Salgado bucea en las interioridades de apellidos famosos

Hasta que la herencia nos separe

26 de octubre de 2012

Cada familia, cada herencia, tiene su propio ADN hereditario. Y cuando hay herencias por medio, los parentescos familiares desaparecen, los sentimientos se remueven y padres, hijos, hermanos y adláteres sacan lo peor de sí mismos para llevarse cuanto más mejor de la tarta. No son solo historias de dinero, sino de amor y desamor, de duelos entre hermanos, de celos y traiciones, de quién ocupa qué lugar en la jerarquía familiar.

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 Como no podía ser menos, las administraciones públicas y privadas, y también la Iglesia, se suman litigando por herencias a las que creen que tienen derecho. Y a todos ellos se añade la existencia en España de la figura legal de los caza-herencias, personas que se dedican a husmear en aquellos patrimonios sin herederos para, tras comunicárselo a la Hacienda Pública, recibir una recompensa del 10 % del valor de lo revelado.

Aparte de introducirnos de manera amena y precisa en el proceloso mundo de las herencias, este libro repasa los casos más importantes de litigios familiares en los últimos tiempos, como por ejemplo:

€ ¿Hasta qué punto los hijos pueden decirle al peluquero Lluis Llongueras: «Papá, estás despedido» de la empresa que fundó?
€ ¿Puede la «duquesa roja» desheredar a sus hijos y dejar todo en manos de su viuda?
€ ¿Es posible reclamar una herencia mediante esquelas en distintos periódicos como hicieron los herederos del empresario Luis García Cereceda, que controló los hilos de la política madrileña y nacional hasta su muerte?
€ ¿Por qué Juana Pilar Cebrián fue declarada heredera universal del patrimonio de Encarna Sánchez?
€ ¿Es el ADN fiable para decidir el destino de una herencia como lo fue en el caso del marqués de Larios?
Todo lo anteriormente expuesto tiene un denominador común: la herencia. Y todo es posible porque a fin de cuentas, como dicen los expertos: «Una herencia sin problemas no es herencia, sino milagro».

            LOS CASOS DEL LIBRO


Entre padres e hijos
David Álvarez Díez. Cinco hijos contra el padre
Del Pino. La ordenada herencia de Ferrovial
Entrecanales. El reparto de la acción
Familia Gullón. Cuestión de galletas
Inditex. Reparto parcial en vida
Lluís Llongueras. Papá, estás despedido
Rumasa. La colmena sin reinas
Thyssen. Duelo de barones

Duelo entre hermanos


Juan Asensio. Una herencia de cine
Severiano Ballesteros. Los palos de la herencia
Grupo Borges. El aliño de los hermanos Pont
Calvo. Los herederos al fin lo tienen claro
Capó Mateu, hermanos, 180 millones de euros en juego
Cortefiel. Un traje para cien herederos
Cuétara. Reparto de galletas
Churruca. Duelo fratricida por la marca de las pipas
Los hermanos Domínguez. La arruga de la herencia
Los hermanos Lao reparten juego

El amor y el desamor


Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura. El legado de la «duquesa roja»
Matías Colsada. Del reinado de la revista al vodevil de la herencia
Fernández Fermoselle. Duelo entre bufetes
Luis García Cereceda. Guerra de esquelas por la herencia
Encarna Sánchez. Heredera inesperada
Herencias por admiración, simpatía y el ADN
Príncipes de Asturias. La herencia endemoniada
Santiago Dexeus. La trampa de la amistad
José Antonio Larios Franco. El ADN de la herencia

Herencias divinas. De acá para el más allá


Marqués de Molins. La herencia en manos del confesor
Antonio Maura. Los biznietos contra el arzobispo
Julia Prada Tortuero. Legado al Opus Dei
Cuando mandan los sentimientos
Francisco Almendros. Siete años de pleitos por un Ford Fiesta
Antonio Bautista Jiménez y los pobres del Ayuntamiento de Canena
Juan Rodríguez Fleitas. Legalidad constitucional

