los primeros días de su elección a escribir a su hija para explicarle la grandiosidad de la Casa Blanca. Por supuesto, nada sabía de la Bomba nuclear y estaba en Potsdam, para rematar la Guerra en Europa, con Stalin y Churchill, cuando recibió el mensaje cifrado de “Los niños han nacido bien” cuya traducción le dejó helado. Porque quería decir que la “Prueba Trinity” de Alamogordo había salido bien y los Estados Unidos estaban en condiciones de lanzar una bomba diez veces superior a la mítica británica “Gran Slam”.      
Corrió a contárselo a Churchill –que recibió la noticia con satisfacción-- y tardó algo más en  notificarlo a Stalin, quien no se inmutó y dijo: “¡Ah, sí! Una bomba, ¡Magnífico!”. Alguien asegura –no está comprobado—que añadió: “Ya lo sabía”.
 
El “Enola Gay”
 
Los preparativos del lanzamiento continuaron. Mientras, Superfortalezas B-29, procedentes de Tinian, bombardeaban distintos puntos de Japón. Y los japoneses, impotentes, pero resignados, decían “Ya están aquí los honorables señores  B”.
Uno de ellos era el “B -29 N. 82 del 393º Squadron, 315º Wing”, por el que mostraban preferencia cuantos le utilIzaban. Y acabó por ser el elegido. Inmediatamente se pasó a nombrar la tripulación:
• Comandante en Jefe, con poderes absolutos: Coronel Paul W. Tibbets, 29 años. Militar de Carrera, a quien se califica como : Nervios de acero. Organizador incomparable. Recientemente nombrado como uno de los mejores pilotos americanos. Con operaciones en Alemania y el Mediterráneo. Al recibir el mando, después de revisar el avión, ordenó que lo repintaran y lo pusieran el nombre de “Enola Gay”. Este era el nombre de la madre del Coronel, quien había dicho: “Me recuerda a mi madre. Siempre alegre y con el pelo rojo flotando al aire”
• La designación de Tibbets creó algún malestar en el “Segundo”, Capitán Robert Lewis. Había sido, hasta entonces, el piloto del N. 82 y consideraba a la “superfortaleza”  “ de su propiedad”. Ahora venía Tibbets y se le relegaba al segundo puesto. Lewis tenía dos años menos y había participado en misiones de ensayo semejantes a la que ahora se pretendía realizar. Pero, desde luego, con bombas de menor tamaño y peso. En cualquier caso, trabajó con nobleza y absoluta disciplina. La primera orden que dió fue volver a pintar el letrero “Enola Gay”, porque habia quedado “deslucido”. Tibbets, que no tenía nada de tonto, exigió que todas las órdenes, incluso las suyas, deberían pasar por Lewis antes de realizarse.
 
Por cierto, otra de las primeras órdenes de Tibbets fue cambiar el nombre a la Operación. Se llamaba “Viktor”, pero pasó a llamarse “Dimpless”.
 
El mayor Thomas Ferebee—26 años-- sabía que tres semanas atrás, en una localidad de Nuevo México –que llevaba el nada agradable nombre de “Jornada del Muerto”-- a cincuenta millas de Alamogordo-- se había hecho explosionar un objeto de potencia inaudita, en todo semejante al que ahora se preparaba. Nada comentó y se puso a trabajar sobre tres ciudades que se le habían señalado como objetivo: Hiroshima, Nagasaki o Kokura. Sin señalar cual. Pero con la idea de estar en marcha en cuatro horas.
El oficial de ruta, Capitán Theodore “Dutch” Van Kirk había conseguido ver alguna fotografía del experimento del 16 de julio en Alamogordo y—por su cuenta—dedujo que eso era lo que iban a hacer ellos, pero que su bomba era 10 veces más poderosa que la “Gran Slam” británica –10 toneladas-- pensada, más que utilizada, contra el Tercer Reich. A la bomba que iba a llevar el “Enola Gay” --se le había dado el nombre de “Litle Boy” ( que, en castizo, podría traducirse como “Chavalito”)--podría suponer una potencia muy superior, porque su “masa crítica” de uranio libera una energía semejante a la de 20.000 toneladas de trinitrotolueno.
 
El operador de radar, Joseph Stiborik, era superactivo y animaba a sus compañeros a la acción. Que descargaba escribiendo cartas a su mujer, Helen, que vivía en Oregón, hasta dos veces al día. La tarde anterior al lanzamiento le escribió la última.

