Quasi una fantasia

15 de agosto de 2021

Andrés Trapiello publica un nuevo volumen de diarios, correspondiente al año 2009. Los seguidores de estos libros encontrarán la misma finura de observación, el mismo humor atemperado que en anteriores entregas. El nuevo lector recibe la mejor noticia: disfrutará enormemente subiéndose ahora a este gran tren literario en marcha.

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Hace ya algunos meses salió a la luz Quasi una fantasía, el vigesimotercer (sí, 23) tomo de diarios del escritor leonés Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953). Cada volumen corresponde a un año del autor —en este caso 2009— y, toda esa colección de libros queda agrupada en el hermoso y significativo título de “Salón de pasos perdidos”. El “Salón” constituye, sin duda, uno de los más interesantes proyectos de la literatura del último medio siglo. En esta ocasión el tomo sale bajo el sello “Ediciones del arrabal”, empresa familiar fundada precisamente para la publicación de estos libros. Hasta en esto se parecen los Trapiello —porque ya se puede hablar de ellos así— a los Baroja.

Estos diarios son, en su concepto, una singularidad. Digamos que no hay nada parecido en nuestra literatura porque a diferencia de algunas sagas, series de diarios o memorias —pensemos en Anthony Powell y su maravillosa Una danza para la música del tiempo o en las barojianas Desde la última vuelta del camino— estos no tienen una trabazón, un principio y un fin, una meta en el relato. Ni siquiera están cerrados para que podamos decir: “los diarios de Trapiello eran esto”. No tiene este escritor la cuquería de armar una historia conductora a cada volumen o de buscar un propósito, como es lo frecuente en esa clase de textos (véase, por ejemplo, la crítica que en estas mismas páginas se publicó a propósito de los diarios de Valentí Puig).

Trapiello no interpreta lo que ha pasado de acuerdo con una trayectoria. El guion es la vida misma, con sus íntimas decepciones, sus facturas a fin de mes y las alegrías más inesperadas. Los volúmenes se acaban empastando todos ellos en un único plano, como si constituyeran el recuerdo borroso de una noche alcohólica: uno puede preguntarse “¿esto en qué tomo se contaba?” y, si tiene verdadero interés, deberá buscar entre las más de doce mil páginas. Ahí hemos visto a su mujer empezar y terminar los estudios de filosofía, hemos leído la muerte de Ramón Gaya, algunas discusiones tremendas, la gestación de algunos de sus libros, las conversaciones con los mendigos de las Salesas. Y páginas asombrosas en Las Viñas, la finca de Cáceres en la que, por ejemplo, acompañamos a los Trapiello cada Navidad. Todos tienen páginas cómicas. Encuentros. Personas que le confunden, que equivocan su nombre, que le atribuyen libros que nunca ha escrito. La constatación —que tiene algo de pose— de no formar parte del club de las almendritas saladas... Hay un certeza de fondo, la de saber que siempre será un solitario y, hasta cierto punto, un incomprendido por inclasificable.

¿Qué debemos decir de Quasi una fantasia? Que recoge un año en el que este escritor hace viajes —“vida de feriante”— debido a una intensa agenda cultural; que fue el año en que se tradujeron obras suyas al francés y en el que publicó la novela Los confines… Pero, por encima de todo, Trapiello ha conseguido que estos diarios suenen... a sus diarios. Es la mejor naturalidad de la prosa; es seda, terciopelo. Melancolía por un lado, cierto desengaño del mundo por el otro, con un punto escéptico —un encogimiento de hombros— que es, al cabo, la sal que todo lo conserva. Hay veces que uno se abandona a su lectura y... casi da igual que lo que esté contando sea algo perfectamente pequeño o prescindible. No se puede evitar entrar en el ritmo de esa prosa tranquila, de una frase que lleva a la otra, como si en lugar de leer uno fuera mecido por el mar, o estuviera frente al crepitar de la lumbre. Sin que falte una palabra, sin que haya una palabra de más. Ahí no hay ningún lucimiento. Hay un léxico de traje gris que se adereza, de cuando en cuando, con un exotismo inesperado. El lector debe saber que comenzar con cualquiera de estos volúmenes es como descorchar una botella de un champán ligerísimo: una vez comenzada es imposible no acabarla.

Quasi una fantasia
Andrés Trapiello. 
Ediciones del arrabal. 2021

 

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