Con las herencias,  - dice Salgado, autor del libro- mientras no llega el momento, el perfil familiar y socioeconómico de las grandes y pequeñas herencias es parecido, pero cuando cae la fatalidad del reparto cada una es distinta. No hay dos iguales. Cada familia, cada herencia, tiene su propio ADN.
Padres que desheredan a sus hijos porque creen que solo piensan en cómo dilapidar el patrimonio familiar tras una o más generaciones de sacrificios; hermanos que dejan de hablarse tras la muerte de sus progenitores por unos miles, a veces millones de millones de euros; empresas familiares que dejan de serlo; personas que testan a favor de su animal de compañía; mujeres que «manipulan» a sus maridos para quedarse con el patrimonio de sus suegros y cuñados. Y como no podía ser menos, las administraciones públicas y privadas tampoco se libran de estos manejos. Ni siquiera la Iglesia, quelitiga como los demás en las distintas instancias judiciales por herencias que al menos aparentemente se han quedado huérfanas tras el fallecimiento de sus legatarios.
Y a todos ellos se suma en España la figura legal de los cazaherencias, personas que se dedican a husmear en aquellos patrimonios sin herederos para, tras comunicárselo a Hacienda, recibir una recompensa del 10 por ciento del valor de lo revelado.
Todos ellos forman parte de la realidad cotidiana española tejida en torno al mundo de las herencias, cuyo relieve va en aumento a medida que crecen el volumen de la heredad a repartir y la reputación del hacendado. Se trata de un episodio en la vida familiar tan indeseado como temido, al que se acercan como a panal de rica miel, para sacar tajada, no solo los herederos legítimos sino también los despachos de abogados, las notarías y las instituciones públicas y privadas. Y por encima de todos, por supuesto, el Erario público, cuya sombra planea sobre todas ellas con la seguridad de que es el único que tiene garantizado sacar tajada, eso sí, legal.
La realidad en todo el mundo es que cuando hay herencias de por medio los parentescos familiares desaparecen y padres, hijos, hermanos y adláteres sacan lo más ruin de sí mismos para llevarse cuanto más mejor de la tarta hereditaria.
A veces, no es frecuente, a los herederos litigantes les sorprenden herencias que acarrean deudas o el descubrimiento de que no están entre los elegidos. Si hay testamento de por medio hay que asumir ambas situaciones. O renunciar previamente. Ser declarado heredero vía testamentaria también tiene sus riesgos.

En España, cuando de herencia se trata, hay un factor que desempeña un papel esencial: el testamento. Un simple papel, no muy caro, que no entraña gran dificultad a la hora de redactarlo, ya que su elaboración y contenido queda en manos del notario, e incluso del propio legador, pero que gran parte de la población española se resiste a hacer. Testar en vida aún significa reconocer social y personalmente nuestro breve futuro y en cierta medida presentir que se avecina el fallecimiento del testamentario. Es como proclamar una muerte en vida, acotar nuestra existencia, algo que a todos nos cuesta asumir.
Estas son algunas de las herencias más sonadas, por distintas circunstancias, no hay dos iguales, registradas en los últimos decenios en España.
Heredar en España
Hay pocas familias que no tengan una triste historia de estas para contar: hermanos que se declararon la guerra en nombre de lo que les correspondía después de la muerte de los padres; hijos que enloquecen cuando alguno de sus padres vuelve a formar pareja y corren el riesgo de que quiera incluirla en el reparto de bienes; familias que se rompen cuando nueras y yernos meten baza para defender su tajada. No importa si el botín es una herencia millonaria o un capricho sentimental.
Según abogados expertos en Derecho de Familia y psicólogos especializados en vínculos familiares, los conflictos por el reparto de bienes ocupan el número uno en el podio de los choques en las familias.
Hay familias que, a partir de la muerte de un pariente al que heredan, quedan distanciadas para siempre. Porque en realidad no están peleando solo por el dinero; en esa lucha es donde se libran las batallas de poder, del pedigrí familiar, de la saga, según el lugar que cada uno ocupó en la familia históricamente, lugar que quiere seguir manteniendo para transmitírselo a sus hijos.
Diríamos que es la imposición genética de unos sobre los otros. Las peleas por una herencia rara vez se superan, y la pugna no es realmente por el presente, sino por el pasado y para afianzarse en el futuro como líder del clan.

Hasta que la  herencia nos separe
Conflictos, pasiones y vendettas:
los Ruiz Mateos, Llongueras, Thyssen, Entrecanales y otras fortunas familiares de España
Jesús Salgado
La Esfera de los libros


Jesús Salgado (Fradelo-Viana do Bolo, Ourense, 1953) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como director de Comunicación de la naviera Trasmediterránea y ha sido corresponsal-delegado de La Voz de Galicia en Madrid. En 1986 participó en las primeras tertulias de TVE-1, en el espacio La España de las autonomías. En 1995 se incorporó a Unedisa para poner en marcha la edición de El Mundo Galicia. Entre 1998 y 2000 fue corresponsal delegado de la agencia de noticias Colpisa (Grupo Vocento) en Galicia. Desde 2000 hasta 2008 fue director de Comunicación del grupo de ingeniería y construcción Isolux Corsan. Actualmente es consultor senior en Hispaniaservice (Grupo Soil).


 

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