A la progresía le gustan los titulares periodísticos

14 de mayo de 2021

Estos días los periódicos se hacen eco del décimo aniversario de la llamada revolución de las plazas que aparentemente y según sostienen unos pocos,  revoluciono la sociedad con el lema "no somos mercancía en manos de políticos y banqueros". Fruto de ese movimiento es el actual gobierno socialista, ya que gobierna gracias al apoyo de los protagonistas e aquello.

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Pero, ¿qué queda de aquello? La verdad que poco o nada, entre otras cosas porque los que de alguna manera estaban en aquellos encierros al aire libre y de alguna manera los manejaban han dejado las tiendas “quechua” y las han cambiado por chalés y poltronas destratan de disfrutar de las bondades que criticaban y de las que abominaban como defectos llamados a extinguir.

Ahora bien han sabido manejar como pocos los medios de comunicación y desde sus distintos puntos de trabajo mantienen el fuego sagrado de esa progresía juvenil e inmadura sin importarles las consecuencias de du actos y hoy dicen blanco y mañana negro con una desfachatez impropia de quien tiene y ha asumido responsabilidades. 
Hoy mismo, toda una vicepresidenta y ministra de Trabajo ha criticado la política de RR HH de dos grandes bancos, cuando hace poco desde el Gobierno se aplaudía la fusión de Bankia y CaixaBank como una acción a imitar por otras entidades. 
¿En que quedamos, fusión si o no? Y si es que si, ¿no sabían que ello necesariamente conllevaba una reducción de plantillas por duplicidad?
Con sus criticas de niñato enfadado consigien eso si el titular correspondiente y el exito momentaneo entre los amiguetes. Poco mas.

Las decisiones cuando se toman siempre tienen consecuencias, pero su inmadurez, el complejo de Peter Pan que llevan encima, les hace creer que esas cosas a ellos noles pueden pasar, que sin infalibles e incombustibles y que sus ideas no pasaran.

Simplemente deberían de mirarse a un espejo y toda esas tonterías y complejos juveniles desaparecerían. Quizá en eso momentos fuesen socialmente aprovechables. 
Mientras tanto  no dejan de ser unos simples advenedizos del tres al cuarto que solo desean medrar como otros muchos que por sus poltronas pasaron.

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