Una mujer no muere jamás

23 de mayo de 2021

Una mujer no muere jamás es el título que cobra vida a la historia de dos mujeres que, sin compartir época, tienen mucho en común. En este libro Elisa Beni (Logroño, 1964) emprende un viaje hacia la sociedad franquista, donde el poder emanaba del hombre, donde la independencia femenina era tan solo un espejismo. 

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Lara es una joven periodista que busca el sentido a una muerte en soledad entre las cuatro paredes en las que ella reside. Una investigación que devuelve la vida de tantas mujeres y, sobre todo, le acaba dando más sentido a la suya. Dos historias en paralelo, tan viva una y tan viva otra, porque nadie muere en el recuerdo. 
La sociedad de los cuidados llevó a una mujer supeditada, pero también a una revolución posterior que liberó sus ataduras. Divagar por las páginas de Una mujer no muere jamás supone encontrar el sentido de una lucha colectiva. La novela transporta a un hecho necesario: sororidad. Entre sus líneas pueden contemplarse nombres de mujeres que retumban, que gritan libertad. Son mujeres que batallan contra hombres con fiel deseo de ser merecedores de sus vidas, pero no lo son. 
La culpa divaga tras la figura de Maixabel sin ser merecedora de esto. La joven se ve envuelta en el desprecio familiar, en la ausencia de todo poder sobre sí misma y el miedo a ser quien realmente es. La opresión masculina acaba siendo fuente de su dependencia futura. La necesidad que desprende, en cambio, no es más que la de enloquecer consigo misma hasta conseguir la autosuficiencia que tanto ansiaba y no dejaban relucir. Lara, por su parte, busca explicaciones y sentido a esa historia y a ese fin. Hasta encontrarse con un testimonio que le proporciona un amor hacia una mujer que le acompañará toda la vida. Una mujer que le dará las directrices de cuanto queda por trabajar. 

El reflejo de la soledad y la llegada de la vejez también es temor de sus protagonistas. Los hechos, en parte, son narrados en una ciudad que tiene mucho de compañía, pero cuenta con tintes de temor. Un temor que azota a lo desconocido en una gran ciudad como es la capital. Una ciudad que, sin duda, les ha enseñado a volar libres. La metrópoli se cubre de rostros femeninos que no han tenido temor a perderse porque buscaban volver a encontrarse. 
Es el perfecto relato de una valentía que no se esconde tras la hebilla de un cinturón, ni tras un alto poder adquisitivo. Porque para ellas nada tiene que ver con la superficialidad varonil, más bien tiene más de enloquecer, amar, aprender y perder el miedo que las persigue y las acorrala. Tras los dos relatos que confluyen se esconde lo mucho que agradecer y lo tanto que queda por hacer, generación tras generación. 

Una mujer no muere jamás 
Elisa Beni 
Roca Editorial de libros 
Páginas: 348

 

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