El benjamín fue quien apretó el botón
 
Richard Nelson, de 19 años, era el único aviador sin graduación en el avión. Había participado en tres misiones bélicas. Era muy nervioso  y, para calmarse, leía un libro sobre los trucos y los malos modos del mundo del boxeo. El fué el que oprimió –por supuesto con la orden cariñosa de Lewis: “¡Vamos, chico!”-- el botón que lanzó a “Litle Boy” sobre Hiroshima.
El Sargento George Robert Caron, que manejaba la ametralladora, estaba aislado en el avión. Viajaba en la popa, al mando del cañón de 20 milímetros, el único que se había respetado para dar más amplitud a la carga. Había realizado 50 incursiones en Europa, todas con éxito. Su singularidad es que contaba chistes, uno tras otro y alguno menos afortunado. Siempre llevaba la gorra de los “Dodgers” de Brooklyn, su equipo favorito de beisbol.
Wyatt Duzenburg y Roberto Shumard eran dos sargentos motoristas, los  más tranquilos del equipo. Formaban parte de una unidad especial de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos y no creaban problemas.
 
Quedan tres tripulantes pero, con Tibbets, los fundamentales: William Parson, Morris Jeppson y Jacob Beser. Los tres de un alto valor científico.
 
El Capitán William “Deac” Parsons era un experto en armas navales. Científico. Conocía al detalle la operación que iban a realizar. Entre otras cosas, porque era el último encargado de “montar” la bomba. Había presenciado el ensayo de Alamogordo y “sabía todo” de circuitos, alambres, hilos...Cualquier error que se produjera, por infinitamente  pequeño que fuera, hubiera sido definitivo.  Pero Parsons no lo cometió. Tenía algún miedo personal, de caer en manos de los japoneses y quería evitarlo. Consiguió que un Policía Militar le proporcionara una Pistola y con ella –por si acaso-- se embarcó en el avión. Su ayudante—Teniente Morris Jeppsons-- era otro científico californiano, aficionado a la música y que conocía al detalle todos los controles eléctricos y electónicos. Ideó una pequeña barra rosa, que –una hora antes del lanzamiento-- colocó ante el detonador para evitar una anticipación no deseada.
 
En fin, el último en la cita era Jacob Beser, un israelí, algo supersticioso, antiguo estudiante de Física de la Universidad John Hopkins. Ante la tragedia del Holocausto sólo sentía no poder hacer retroceder el tiempo y haber lanzado la bomba sobre Berlín. Su misión era neutralizar los efectos del radar japonés para evitar que fuera obstaculizada la “Operación Dimpless”.
 
“Procedan como está previsto”
 
El 23 de julio el Presidente Truman intentó, a la desesperada, evitar el lanzamiento,  realizó sondeos entre los militares y recibió esta respuesta: “Hagamos un último esfuerzo pidiendo  a Tokyo que se rindan. Que no se haga algo dramático, pero que tampoco se informen los detalles de la amenaza”. El día 26 los Gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y China pidieron conjuntamente a Japón la rendición, sin hacer alusión alguna al “arma total”.
El ultimatum se fijó para el 2 de agosto. Pero los japoneses no dejaron correr los días. Por medio de la radio notificaron su respuesta: “¡Nuestra contestación es NO!”. El día 3 el Presidente Truman mandó una orden cifrada al centro de Tinian: “Procedan como está previsto para el 6 de agosto”. La suerte de Hiroshima estaba echada.
 
Todo dispuesto
 
El Coronel Tibbets empezó a repartir órdenes: “La bomba que vamos a lanzar sobre Japón es más pavorosa de cuanto habéis podido soñar. Debéis llevar unas  gafas especiales para proteger los  ojos en el lanzamiento”.
“Tres B-29 –siguió-- despegarán hacia la 1,30 del 6 de agosto dirigidos, especialmente, a Hiroshima, Nagasaki y Kokura. Su misión es registrar todos los datos posibles: visibilidad, velocidad del viento, presión y densidad atmosférica. Atacaremos en donde haga buen tiempo”.
“Una hora después de la partida de los aviones meteorológicos, partirán otros tres:
• el mío, que llevará la bomba
• un segundo B-29, que lanzará instrumentos especiales para posibles lanzamientos de paracaídas
• un tercero que se dedicará al reconocimiento fotográfico”.
Las superfortalezas ya estaban previstas:
• La “Straigh Flush” del Mayor Claude Eatherly (Hiroshima)
• La “Full House” del Mayor Taylor (Nagasaki)
• La “Iabbit III” del Mayor Wilson (Kokura)
Las escoltas de Tibbets fueron la “Great Artiste” del Mayor Charles Sweeney (para las medidas científicas) y la “N.91” del Capitán Marquard (fotografía).
 
