Los factores detrás de la subida del precio del gas

15 de octubre de 2021

El fuerte aumento de los precios del gas y la electricidad en Europa son resultado de múltiples factores, pero siempre reflejo de las dinámicas de la oferta y la demanda en los mercados globales de la energía. Las tensiones actuales son un recordatorio de que la seguridad de suministro es un asunto clave para los mercados gasistas, solo un año después de una caída récord de la demanda y de unos mercados saturados por la oferta disponible.

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El factor principal es que la coyuntura actual responde a la combinación de una fuerte recuperación de la actividad económica y, por tanto, de la demanda de energía, y una oferta menor de lo esperada, junto a factores climatológicos de gran relevancia que han tenido lugar durante todo este 2021.
Primero, recordemos el frío y largo invierno en Europa (en España los estragos de Filomena), y una disponibilidad de energía renovable más baja de lo habitual. En paralelo, la ola polar que afectó al este
de Asia y América del Norte también en el primer trimestre de 2021, seguidas por las olas de calor en Asia durante el verano y las sequías en varias regiones del planeta, incluido Brasil.
A todos estos acontecimientos climatológicos se sumó la fuerte tendencia alcista de la demanda de gas, particularmente, en Asia, que se ha mantenido robusta durante todo el año, impulsada principalmente por China, pero también por Japón y Corea.
Por el lado de la oferta, la producción de gas natural licuado (GNL) en todo el mundo ha sido menor de lo esperado debido a una serie de interrupciones y retrasos no planificados en diversos proyectos y a
trabajos de mantenimiento necesarios que fueron retrasados en 2020 como consecuencia de las restricciones impuestas por la pandemia de la COVID-19.
Además, los niveles de almacenamiento de gas en Europa están por debajo de su promedio de cinco años, pero no muy por debajo de sus mínimos de cinco años anteriores, que se alcanzaron en 2017, según señala la Agencia Internacional de la Energía (AIE). En esa misma línea, según datos de la Gas Infrastructure Europe (GIE), los niveles en Europa, incluido el Reino Unido, estaban a finales de septiembre alrededor de un 72% comparado con un 85% en el promedio de los últimos diez años.
Por otro lado, Rusia estaría cumpliendo sus compromisos a largo plazo con los países europeos, pero sus exportaciones a Europa están por debajo de su nivel de 2019. No son pocos los que creen que Rusia podría hacer más para aumentar la disponibilidad de gas en Europa y garantizar que los
almacenamientos se llenaran hasta alcanzar niveles adecuados en preparación para la próxima temporada de calefacción invernal. Esta también sería una oportunidad para que Rusia mostrara sus credenciales como proveedor confiable para el mercado europeo. Veremos qué efectos tienen en el medio plazo las declaraciones del presidente Putin sobre la posibilidad de aumentar “con cuidado” su oferta de gas, así como la potencial entrada en operación del gasoducto Nord Stream 2.
Los precios europeos de la electricidad han subido a sus niveles más altos en más de una década en el último mes. En Alemania y España, por ejemplo, los precios en septiembre han sido alrededor de tres o cuatro veces los promedios observados en 2019 y 2020. Este aumento ha sido impulsado no solo por el aumento de los precios del gas, sino también por los del carbón y los derechos de emisión de CO2. Estos últimos han pasado de un valor de 25 €/tnCO2eq en enero de 2020 a unos 60 €/tnCO2eq
en la actualidad.

El fuerte aumento de los precios del gas ha provocado también que algunos generadores de electricidad en varios mercados europeos sustituyan el gas por el carbón para la producción de energía, con el impacto que tiene sobre el incremento de las emisiones, una tendencia que habría sido más pronunciada si no hubiera sido por el aumento también de los precios de los derechos de CO2.
La AIE señalaba recientemente que la situación actual es un recordatorio para los gobiernos y reguladores, cuando buscamos acelerar las transiciones de energía limpia, de la importancia de un suministro de energía seguro y asequible, en particular para las personas más vulnerables de nuestras
sociedades. La combinación de un modelo energético de futuro dominado por fuentes de energía intermitente (como las renovables tradicionales, sol y viento) y de una demanda condicionada por una meteorología extrema está llamada a generar situaciones coyunturales de gran estrés y volatilidad.
Este será el caso en países con grandes variaciones estacionales en la demanda de electricidad. En España, el propio Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) reconoce la necesidad de
mantener en el horizonte 2030 una potencia de generación eléctrica a gas similar a la disponible en la actualidad (26 GW). Señal inequívoca de su papel clave para seguir ofreciendo firmeza y seguridad al sistema eléctrico nacional.
En definitiva, los vínculos entre los mercados de la electricidad y el gas no desaparecerán pronto. El gas seguirá siendo clave para equilibrar los mercados de la electricidad en muchas regiones del mundo.
A medida que avanzan las transiciones de energía limpia en un camino hacia las cero emisiones netas, la demanda global de gas comenzará a disminuir, siendo sustituido por los gases renovables que permitirán la descarbonización del sistema gasista, pero seguirá siendo un componente trascendental de la seguridad eléctrica en la senda hacia la descarbonización completa de nuestros sistemas económicos hacia la mitad del presente siglo.

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