Gema

25 de abril de 2021

Todo comienza en aquel patio del Liceo francés en la Ciudad Condal, cuando la protagonista era todavía una niña. Ahí se encontró con su amiga Gema, semanas antes de que esta falleciera. No supo ver la muerte en sus ojos. ¿Quién es capaz de encontrarse con la muerte cara a cara?, más tratándose de una adolescente. "Son lo último que se muere, los ojos".

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Fue lo único que vio de Gema aquella tarde, su mirada ausente. Años más tarde, son los ojos de la protagonista quienes remueven el recuerdo de su amiga, ahí, en ese mismo patio.
“Para mí Gema siempre ha sido el nombre de una muerta”. Para empezar así un libro hay que coger aire para exhalar verdades y tener una valentía bien puesta. Si el lector ya conoce el gran éxito de Milena Busquets (Barcelona, 1972), También esto pasará –una novela autobiográfica de duelo, tras la muerte de su madre– quizás se piense que este tercer libro también vaya a ser algo parecido. Gema, una muerta, superación tras la pérdida... No se equivoque. Gema, amiga del colegio de Busquets, sí murió de leucemia con 15 años y el libro pretende rendirle homenaje.
Pero, Gema es también cebo para el lector. Hasta aproximadamente la página 70 –de una novela de 150– el personaje es un blando anzuelo que sirve para mantener la atención de un lector desesperado por encontrar su propia catarsis. Gema es estímulo para tratar la muerte y la memoria que todo lo oxida, como las partes hundidas de un barco en el fondo del mar. Mientras tanto, la protagonista, perdida en los recuerdos de su amiga de la infancia, flota en la superficie de una vida monótona y absurda. Incomprendida por sus hijos, insegura en su relación amorosa con Bruno, incómoda con sus amistades e incapaz de realizar su trabajo, se pierde en una tormenta de inestabilidad constante.

“La libertad es un don, como la belleza o el talento, casi nunca se conquista”. De libertad sabe mucho Milena Busquets. Con su estilo frívolo, con mezcla de humor punzante y una naturalidad astuta, se toma la autonomía de desafiar al lector. Algunas escenas parecen un auténtico guion de Woody Allen. Tampoco es que le haga falta conquistar a nadie. Antes de sacar la espada, ella ya ha disparado varias veces. Su inteligencia se refleja en la frivolidad de sus palabras que distancia el corazón y acerca la razón. Todo resulta liviano y casi intrascendente; como si la vida misma importara poco. Sin embargo, Busquets no pide compasión ni lágrimas de cocodrilo. Tampoco empatía.
Ella huye de la visión dramática; la única finalidad es contar su verdad; guste o no. O te consigue camelar o la rechazas para siempre. Su literatura no es gris; sino blanca o negra.  Su forma de narrar tiene algún parecido con Juan Vilá, quien le da una vuelta a todo lo que la mente espera de un escritor: se sale totalmente de la novela inofensiva y cómoda.
Gema hay que leerla –y vivirla– de un tirón. No vale alargarla, porque de tan corta que es, se dilata en el tiempo. Su desnudez, sin artificios, invita a una cierta intimidad pues por momentos uno tiene la sensación no de estar leyéndose un libro, sino de encontrarse en una terraza en el barrio del Born, con Busquets al lado contando la historia de su amiga. En su libro no hay héroes ni villanos; es únicamente la descripción de un amor que, igual que nace, muere.

Gema
Milena Busquets
Ed. Anagrama. 2021

 

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