El “Little Boy”
 
La carga de Uranio 235 para “Little Boy” llegó a Tinian el 26 de julio en un cilindro de plomo de 63,5 centímetros de largo y de 45,7 cms. de diámetro. Su traslado desde San Francisco, en el crucero “Indianápolis” (mandado por el Comandante Charles McVay), duró diez días y fue agitado. Patrullaba aquellas aguas el Submarino japonés “I-58”, del Capitán Hashimoto quien, efectivamente localizó al crucero y le siguió algún tiempo, pero nunca supo la mercancía que transportaba. De haberlo sabido, el cauce de la Historia pudo ser otro.
El 31 de julio varios especialistas, bajo las órdenes del Profesor Norman Ramsey, montaron la bomba, salvo los últimos detalles, confiados a Parsons y a Jeppson.
“Little Boy” medía 3,28 de largo, con un diámetro de 80 cms., pesaba 4.400 kilos y tenía aletas estabilizadoras, como una bomba cualquiera. Su carga fisible estaba constituida por cuatro bloques de uranio que pesaban 62,280 kilos. Se mantenían separados hasta el último momento, en que se lanzaban unos contra  otros a la velocidad de 1.500 metros por segundo; así se formaba la “masa crítica” e, inmediatamente, la explosión atómica. La bomba—para mayor efecto-- debería explosionar a 565 metros del suelo.
El 5 de agosto, a las 10 de la noche, Tibbets dió las ultimas órdenes: “Los pilotos de información meteorológica deberán transmitir sus noticias a Tinian. “Enola Gay” mantendrá un absoluto silencio de radio. Nosotros buscaremos vuestra información”.
El Pastor Luterano de la base, William B. Downey, hizo la siguiente oración: “Dios Omnipotente: Ayuda y guía a los que vuelan por Tu Cielo para llevar la lucha al enemigo y que así puedan conseguir la paz para el mundo...”.
 
El Día D 6 de Agosto de 1945
 
- 1,37 de Tinian. 0,37 de Japón. Despegan los aviones de investigación
− 2,45 de  Tinian. 1,45 de Japón. Despega el “Enola Gay” Bob Caron, ametralladora de popa, es el último que contempla la larga pista de cemento. “Parecía que no se acababa nunca”, comentará luego.
− 4.52. Sol naciente. “Enola Gay” vuela sobre Iwo Jima
− En aquella parte del Pacífico el 6 de agosto ya tiene cinco horas
− El Presidente Truman navega en el “Augusta”, de vuelta de Potsdam
− Tibbets ordena a Lewis que se haga cargo de los mandos. Quiere hablar con todos los hombres y empieza por el metrallero de popa, Caron. Este le dice: “Supongo que en este asunto de la superbomba, alguna cosa tendrá que ver con la Física”. El Coronel dice que sí e intenta seguir hacia delante. Pero la mano de Caron le sujeta y preguna muy bajito: “Comandante, ¿es verdad que hoy vamos a romper el  átomo?”. Y el Coronel contesta, también bajito: “Sí, Bob, exactamente como tú lo has dicho. Romperemos el átomo”.
− Stiborik, que lo ha oído todo, comenta “¡Atomo o no, lo que importa es que termine esta maldita guerra!”.
− 6.30. Tibbets anuncia que van a volar a 9.000 metros, que tomenmedidas para la presurización.
− 7.03 En Hiroshima suena una pequeña alarma. Han visto un avión, pero no le conceden importancia. Estiman que irá a bombardear a otro sitio y callan alarma
− 7,18. Todas las noticias advierten de buena visibilidad. Eatherly envía un mensaje decisivo: “Aconsejo bombardear objetivo primario”
− 7,25. Eatherly ordena a su navegador: “Dame la ruta para Tinian. Volvemos a casa”.
− 7,52. Tibbets habla a sus hombres: “Comandante a tripulación. ¡Atención!. A partir de este momento el sargento Beser accionará una grabadora y todo lo que digáis pasará a la Historia. Por eso, controlad vuestro lenguaje. ¡Vamos al ataque! ¡¡Vamos a lanzar una bomba atómica!!”.
− 8,15, 17 segundos. La Bomba ha sido lanzada. Nadie sabe medir el horror. Ni los lanzadores, ni las víctimas –que se cuentan por centenares de miles-- ni el mundo entero.

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