Su discurso coincide con los objetivos de la Organizacion nunca puestos en marcha

La ONU ha servido para algo

28 de septiembre de 2015

El 26 de junio de 1945 terminó la Conferencia de San Francisco y con ella la puesta en marcha de una Organización para la Paz, que sólo pudo ponerse en marcha después de la firma de los protocolos en la cubierta del "Missouri" norteamericano el 3 de septiembre

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Así, el pasado 26 de junio de 2015, se han cumplido 70 años de los mecanismos que “los aliados” hicieron funcionar para hacer olvidar la Segunda Guerra Mundial, el mayor de los desastres provocado por la mano del hombre. No han sido muchas las celebraciones, desde luego muchas menos que las que protagonizó Vladimir Putin y todo su armamento el 9 de julio para celebrar que el tercer Reich no sería ya una amenaza contra la Rusia de Stalin. Pero sí ha habido algunos artículos que recordaron el 26 de junio y han alabado a la ONU. Creo que sin motivo, aunque la comparaban con la Sociedad de Naciones y, en ese caso, había razón suficiente porque nunca hubo desastre mayor en Política Internacional que aquel intento de un “nunca más” que acabó con la creación de Hitler y las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.
Mi razón del desacuerdo en la alabanza es que se utiliza—como argumento mayor-- que la ONU puso fin a las Grandes Guerras, como la que empezó en Sarajevo o la que arrancó con la “blitzkrieg” de Polonia y, enseguida, la Europa occidental. Aunque el objetivo fundamental de la ONU haya sido evitar la Guerra, no ha sido ahí donde ganó sus mejores logros. Naturalmente, si se compara con la GMI o la GMII, gana, pero basta con recorrer someramente lo que ha ocurrido en los últimos 70 años para ver que no han sido precisamente Guerras lo que han faltado.

Apenas se cumplían 5 años –1950-- cuando Corea puso en marcha un conflicto que las estadísticas recogen como culpable de cinco millones de muertos. Y en el que fallaron incluso los rusos, porque se olvidaron de acudir a una convocatoria y, gracias a su ausencia, pudieron mandar las Naciones Unidas unos “cascos azules” que acabaron alargando la Guerra hasta tres años después.
Yo también llamaría Guerra --y así se llamaron en su momento-- a cuanto ha constituido la Historia del Oriente Trágico entre Árabes e Israelíes. Y Guerra se ha llamado la de Vietnam y las de los Balcanes y nadie puede negar el mismo calificativo a lo que empezó hace ya casi cinco años en Siria y, ahora, está intentando arreglarse después de 300.000 muertos y como origen de la migración mundial que conmueve al mundo.
Bueno, pues a pesar de todo eso, la ONU ha merecido la pena, porque, en su 70 aniversario, ha reunido 150 Jefes de Estado y de Gobierno y 200 dirigentes mundiales para ver y, sobre todo, oir, a Francisco, el Papa de Roma que ha reunido a centenares de miles de personas, ha dado la mano a los poderosos y a los pobres, ha acariciado niños, ha hecho llorar al Presidente del Senado de los Estados Unidos y nos ha hecho sentir hermanos a todos, uniendo a cubanos, colombianos, chinos y asiáticos, afirmando que todos somos hijos de Dios.

Por fortuna, estaba allí, también, nuestro Rey de España, Felipe VI, con un Discurso muy afortunado, inmediatamente antes de el del Papa Francisco, que puede añadirse sin desdoro a lo que ha dicho el Pontífice.
Y, ahora, me gustaría proponer a ustedes un pequeño juego: tienen a mano, recientes, en todos los periódicos, las palabras del Papa y las del Rey. Pero no tienen, seguro, las que se escribieron, en 1945, cuando terminó la Conferencia de San Francisco. Les ofrezco el Preámbulo y los dos primeros artículos (Propósitos y Principios) de la Carta de Naciones Unidas. Si encuentran algunas comparaciones evidentes reconocerán que, a los 70 años de su nacimiento, ha merecido la pena la existencia de la ONU. A pesar de todos sus fallos y errores.

Carta de las Naciones Unidas firmada en San Francisco, 26 de junio de 1945

Nosotros los Pueblos de las Naciones Unidas resueltos a preservar a las generaciones venideras del “azote” de la Guerra que dos veces durante nuestra vida ha inflingido a la humanidad sufrimientos indecibles, a reafirmar le fe en los Derechos Fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales pueden mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los Tratados y de otras fuentes del Derecho Internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad,
Y A ESTOS FINES
a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos,
a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales,
a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común, y a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos,

HEMOS DECIDIDO AUNAR NUESTROS ESFUERZOS PARA REALIZAR ESTOS DESIGNIOS
Por lo tanto, nuestros respectivos Gobiernos, por medio de representantes reunidos en la ciudad de San Francisco que han exhibido sus plenos poderes, encontrados en buena y debida foma, han adoptado la presente Carta de las Naciones Unidas, y por estre acto establecen una Organización Internacional que se denominará las Naciones Unidas.

Capítulo I
PROPÓSITOS Y PRINCIPIOS
Artículo 1
Los propósitos de las Naciones Unidas son:
1.- Mantener la paz y la seguridad internacionales y, con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, y para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz;
2.- Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal;
3.- Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión; y
4.- Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes.
Artículo 2
Para la realización de los propósitos consignados en el artículo 1, la Organización y sus miembros procederán de acuerdo con los Principios siguientes:
1.- La Organización está basada en el principio de la igualdad soberana de todos sus Miembros
2.- Los Miembros de la Organización, a fin de asegurarse los derechos y beneficios inherentes a su condición de tales, cumplirán de buena fe las obligaciones contraídas por ellos de conformidad con esta Carta.
3.- Los Miembros de la Organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia.
4.- Los Miembros de la Organización en sus relaciones internacionales se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.
5.- Los Miembros de la Organización prestarán a ésta toda clase de ayuda en cualquier acción que ejerza de conformidad con esta Carta, y se abstendrán de dar ayuda a Estado alguno contra el cual la Organización estuviere ejerciendo acción preventiva o coercitiva.
6.- La Organización hará que los Estados que no son Miembros de las Naciones Unidas se conduzcan de acuerdo con estos Principios en la medida que sea necesaria para mantener la paz y la seguridad internacionales.
7.- Ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados, ni obligará a los Miembros a someter dichos asuntos a procedimientos de arreglo conforme a la presente Carta; pero este principio no se opone a la aplicación de las medidas coercitivas prescritas en el Capítulo VII (Órganos de la ONU).


Si todos estos puntos se hubieran respetado, parte del discurso del Papa hubiera sobrado.  
 
 

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