Los trucos de "Tricky Dicky"

19 de octubre de 2015

El día 16 de junio de 1972 estuve, con tres Cámaras de TVE, en el complejo del Hotel Watergate de Washington, Estados Unidos. Estábamos realizando un amplio reportaje sobre las Elecciones norteamericanas y acudimos al Watergate para entrevistar a Larry O´Brien, que ocupaba el "cargo" (realmente inexistente) de "Presidente" del Partido Demócrata. Solía ser ocupado por el ex Ministro de Correos del Partido derrotado.

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Pasamos a un despacho, no muy grande, en el que figuraban todos los retratos de quienes habían ocupado en Legislaturas anteriores y, mientras esperamos, oí que los Cámaras se quejaban de que los retratos, recubiertos  de cristales, iban a dificultar las grabaciones. Sugerí que podíamos utilizar unos pequeños encendedores –entonces muy de moda-- con los que cambiaría la inclinación de las fotos y sus reflejos.
Se aceptó la sugerencia y, mientras la realizábamos, alguien comentó, bromeando: “Y si, ahora, al cambiar los cuadros ¿encontramos “escuchas”?.
Todo quedó en broma, pero a los tres días, los periódicos  informaban que habían sido detenidos cinco maleantes –puntualizaban que cubanos-- en el Watergate, en las oficinas del Partido Demócrata.
Volvimos a Madrid,se emitió el programa y Richard Nixon ganó las Elecciones, como se dice en el argot electoral “por avalancha”, que aquí, castizamente, se diría “por goleada”.

Algo dirían los maleantes que animó a dos reporteros de “The Washington Post” – Bob Worward y Carl Werstein”-- a investigar. Y entre el trabajo de los periodistas y la colaboración espontánea de un “Garganta Profunda” --cuya identidad se supo, pero no se reveló-- Richard Nixon, a quien de pequeño le llamaban “Tricky Dicky”, el tramposo Ricardito, quedó atrapado y, aunque seguía negándolo, el 5 de agosto de 1974, se veía obligado a abandonar la Casa Blanca en helicóptero bajo la acusación de “impeachment”, la única que se ha incoado desde la creación de Estados Unidos.

Pues, ahora, cuando Bob Bobward tiene 72 años, un antiguo ayudante de Nixon, llamado Alexander Butterfield, quien, en su momento, se llevó 40 cajas de su “Jefe”, para sustraerlas al peligro que corrían, las ha puesto en manos del hombre que, con Werstein, escribió el famoso libro “Todos los hombres del Presidente”. Y, en un segundo libro, no ha mejorado la opinión sobre Nixon: “Mintió sobre la Guerra de Vietnam”. “Era unn criminal dispuesto a hacer cualquier cosa para la reelección”. Tenia un carácter obsesivo, deshonesto y fue capaz de intentar proponer una investigación de la CIA por haber descubierto que una empleada de la Casa Blanca guardaba una fotografía de Jonh Fitzgerald Kennedy.
“Esto nos debe servir—dice Woorward-- para pensar a quién elegimos, para el futuro”.

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