El zar enrabietado

27 de febrero de 2022

La reacción de Putin de amenazar con una guerra nuclear no deja de ser una broma de mal gusto de difícil realización, pero que no deja de ser una posibilidad para una mente enfermiza como la del líder ruso que no admite, ni el fracaso ni que se le lleve la contraria.

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Pero su afán expansionista ha tropezado con un pueblo cabezota y correoso, liderado por un joven ex cómico que no tiene porque cerrar los ojos y obedecer ciegamente a alguien que solo intenta deshacer el camino andado por ese pueblo en busca de un régimen de libertades en el que crear una nación moderna ligada a la comunidad europea y al mundo occidental y no a la vieja y caduca Rusia.
Además, y en contra de sus cálculos la comunidad occidental ha actuado de forma imprevista uniendo sus esfuerzos y agrupándose en torno loa ucranianos.

De esa manera, las fuerzas invasoras rusas se han encontrado con una resistencia insospechada y de lo que Putin y sus militares esperaban que fuese un paseo triunfal de 24/48 horas se ha convertido en un asedio en toda regla que nadie sabe cuanto puede durar y que ha retratado la figura del zar ruso en toda su oscura dimensión.

En este contexto puede que la expansión se queda en regresión y en reforzamiento de los lazos fundacionales e la OTAN que adema redundaran en nuevos asociados, cerrándole el paso, definitivamente, a los rusos.
No es el camino mas fácil, pero si empieza a ser la probabilidad que Putin nunca hubiese querido que llegase, tan siquiera a intuirse como solución final.

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